Un niño que resuelve sudokus de cuatro por cuatro sin fallar puede quedarse
parado ante uno de seis por seis. No es que sea más grande: es que ya no se
resuelve mirando.
En el de cuatro, casi siempre hay una casilla donde solo cabe un número y se
ve enseguida. En el de seis hay que descartar, y descartar es otra manera de
pensar.
Qué cambia con dos filas más
En un sudoku de cuatro hay cuatro números, cuatro filas y bloques de dos por dos. Cada casilla tiene tres vecinos por sitio, así que el que falta salta a la vista.
En uno de seis hay seis números y bloques de dos por tres, que ya no son cuadrados. Y para descartar en una casilla hay que mirar cinco números en tres sitios distintos: su fila, su columna y su bloque.
Ese salto —de comparar tres cosas a comparar cinco en tres direcciones— es el que cansa. No es dificultad de lógica: es cantidad de información a la vez.
El tipo de razonamiento de fondo es el mismo de Quién falta: ver qué elemento no está en un grupo que debería estar completo.
Los bloques que no son cuadrados
Es el detalle que más despista y que casi nunca se explica: en el sudoku de seis, los bloques son rectángulos de dos filas por tres columnas.
Un niño acostumbrado a los cuadrados de dos por dos sigue buscando cuadrados y comprueba mal.
La solución es visual y cuesta un minuto: repasar los bordes de los bloques con color antes de empezar. Con los seis bloques marcados, el error desaparece.
Y conviene comprobar que ha entendido la forma preguntándole que señale con el dedo un bloque entero antes de la primera jugada.
Las tres reglas, dichas de otra manera
En cada fila están todos los números una vez. Si falta el 4 en la fila, tiene que estar en alguna de sus casillas vacías.
En cada columna, igual.
En cada bloque, igual.
Dicho así —«están todos, una vez cada uno»— es más útil que «no se puede repetir», porque la primera versión permite buscar y la segunda solo prohibir.
Y esa diferencia se nota en cómo juega el niño: el que piensa en términos de lo que falta avanza; el que piensa en términos de lo que no puede repetir se queda mirando.
Las dos estrategias que hay que enseñar
Buscar dónde falta un número. Se elige un número, por ejemplo el 3, y se mira en qué filas y columnas ya está. Donde se cruzan las prohibiciones, aparece su sitio.
Buscar qué cabe en una casilla. Se elige una casilla y se descartan los números que ya están en su fila, su columna y su bloque. Si queda uno solo, ese es.
La primera es más rápida y conviene empezar por ella. La segunda es la que resuelve los casos difíciles.
Casi todo el trabajo de aprender el sudoku de seis consiste en tener las dos y saber cuándo cambiar de una a otra.
Las anotaciones, que aquí ya sirven
En el sudoku de cuatro no hacen falta. En el de seis empiezan a valer la pena y conviene enseñarlas.
En una casilla donde caben dos números, se escriben los dos pequeños en una esquina. Después, cuando una de las opciones se descarte por otro sitio, ya está resuelta sin volver a pensarlo todo.
Hay que enseñarlo despacio y con lápiz, y dejar claro que las anotaciones se borran cuando dejan de valer.
Es la primera vez que muchos niños escriben algo que no es la respuesta sino una ayuda para llegar a ella. Esa idea vale bastante más allá del sudoku.
Cómo hacer que no se atasque
El sudoku de seis tiene un problema práctico: si se atasca a mitad, la hoja se abandona y el niño se lleva la sensación de que no puede.
Lo que lo evita es empezar con muchos números puestos. Un sudoku de seis con veinte casillas ya rellenas se resuelve, y uno con doce puede bloquear.
Y conviene tener una regla dicha de antemano: si se atasca, se pide una pista. Una pista es un número colocado por el adulto, no la explicación entera.
Casi siempre con una basta para que la cadena vuelva a arrancar, y la hoja se termina, que es lo que importa.
Cuándo dar el salto
Cuando resuelva tres o cuatro sudokus de cuatro seguidos sin ayuda y sin cansarse. Antes de eso, el de seis solo enseña a rendirse.
En edad, eso suele caer hacia los siete u ocho años, pero varía bastante y la edad importa menos que la señal anterior — es lo mismo que se cuenta en Sudoku para niños.
Y hay un paso intermedio que ayuda: hacer sudokus de seis con figuras o colores en vez de números, igual que se hizo al principio del todo.
Ese camino —del color al número, y del cuatro al seis— está descrito en Del sudoku de colores al de números.
Qué se está entrenando en realidad
No es cálculo: en un sudoku no se suma nada y los números podrían ser letras.
Lo que se entrena es descartar sistemáticamente, comprobar antes de decidir y mantener varias condiciones a la vez en la cabeza.
Y una cosa más que no se suele nombrar: aguantar sin escribir. La tentación de poner un número «a ver si cuela» es fuerte, y aprender a comprobar antes es media partida.
Por eso conviene la regla del lápiz: solo se escribe cuando se puede explicar por qué. Y si se pregunta, hay que saber contestar.
El error que arruina la hoja
Hay un momento incómodo que conviene prever: el niño ha rellenado media
cuadrícula y llega a un punto donde no cabe ningún número.
Significa que hay un error antes, y encontrarlo es más difícil que resolver el
sudoku. La reacción normal es tirar la hoja.
Lo que lo arregla es haber escrito a lápiz y tener una manera de revisar: se
repasan las seis filas comprobando que no hay repetidos, después las columnas y
después los bloques. Casi siempre aparece en la primera pasada.
Y conviene enmarcarlo bien cuando pasa: un error que se encuentra es una
partida ganada, no una perdida. Esa revisión ordenada es probablemente lo más
útil que se aprende con el sudoku.
Cómo practicarlo jugando
Sudoku para niños es el camino de entrada, con tableros pequeños y comprobación inmediata.
Quién falta entrena ver qué elemento no está, que es la primera estrategia; Qué figura es, la atención al detalle.
Diez minutos como mucho. El sudoku cansa más de lo que parece.
Qué imprimir
Sudoku de seis va de tableros muy rellenos a otros con menos pistas, con los bloques marcados en trazo grueso para que la forma rectangular se vea sin explicarla.
Trae las soluciones aparte, para comprobar al final y no durante — comprobar a mitad quita la mitad del ejercicio.
Y conviene tener a mano alguno de cuatro por cuatro para los días en que no apetece pensar mucho.
Lo esencial
El sudoku de cuatro se resuelve mirando y el de seis obliga a descartar de verdad, comparando cinco números en tres sitios distintos. Los bloques rectangulares de dos por tres son lo que más despista y se arregla marcándolos con color antes de empezar. Hay dos estrategias que enseñar —buscar dónde falta un número y buscar qué cabe en una casilla— y las anotaciones a lápiz ya valen la pena. Se da el salto cuando resuelva varios de cuatro seguidos sin ayuda, no por edad.