Un niño que resuelve sudokus de seis por seis está a un paso del de nueve,
y ese paso tiene un contenido concreto que conviene nombrar: aparece una
tercera restricción.
En el de cuatro y en el de seis, la fila y la columna casi bastan. En el
de nueve hay además el cuadro de tres por tres, y muchas casillas solo se
deciden mirando el cuadro. Aprender a mirar los tres a la vez es todo el
salto. La lógica base es la misma que la de Sudoku para niños, donde se descarta lo
que ya está en la fila y en la columna.
Mirar por número, no por casilla
La técnica que hay que enseñar, y que casi nadie descubre solo, es
cambiar el punto de vista. En vez de mirar una casilla vacía y preguntarse
qué va ahí —que obliga a comprobar nueve candidatos—, se elige un número y se
busca dónde puede ir.
Se coge el número que más veces ya está puesto en el tablero, por ejemplo
el siete. Se mira cuadro por cuadro: en este cuadro, ¿dónde puede ir el
siete? Las filas y columnas que ya tienen un siete quedan descartadas, y a
menudo solo queda una casilla libre. Ahí va.
Ese método —barrer un número por todos los cuadros— resuelve la mayor
parte de un sudoku fácil sin necesidad de anotar candidatos, y es
perfectamente accesible a los nueve años. Lo difícil no es la lógica: es
acordarse de mirar así en vez de casilla por casilla.
El lápiz y las anotaciones
Cuando el barrido por números se agota, llega el momento de anotar
candidatos: escribir pequeñitos en cada casilla vacía los números que todavía
podrían ir.
Es una técnica potente y conviene no introducirla demasiado pronto.
Anotar candidatos en un tablero entero lleva diez minutos y es aburrido; si
el niño llega a eso antes de dominar el barrido, asocia el sudoku a un
trabajo pesado.
La versión intermedia que funciona: anotar candidatos solo en el cuadro
donde uno se ha atascado, no en todo el tablero. Tres o cuatro casillas, y
casi siempre basta para desatascar.
Cuántas pistas y qué significa «fácil»
Un sudoku de nueve por nueve con cuarenta números dados es fácil: se
resuelve casi entero barriendo números. Con treinta y dos ya hace falta anotar
candidatos en algún momento. Por debajo de treinta empiezan las técnicas que
no son para esta edad.
Nuestras hojas empiezan en cuarenta y bajan hasta treinta y dos, que es el
recorrido razonable para un primer año con el tablero grande. Conviene no
saltarse los fáciles por parecer poca cosa: son los que instalan el método, y
el método es lo que después permite con los otros.
Y todos tienen solución única garantizada, que no es un detalle menor: en
un sudoku con dos soluciones un niño puede razonar bien, llegar a un tablero
lleno distinto del previsto y creer que se ha equivocado.
Un tablero por sesión
Un sudoku de nueve lleva entre veinte y cuarenta minutos las primeras
veces. Es mucho tiempo de concentración continua, y encadenar dos no sale
bien casi nunca.
Se puede dejar a medias y retomar, que es una de sus ventajas: el tablero
guarda el estado. Conviene entonces marcar con lápiz de otro color por dónde
se iba, o al volver se pierden diez minutos reconstruyendo lo ya deducido.
Qué hacer cuando hay un error
Pasa, y es el momento más delicado. Si en algún punto aparece una
contradicción —dos sietes en la misma fila— el error puede estar veinte
movimientos atrás y no hay manera cómoda de encontrarlo.
La respuesta honesta es que a veces hay que empezar de nuevo, y conviene
avisar antes de que ocurra para que no se viva como un desastre. También
conviene la prevención: comprobar cada número antes de escribirlo mirando su
fila, su columna y su cuadro, en ese orden y siempre.
Ese hábito de comprobar antes de escribir es probablemente lo más
transferible del sudoku, y va bastante más allá del pasatiempo.
Qué entrena, dicho con sobriedad
Deducción por descarte, atención sostenida y búsqueda sistemática en una
rejilla. No entrena cálculo: los números del sudoku son símbolos, y se podría
jugar igual con nueve dibujos.
Merece la pena decirlo porque a veces se vende como ejercicio de
matemáticas y no lo es. Su parentesco real está con los nonogramas y con los
cuadrados mágicos, del que hablamos en el
artículo sobre nonogramas: los tres piden encontrar por dónde entrar y
avanzar con certezas, no con probabilidades.
El sudoku del periódico
Hay un momento simbólico que merece la pena provocar: darle el sudoku del
periódico, el de verdad, el que hace un adulto. Muchos periódicos publican
uno fácil entre semana, y un niño que ya resuelve los de cuarenta pistas
puede con él.
El efecto de resolver «el de los mayores» es desproporcionado respecto al
esfuerzo, y funciona igual de bien que cualquier premio inventado. Es de las
pocas actividades escolares donde la versión adulta y la infantil son
literalmente la misma cosa.
Conviene, eso sí, mirar antes el nivel que anuncia. Un sudoku marcado como
difícil pide técnicas que no vienen al caso a los nueve años, y estrellarse
con uno de esos después de haber ido bien deja peor sabor del que compensa
cualquier lección.
De dos en dos, mejor que en solitario
Un sudoku a cuatro manos —un adulto y un niño, turnándose para colocar un
número y explicando por qué— es un formato excelente y poco usado.
Obliga a verbalizar el razonamiento, que es donde se ve si ha deducido o
ha probado. Y permite al adulto meter la técnica en el momento justo, sin
dar la respuesta: «yo voy a buscar dónde va el siete en este cuadro, mira».
Enseñar el método haciéndolo delante funciona mucho mejor que explicarlo
antes.
Además reparte la carga de un ejercicio largo, que a esta edad es la razón
más común de abandono: no la dificultad, la duración.
Cómo practicarlo jugando
Sudoku para niños trabaja la
lógica de descarte con dibujos y tableros de cuatro y de seis, que es el
camino previo al de nueve.
Busca la casilla entrena manejar
filas y columnas como dos datos que se cruzan. Y Tablas de Schulte mejora el barrido de
una rejilla, que es la mecánica que se repite cientos de veces en un
sudoku.
Qué imprimir
El Sudoku de nueve trae seis
tableros de dificultad creciente, de cuarenta pistas a treinta y dos, con las
soluciones al final.
Si el de seis todavía cuesta, el Sudoku de seis es el escalón
anterior, y el Sudoku de
figuras el primero de todos, sin cifras.
Lo esencial
- El salto al de nueve es el cuadro de tres por tres como tercera
restricción. Hay que mirar los tres a la vez.
- La técnica que hay que enseñar: elegir un número y buscar dónde puede ir
en cada cuadro, en vez de mirar casilla por casilla.
- Anotar candidatos solo en el cuadro atascado, no en todo el tablero:
anotarlo entero es un trabajo pesado que aleja del juego.
- Comprobar fila, columna y cuadro antes de escribir cada número. Es lo que
evita tener que empezar de cero.
- No entrena cálculo: los números son símbolos. Entrena deducción, atención
y búsqueda ordenada.