«Colorea la casilla B3.» Suena a pasatiempo de contraportada y es una de las
operaciones mentales más útiles que aprende un niño en primaria: localizar algo
cruzando dos referencias que no son él mismo.
Es lo que hay debajo de leer un mapa, de encontrar la hora en un horario de
autobús, de jugar al ajedrez y de manejar una hoja de cálculo veinte años
después. Y empieza con un cuadro de colorear.
Por qué es más difícil de lo que parece
Hasta ahora, para un niño la posición de las cosas ha sido siempre relativa a
su propio cuerpo: a mi derecha, delante de mí, encima de la mesa. Eso funciona
mientras uno no se mueva.
Una cuadrícula cambia el sistema. La casilla B3 está en B3 mire quien mire y
desde donde mire. Es la primera vez que se usa una referencia externa y fija, y
ese salto es conceptual, no de dificultad.
El segundo obstáculo es que hay que sostener dos datos a la vez —la letra y
el número— y cruzarlos. Uno solo no dice nada: «B» es una columna entera, «3»
una fila entera, y la casilla solo existe donde se cortan.
La preparación directa es cualquier cosa que obligue a moverse por una
cuadrícula contando: Dictado en
cuadrícula pide «dos a la derecha, tres abajo» y con eso el niño se
acostumbra a la rejilla antes de que aparezcan las letras.
El error que se repite y cómo se evita
Casi todos los niños empiezan cruzando mal: buscan el número en el borde de
arriba y la letra en el lateral, o van directamente en diagonal a ojo.
Lo que lo resuelve de una vez es fijar el orden y no cambiarlo nunca:
primero la letra, después el número. Como se lee — de izquierda
a derecha y luego hacia abajo. Se busca la letra arriba, se baja por esa columna
con el dedo y se para en la fila del número.
El dedo importa. Bajar por la columna tocando el papel evita el noventa por
ciento de los fallos, porque el error casi nunca es de comprensión: es de
perderse a mitad de camino en una rejilla de cien casillas.
Y conviene hacer la primera casilla juntos, en voz alta, describiendo cada
paso. Una sola vez basta; a partir de ahí lo hace solo.
A qué edad
Cuatro y cinco años. Cuadrículas sin coordenadas: contar
casillas y moverse. «Dos a la derecha.» Aquí no hay letras todavía y no hacen
falta.
Cinco y seis años. Aparecen las letras y los números en los
bordes, con rejillas pequeñas y dibujos sencillos. Es el momento de esta hoja.
Seis y siete años. Rejillas más grandes y más colores. Ya se
sostiene sin ayuda y se puede hacer largo.
Ocho años. El sistema completo: hundir la flota, el ajedrez,
las primeras coordenadas en clase. Y ahí el trabajo previo se nota mucho.
Dónde se paga esto después
En geografía, evidentemente. Pero antes, y con más frecuencia, en tres sitios
que nadie relaciona con las coordenadas.
Las tablas. Cualquier tabla de doble entrada —el horario del
cole, la tabla de multiplicar completa, un cuadro de conocimiento del medio— se
lee cruzando fila y columna. Un niño que no maneja eso lee las tablas mal y no
se sabe por qué.
La copia del encerado. Volver a encontrar el sitio donde uno
se quedó, en un texto o en un cuaderno, es localización en dos dimensiones.
Los juegos de tablero. Muchos de los que se juegan a partir
de los siete piden colocar en una rejilla, y ahí la habilidad se practica sola
mientras se juega.
Cómo se prepara sin fichas
El calendario colgado. Es una cuadrícula perfecta: los días
de la semana arriba, las semanas hacia abajo. Buscar «el martes de la semana que
viene» es una coordenada con otro nombre.
Hundir la flota en papel. A partir de los siete es el mejor
ejercicio que existe, porque el niño tiene que producir la coordenada y
no solo encontrarla, y además le importa acertar.
El supermercado. Las estanterías tienen pasillo y altura;
buscar algo es cruzar dos datos. Decirlo en voz alta —«pasillo tres, estante de
abajo»— cuesta nada.
Los asientos numerados. Fila y butaca en el cine o en un
avión. Es exactamente lo mismo y a esa edad les fascina encontrarlo ellos.
Cuando se pierde en la rejilla
Casi siempre es tamaño y no comprensión, y se distingue con una pregunta: si
se le da una rejilla de cuatro por cuatro, ¿la resuelve? Si sí, entiende el
sistema perfectamente y lo que falla es sostener la mirada en cien casillas.
Para eso hay dos ayudas que funcionan. Una regla o una tira de papel apoyada
bajo la fila que está buscando, que impide que el ojo se vaya a la de al lado. Y
tachar en la leyenda cada color según se termina, para no repetir el mismo
tres veces.
Lo que no ayuda es señalarle la casilla. Termina la hoja y no enseña nada,
porque el ejercicio entero es encontrarla.
Las letras que confunden
Un detalle pequeño que da bastantes disgustos: en las rejillas con letras
conviene mirar cuáles salen. La I y la J, la M y la N, la O y el cero se
confunden en una fila de letras pequeñas, y entonces el fallo no es de
coordenadas sino de lectura.
Si el niño se equivoca siempre en las mismas columnas, merece la pena mirar
qué letras son antes de concluir nada sobre su orientación espacial. Muchas
veces el problema se arregla escribiendo esas dos letras más grandes.
Lo mismo con la altura: si los números del lateral son pequeños y están
pegados, se salta uno. Nada de eso es un problema de cuadrículas.
Cómo practicarlo jugando
Dictado en cuadrícula es la
antesala: moverse por la rejilla contando casillas, con un dibujo al final que
compensa el esfuerzo. Desde los cinco.
Simetría trabaja la otra mitad del asunto —
localizar respecto a un eje y medir contando —, y está contado en La simetría antes de la
geometría.
Y Encuentra el objeto entrena el
rastreo visual ordenado, que es lo que evita perderse a mitad de una rejilla
grande.
Diez minutos. Estas tareas cansan más de lo que parece porque exigen
atención sostenida sin descanso.
El paso siguiente a la cuadrícula son los puntos cardinales, y es lo que trabaja Con la brújula.
Qué imprimir
Colorea por
coordenadas: los primeros es la hoja de entrada: rejilla pequeña, dibujos
sencillos —un corazón, un pez, una manzana, un sol— y pocas casillas por color.
Lo justo para aprender el gesto de cruzar letra y número sin que la hoja se haga
larga.
Cuando esas salgan sin dudar, Colorea por coordenadas, con
más casillas y más colores, para seis a ocho años.
Y Dictado en
cuadrícula en papel, que trabaja la rejilla sin letras y va antes que
todo esto.
Para jugarlo entre dos, Tableros para jugar trae hundir la
flota con las reglas impresas: es el ejercicio de coordenadas más completo que
hay a esta edad y no lo parece.
Lo esencial
Localizar una casilla cruzando letra y número es la primera vez que un niño
usa una referencia externa y fija, en vez de situarlo todo respecto a su propio
cuerpo. La regla que evita casi todos los errores es fijar el orden —siempre la
letra primero— y bajar por la columna con el dedo. Va bien desde los cinco o
seis años, y lo que prepara antes es cualquier cuadrícula con casillas contadas.
Después aparece en los horarios, en las tablas de doble entrada y en el ajedrez,
sin que nadie diga que son coordenadas.