Hay una manera de mejorar la comprensión lectora que no aparece en ninguna
programación y funciona mejor que muchas: elegir textos sobre algo que al
niño ya le importe.
No es un truco motivacional. Cuando el tema es conocido, la cabeza tiene
dónde colgar lo que lee, y entender cuesta bastante menos. Un niño que juega
al fútbol lee un texto sobre entrenamiento con la mitad de esfuerzo que uno
sobre el ciclo del agua. Seguir el orden de un proceso, que es lo que piden
estos textos, lo trabaja Qué va antes.
Lo que ya sabe hace la mitad del trabajo
Comprender un texto es en buena medida conectar lo nuevo con lo que ya se
tiene. Cuando no hay nada donde conectar, cada frase se sostiene sola y se
olvida al llegar a la siguiente.
Por eso el mismo niño «lee mal» un texto y «lee bien» otro de la misma
dificultad aparente. No ha cambiado su capacidad: ha cambiado cuánto sabía
del tema antes de empezar.
La consecuencia práctica es que conviene alternar. Textos de temas que
domina para trabajar la técnica de leer, y textos de temas nuevos para
ampliar mundo, sabiendo que esos irán más lentos.
Las ideas que trae el deporte
Además del interés, este campo trae contenidos que se entienden por
experiencia propia y que valen para mucho más que el deporte.
Que el cuerpo mejora poco a poco y no de un día para otro. Que descansar
es parte de entrenar. Que repetir siempre lo mismo deja de servir porque el
cuerpo se acostumbra. Las tres son verdad también para estudiar, para tocar
un instrumento y para aprender a escribir.
Hacer ese salto en voz alta —«¿te suena esto de algo?»— convierte un texto
de comprensión en una conversación útil.
El árbitro y las reglas
Hay un tema dentro del deporte especialmente rentable para hablar con un
niño de ocho o nueve años: por qué existe un árbitro y por qué su decisión
vale aunque se equivoque.
Es una idea de convivencia bastante fina, y en el patio se vive todos los
días. Un texto que la explique da pie a una conversación que en abstracto no
se tendría.
Y trae una pregunta buena: si todos pudieran discutir cada decisión, ¿qué
pasaría? Contestar a eso es razonar sobre consecuencias, que es exactamente
lo que pide un texto explicativo.
Preguntas que se contestan juntando
De un texto se pueden hacer dos tipos de preguntas. Las de buscar, cuya
respuesta está escrita con esas palabras. Y las de juntar, cuya respuesta
está repartida en dos frases.
Las segundas son las que enseñan. «¿Por qué dicen los entrenadores que
descansar es entrenar?» obliga a unir que los músculos se reparan y que se
reparan durante el descanso.
Si el niño no la encuentra, no conviene dar la respuesta: se relee juntos
en voz alta ese párrafo y se vuelve a preguntar. Casi siempre sale a la
segunda.
Contestar con frases enteras
Parece un detalle de forma y es un detector. Si a «¿por qué mejora el
cuerpo?» contesta «se repara», puede que haya entendido o puede que haya
copiado la palabra más cercana al signo de interrogación.
Con la frase entera —«porque los músculos se reparan más fuertes después
del esfuerzo»— se ve si la idea está o no. Y de paso entrena escribir una
respuesta que se sostenga sola, que es lo que le van a pedir toda la vida
escolar.
Al principio hay que insistir sin agobiar: repetir su respuesta corta
convertida en frase y pedirle que la escriba así.
Vocabulario técnico, poco y bien
Los textos de deporte traen palabras específicas: tregua, atleta,
competición, prórroga. Conviene que sean dos o tres por texto, no diez.
Y conviene resolverlas antes de leer, no en mitad del párrafo. Un vistazo
rápido buscando lo que no conoce cuesta un minuto y evita que el hilo se
rompa justo cuando más falta hace.
La definición que hace falta es la de andar por casa, no la del
diccionario. «Tregua es cuando dos que se pelean paran un rato» basta para
seguir leyendo.
El deporte como historia
Los Juegos Olímpicos dan un texto de historia disfrazado de deporte, y
funcionan muy bien porque el niño ya los conoce por la tele.
Que empezaran hace más de dos mil quinientos años, que las ciudades
dejaran de pelearse mientras duraban, que el premio fuera una corona de hojas
en vez de una medalla: son datos que enganchan y que dejan una noción de
tiempo histórico bastante útil.
Es también una manera suave de entrar en textos de historia, que suelen
costar por lo lejano. Aquí lo lejano viene con algo cercano
delante.
Del texto a la conversación
La parte más productiva no está en la hoja: es lo que se habla después.
«¿Tú entrenas así?», «¿te ha pasado que entrenando mucho fueras a peor?»,
«¿qué harías tú si el árbitro se equivoca contigo?».
Esas preguntas piden aplicar lo leído a la propia experiencia, que es el
nivel más alto de comprensión y el que menos se practica. Y no cuesta nada
más que cinco minutos de sobremesa.
Es la misma idea que en el artículo
sobre leer para aprender: un texto no acaba cuando se acaba la última
pregunta.
La crónica y la tabla
Hay dos formatos de texto deportivo que no son un artículo explicativo y
que conviene probar cuando estos salgan bien.
La crónica de un partido, que es una narración con datos dentro y con un
orden que no es cronológico del todo: empieza por el resultado. Y la tabla de
clasificación, que no es un texto sino datos organizados, y leerla es una
habilidad aparte.
Las dos aparecen en el periódico y las dos se pueden leer con un niño de
nueve años en cinco minutos. Preguntas como «¿quién va tercero?» o «¿cuántos
puntos le faltan al segundo para alcanzar al primero?» son comprensión y
cálculo a la vez.
Cuando el deporte no le interesa
Conviene decirlo, porque el consejo de este artículo se puede leer del
revés: no se trata de que lea sobre deporte, se trata de que lea sobre lo
suyo.
Si lo suyo son los dinosaurios, los trenes o la cocina, ahí es donde hay
que buscar los textos. El mecanismo es el mismo y el tema es lo de menos: lo
que importa es que la cabeza llegue al texto con algo dentro.
Y hay una ventaja añadida en su tema: sabe más que el texto en algunas
partes, y detectar que un texto se equivoca o se queda corto es una
experiencia lectora estupenda que casi nunca se puede tener.
Cómo practicarlo jugando
Qué va antes ordena los pasos de un
proceso, que es la estructura de casi todos estos textos.
Une las frases trabaja los conectores
que sostienen una explicación —porque, aunque, así que—, y confundir uno
cambia lo que el texto afirma. Cuánto tiempo ha pasado conecta
con la parte de medir y comparar tiempos.
Qué imprimir
Comprensión: el
deporte trae tres textos —por qué se entrena, el árbitro y los Juegos
Olímpicos— con preguntas de los dos tipos y las respuestas al final.
Para textos que explican fenómenos, Comprensión: cómo
funciona. Y para leer noticias, que es el otro formato informativo, Comprensión: una
noticia.
Lo esencial
- Un texto sobre algo que ya le importa se entiende con la mitad de
esfuerzo, porque hay dónde colgar lo nuevo.
- El deporte trae ideas que valen fuera: mejorar poco a poco, descansar
como parte del entrenamiento, no repetir siempre lo mismo.
- Las preguntas que enseñan son las que obligan a juntar dos frases, no las
que se contestan buscando una palabra.
- La frase entera en la respuesta es el detector: con una palabra suelta no
se sabe si ha entendido o ha copiado.
- Lo más productivo llega después de la hoja: «¿a ti te ha pasado?»
convierte el texto en experiencia propia.