«Está en la C4.» Esa frase tiene una idea dentro que no es evidente: para
decir dónde está algo hacen falta dos datos, y ninguno de los dos vale por su
cuenta.
La C sola no dice nada. El 4 solo, tampoco. Juntos señalan una casilla y solo
una, y eso es lo que un niño de siete años tiene que llegar a ver.
Por qué merece la pena
Porque es la primera vez que dos datos se combinan para dar uno solo, y esa idea aparece después en todas partes: en un mapa, en una gráfica, en una hoja de cálculo, en cualquier tabla.
Porque obliga a un barrido ordenado —contar columnas y después filas— que es lo mismo que hace falta para no perderse en cualquier búsqueda. Es lo que entrena Encuentra el objeto.
Y porque se puede jugar. Casi ningún tema de este nivel tiene un juego de verdad detrás, y este tiene dos o tres.
Además el resultado se ve: si el dibujo sale, estaba bien; si sale con agujeros, hay una casilla mal contada.
El orden, que hay que fijar
En la mayoría de las cuadrículas escolares las columnas llevan letras y las filas números, y se dice primero la letra: C4 es columna C, fila 4.
Ese orden hay que decirlo y repetirlo, porque si se cambia a mitad de hoja el dibujo sale girado y no se entiende por qué.
Y conviene avisar de algo que despista: no todos los tableros lo hacen igual. En hundir la flota, por ejemplo, las letras suelen ir en las filas.
Lejos de ser un problema, eso es una buena lección: hay que mirar el tablero antes de empezar, no dar por hecho la costumbre.
Cómo se enseña la primera vez
Con el dedo y en voz alta. Se dice una casilla, el niño baja el dedo por la columna y lo mueve por la fila hasta cruzarse.
Ese movimiento en forma de L es lo que hay que automatizar, y sale en diez minutos si se hace señalando.
Después se hace al revés, que es más difícil: el adulto señala una casilla y el niño dice cuál es.
Y solo cuando eso salga se pasa al papel. Empezar coloreando una cuadrícula de cien casillas sin haber hecho esto produce mucho borrado.
Colorear por coordenadas, bien hecho
Es el ejercicio típico y tiene tres reglas que cambian el resultado.
Un color entero antes de pasar al siguiente. Ir saltando acaba en casillas repetidas y en huecos.
Señalar con el dedo antes de pintar. A los siete años el error casi nunca es de razonamiento: es haber contado una fila de más.
Tachar de la lista lo que ya se ha pintado. Las listas son largas y perder el sitio es lo más frecuente.
Y si el dibujo no sale, se compara con la solución por filas enteras, no casilla a casilla. Es mucho más rápido y enseña a revisar.
Los juegos que lo entrenan
Hundir la flota. El mejor de todos: hay que decir coordenadas y anotarlas, y equivocarse se paga perdiendo un turno.
El ajedrez y las damas. No hace falta jugar bien: basta con nombrar las casillas.
Adivinar la casilla. Uno piensa una casilla y el otro pregunta. Se juega en un papel cuadriculado y dura tres minutos.
El dictado en cuadrícula. Se dictan movimientos —dos a la derecha, tres abajo— y sale un dibujo. Es la versión sin coordenadas y el paso previo.
A qué edad
Cinco años. Filas y columnas sin nombres: «la de arriba», «la de la derecha». Es el paso previo, en Filas y columnas.
Seis. Cuadrículas de cinco por cinco con letras y números, señalando con el dedo.
Siete. Colorear por coordenadas en cuadrículas de diez por diez.
Ocho y nueve. Hundir la flota, y leer un mapa de verdad con su cuadrícula y su índice.
El mapa, que es el destino
Todo esto va a parar a un sitio concreto y conviene enseñarlo cuando el niño ya maneje la cuadrícula: un mapa de ciudad con su índice de calles.
Se busca una calle en la lista, viene con una referencia del tipo D3, y se va a esa casilla del mapa. Es exactamente lo mismo que ha estado haciendo con dibujos.
Y funciona muy bien hacerlo con un mapa del sitio donde se vive, buscando la calle de casa.
Ese momento —cuando el ejercicio de la hoja resulta servir para encontrar tu propia calle— es el que hace que el tema se recuerde.
Lo que estropea el ejercicio
Cuadrículas demasiado grandes al principio. Cien casillas con la lista larguísima cansan antes de que se aprenda nada.
No fijar el orden. Si un día es letra-número y otro al revés, no se automatiza nada.
Ayudar señalando. Si el adulto indica la casilla, el niño colorea y no cuenta.
Empezar por el papel. Diez minutos con el dedo sobre una cuadrícula dibujada a mano ahorran una tarde de borrones.
Con la cuadrícula de casa
No hace falta ficha para empezar: un papel cuadriculado y una regla dan una
cuadrícula en dos minutos, y hecha por el niño se entiende mejor.
Se dibuja un cuadrado de ocho por ocho, se ponen las letras arriba y los
números al lado, y ya hay tablero. Escribir las etiquetas es media lección,
porque hay que decidir dónde va cada cosa.
Con eso se puede jugar a esconder un tesoro: uno marca una casilla en su
papel y el otro va diciendo coordenadas hasta dar con ella, con pistas de «frío»
y «caliente».
Dura cinco minutos, no cuesta nada, y practica exactamente lo mismo que una
hoja de colorear pero por turnos y sin cansancio de mano.
Cuando el dibujo sale mal
Conviene tener previsto el momento en que la cuadrícula queda con agujeros,
porque es cuando se abandona la hoja.
Lo primero es no buscar el fallo casilla a casilla. Se compara una fila entera
con la solución y se ve enseguida si sobra o falta algo en esa fila.
Y casi siempre el error es de los mismos dos tipos: una fila contada de más
—muy común a partir de la sexta—, o una casilla de la lista saltada al perder el
sitio.
Los dos se arreglan con lo mismo: contar apoyando el dedo en el borde en vez
de en el aire, y tachar de la lista lo que ya se ha pintado. Dicho después del
error se recuerda mucho mejor que dicho antes.
Cómo practicarlo jugando
Dictado en cuadrícula trabaja moverse por una rejilla siguiendo instrucciones, que es el paso previo a nombrar casillas.
Encuentra el objeto entrena la búsqueda ordenada, y Colorea por números el seguir una clave sin perderse.
Cinco o diez minutos. Y una partida a hundir la flota, que vale por tres hojas.
Qué imprimir
Más colorear por coordenadas trae cuatro cuadrículas nuevas —gato, mariposa, mariquita y coche— con la lista por colores y las soluciones aparte.
Colorea por coordenadas fácil es por donde se empieza, con cuadrículas pequeñas.
Y Hundir la flota para usarlas de verdad, que es donde se automatizan.
Lo esencial
Una coordenada son dos datos que por separado no dicen nada y juntos señalan una casilla, y esa es la idea que hay que ver. El orden hay que fijarlo —columna y después fila— sabiendo que no todos los tableros lo hacen igual, y por eso hay que mirar antes de empezar. Se enseña con el dedo y en voz alta antes de tocar el papel. Y al colorear valen tres reglas: un color entero, señalar antes de pintar y tachar de la lista lo hecho.