Una cenefa es un motivo que se repite hasta el borde del papel. Los primeros están dibujados y el resto de la banda está vacía: hay que seguir con el mismo tamaño y el mismo ritmo hasta llegar al final.
Y lo difícil no es el primero, es el octavo. Al principio se copia mirando el modelo; a partir de la mitad la mano tiene que llevar el ritmo sola. Descubrir y continuar un patrón se trabaja también en ¿Qué viene después?.
El octavo motivo es la prueba
Los tres primeros salen bien porque se está mirando el modelo. A partir del quinto la mano va sola.
Si el motivo está cogido, el octavo es igual que el primero. Si solo estaba copiado, se deforma.
Por eso las bandas son largas: la longitud es lo que hace de examen.
El tamaño se va
El error más frecuente es que el motivo crece o encoge poco a poco sin que nadie lo note.
La cuadrícula da la referencia: cada motivo ocupa el mismo número de casillas, y eso se puede comprobar.
Parar en la mitad y comparar el quinto con el primero es el gesto que lo corrige.
La banda se tuerce
El otro error es que la línea sube o baja. Suele pasar cuando el papel está girado o el codo apoyado mal.
Colocar el papel recto y el brazo apoyado en la mesa resuelve la mitad de los casos.
Y la línea de la cuadrícula está ahí precisamente para volver a ella cuando se ha ido.
Ritmo antes que precisión
Una cenefa se hace con un movimiento continuo, no dibujando cada motivo por separado.
Buscar el ritmo —arriba, abajo, arriba, abajo— es lo que hace que el trazo salga suelto.
Un motivo perfecto pero hecho a trocitos no entrena lo que se quiere entrenar.
Terminar una banda torcida cansa y no enseña. Es mejor parar, mirar el modelo y hacer media bien.
Decirlo de antemano quita la presión de acabar y mejora el resultado.
Y evita el peor efecto de estas hojas, que es asociarlas con el aburrimiento.
De qué preparan exactamente
De la letra ligada. Escribir sin levantar el lápiz y mantener el tamaño de las letras a lo largo de una línea es esto mismo.
Los bucles, las ondas y los dientes de sierra son los trazos que están dentro de la m, la n, la e y la l.
Por eso las cenefas se hacen antes de la letra ligada y no después.
Colorear la cenefa
Una vez hecha, colorear los motivos alternando dos colores añade una serie encima de la serie.
Es trabajo de patrón y descansa la mano, así que va bien al final de la hoja.
Y produce algo que se puede colgar, que a los cinco años importa bastante.
Las cenefas de verdad
En los azulejos, en los bordes de los platos, en las rejas, en los jerséis. Están por todas partes.
Buscar una y copiarla es un ejercicio distinto y más difícil, porque hay que analizar el motivo antes.
Y explica para qué sirven: son decoración y llevan miles de años haciéndose.
Inventar un motivo
Dibujar tres motivos propios y seguir hasta el borde. Es más difícil de lo que parece porque hay que elegir algo repetible.
Casi siempre el primer intento es demasiado complicado y se abandona a la cuarta repetición.
Simplificarlo hasta que se pueda repetir diez veces es donde está el aprendizaje.
El lápiz y la postura
Lápiz blando y sin apretar. Una cenefa hecha apretando cansa la mano en media banda.
El movimiento sale del brazo y de la muñeca, no de los dedos.
Si la mano se queda rígida, parar y sacudirla. No es un capricho: es lo que permite seguir.
Los errores típicos
Dibujar cada motivo por separado en vez de con un trazo continuo.
Empezar muy grande y no tener sitio para los últimos.
Y apretar el lápiz, que produce cansancio y trazo tembloroso a la mitad de la banda.
Mirar el modelo cada tres motivos
No hay que mirarlo todo el rato —eso impide que la mano vaya sola— ni dejar de mirarlo del todo.
Cada tres motivos, una mirada de comprobación. Es un ritmo que se puede decir y que funciona.
Y enseña algo general: revisar de vez en cuando cuesta menos que corregir al final.
Empezar por la izquierda siempre
Parece obvio y no lo es: hay niños que empiezan por la derecha o por el medio de la banda.
El sentido izquierda-derecha es el de la escritura y conviene reforzarlo en todo lo que se pueda.
Marcar un punto de salida al principio de cada banda lo resuelve sin decir nada.
Con el dedo antes que con el lápiz
Recorrer el motivo con el dedo dos o tres veces antes de coger el lápiz asienta el movimiento.
Es lo mismo que se hace con las letras y funciona por la misma razón: la mano aprende el recorrido.
Con niños que aprietan mucho el lápiz, este paso previo se nota bastante.
Cuando la mano se cansa
Una banda entera son treinta o cuarenta movimientos seguidos, y a los cinco años eso es mucho.
Parar, sacudir la mano y seguir es lo normal y hay que permitirlo sin comentario.
Forzar hasta el final produce trazo tembloroso y rechazo al ejercicio la próxima vez.
Qué edad
Cenefas de motivo simple —ondas, bucles grandes— desde los cuatro o cinco.
Motivos con dos elementos alternos, a partir de los seis.
Cenefas largas y motivos con detalles, a los siete u ocho.
Dos colores, dos series
Un motivo repetido y el color alternando cada dos: son dos patrones superpuestos con ritmos distintos.
Es lo mismo que se hace en las series de figuras, y aquí sale sin material extra.
Conviene dejarlo para cuando el trazo ya salga bien, o se atiende al color y se descuida la mano.
Del papel a la pared
Una cenefa larga en una tira de papel, hecha entre varios y colgada, es un trabajo que apetece terminar.
Cada uno hace un tramo y se ve enseguida quién ha mantenido el tamaño y quién no.
Y funciona bien con hermanos de edades distintas, porque cada uno puede hacer un motivo de su nivel.
Cuánto por sesión
Dos o tres bandas, nunca la hoja entera de golpe.
Cinco o diez minutos. Es un ejercicio de mano y la mano se cansa antes que la cabeza.
Y va muy bien como calentamiento antes de escribir, que es el sitio donde más rinde.
Antes y después de esto
Qué son las cenefas y por qué son una serie que además hay que dibujar está en las cenefas. Y el control del trazo al llegar al borde del papel, en frenar la mano en el borde.
Cómo practicarlo jugando
¿Qué viene después? trabaja el patrón que la cenefa repite.
Traza las letras practica el trazo continuo y Simetría el control sobre cuadrícula.
Qué imprimir
Cenefas de cuadrícula trae bandas con el motivo empezado para seguir hasta el borde.
Para empezar más fácil, Cenefas para empezar. Y para seguir, Cenefas difíciles.
Lo esencial
- El octavo motivo es la prueba: si el motivo está cogido, sale igual que el primero.
- El tamaño se va sin que nadie lo note; parar en la mitad y comparar lo corrige.
- Se hace con un movimiento continuo y buscando el ritmo, no dibujando motivo a motivo.
- Media banda bien hecha vale más que una entera torcida.
- Prepara la letra ligada, y por eso se hace antes y no después.