Un niño que habla español desde que nació no duda entre el y la. Lo dice bien
sin haber aprendido ninguna regla, porque lo ha oído miles de veces.
Las dudas aparecen en dos sitios: cuando la palabra es nueva, y cuando toca
escribirla. Y ahí sí ayuda tener una regla, aunque sea una regla con agujeros.
La regla que sirve casi siempre
Las palabras que acaban en -o suelen ir con el, y las que acaban en -a con la. Libro, perro, cuaderno. Casa, silla, mesa.
Funciona el ochenta por ciento de las veces, que para una regla de lengua es mucho.
Y conviene que el niño la descubra en vez de dársela: se ponen doce palabras con su artículo y se le pide que mire. Sale en dos minutos.
Ese trabajo de encontrar lo común entre varios ejemplos es el de En una palabra, y aquí se aplica a la última letra.
Las que engañan
Son pocas y muy usadas, así que merecen aprenderse juntas y de memoria.
El, aunque acaben en -a: el mapa, el día, el problema, el planeta, el idioma, el sofá.
La, aunque acaben en -o: la mano, la foto, la moto, la radio.
Casi todas las de la primera lista vienen del griego, pero eso no hay que contarlo a los siete años. Lo que hay que hacer es verlas juntas varias veces.
Y algunas de la segunda lista son palabras cortadas: foto es fotografía y moto es motocicleta. Eso sí se entiende y explica el género de golpe.
Las que acaban en consonante
Aquí no hay regla ninguna y conviene decirlo claramente para que el niño no la busque.
El árbol, el papel, el reloj, el camión. La pared, la flor, la luz, la sal.
Lo único que vale es haberlas oído, y por eso a un niño castellanohablante casi nunca le fallan mientras habla.
Donde sí fallan es al escribir deprisa, y para eso el remedio es el mismo de siempre: leer en voz alta lo escrito.
El truco que resuelve todas
Decir la palabra con el artículo delante. «La mapa» suena mal, y ese «suena mal» es un instrumento fiable a los siete años.
Merece enseñarse como método, no como recurso: ante una duda, se prueban las dos y se elige la que no chirría.
Funciona porque el niño lleva años oyendo español y tiene la respuesta guardada aunque no sepa por qué.
Y tiene una ventaja añadida: le enseña que su propio oído es una herramienta, lo que le da bastante más autonomía que memorizar listas.
Para qué sirve además del artículo
El género no se queda en el y la: arrastra todo lo que va con la palabra.
«La casa blanca» y «el libro blanco». Si el género falla, falla también el adjetivo, y la frase entera queda mal.
Eso es lo que de verdad importa y es donde se ve el problema a los ocho años: no en el artículo suelto, sino en la concordancia.
Por eso conviene practicarlo dentro de frases y no con palabras aisladas, igual que pasa con los plurales.
Los oficios y los animales
Hay dos grupos que dan conversaciones útiles y conviene tratarlos con normalidad.
En los oficios, casi todos tienen las dos formas: el médico y la médica, el enfermero y la enfermera, el juez y la jueza. Y algunos son iguales en los dos: el pianista y la pianista.
En los animales, unos cambian la palabra entera —caballo y yegua, toro y vaca— y otros añaden «macho» y «hembra»: la jirafa macho.
Los dos casos enseñan lo mismo: el género de la palabra y el sexo del ser no son lo mismo, y hay palabras femeninas para cosas y masculinas para personas.
Cuándo aparece el problema de verdad
Con un niño que habla español en casa, casi nunca. Con uno que está aprendiendo español o que en casa habla otro idioma, todo el rato.
En ese caso el trabajo es distinto: no basta la regla, hace falta oír la palabra con su artículo muchas veces.
Lo que funciona ahí es no enseñar nunca la palabra suelta. No «casa», sino «la casa». El artículo forma parte de la palabra.
Y las listas de excepciones no sirven de nada hasta que la regla básica esté automática.
A qué edad
Cinco y seis años. Nada explícito. Solo hablar y corregir suavemente repitiendo bien.
Siete. La regla de la última letra, descubierta por él.
Ocho. Las excepciones frecuentes y las palabras acabadas en consonante.
Nueve. La concordancia con adjetivos en frases largas, que es donde se ven los fallos que quedan.
Lo que no funciona
Dar la lista de excepciones antes que la regla. La deshace justo cuando se está formando.
Explicar el origen de las palabras. Que «problema» venga del griego no ayuda nada a los ocho años.
Corregir sin repetir bien. Decir «no se dice así» no enseña; repetir la frase bien dicha, sí.
Trabajarlo con palabras sueltas. El género se nota en la frase, y practicar palabras aisladas deja fuera la parte que falla.
Las palabras que cambian de significado
Hay un puñado que significan una cosa con el y otra con la, y son de lo más
divertido del tema.
El cura y la cura. El capital y la capital. El cometa y la cometa. El orden y
la orden. El frente y la frente.
Con cinco o seis de estas se pueden hacer frases absurdas que dejan clarísimo
que el artículo no es un adorno: cambia lo que la palabra quiere decir.
Es además una buena manera de terminar el tema, porque responde a la pregunta
de fondo que un niño se hace: y esto para qué sirve.
Cuando la palabra empieza por a
Hay un caso que despista y que aparece pronto porque son palabras muy usadas:
«el agua», «el águila», «el aula».
Parecen masculinas y no lo son. Se dice «el agua» pero también «el agua está
fría», con el adjetivo en femenino, y en plural vuelve a aparecer: «las aguas».
La razón es de sonido: «la agua» sería incómodo de decir con dos aes seguidas,
así que se cambió el artículo y el resto se quedó igual.
No hace falta más explicación. Basta con avisar de que existen y de que no son
excepciones de género, sino de pronunciación.
Juntando todo lo anterior, el mapa completo del género cabe en cuatro filas:
Masculino y femenino en español: cuándo va el y cuándo va la
| Cómo es la palabra | Lo normal | Ejemplos | Las que engañan |
| Acaba en -o | masculina: el | el libro, el perro | la mano, la foto, la moto, la radio |
| Acaba en -a | femenina: la | la casa, la silla | el mapa, el día, el problema, el idioma |
| Acaba en consonante | no hay regla | el árbol, el papel, el reloj | la pared, la flor, la luz |
| Empieza por a tónica | femenina, pero con el | el agua fría, el águila | en plural vuelve la: las aguas |
Cómo practicarlo jugando
Clasifica en cestas entrena separar por criterios, que es la operación de la ficha.
En una palabra trabaja encontrar lo común, y Letra que falta el mirar la palabra letra a letra, que aquí importa porque la regla está en la última.
Cinco minutos. Y una duda resuelta al día diciéndola en voz alta.
Qué imprimir
El y la tiene una hoja con la regla de la última letra, otra con las que engañan y una tercera con las acabadas en consonante. Con soluciones.
Los plurales es el compañero natural: las dos cosas se juntan en cualquier frase y fallan juntas.
Y Completar frases para ver el género donde de verdad importa, que es dentro de una frase entera.
Lo esencial
La regla de la última letra —-o con el, -a con la— acierta el ochenta por ciento y conviene que el niño la descubra mirando ejemplos. Las excepciones son pocas y muy usadas: el mapa, el día, el problema, la mano, la foto. Con las acabadas en consonante no hay regla y solo vale haberlas oído. Y el método que resuelve casi todas es decir la palabra con el artículo delante: «la mapa» suena mal, y ese oído es fiable.