El sudoku parece cosa de adultos y de periódico, y esa reputación se la deben
enteramente a las cifras. La regla, en cambio, se explica en quince segundos: en
cada fila, en cada columna y en cada cuadro no se puede repetir nada.
Un niño de cuatro años entiende eso a la primera. Lo que no puede a esa edad es
leer números deprisa, y ahí es donde se atasca un sudoku normal — no en el
razonamiento.
Quitar las cifras deja la lógica al desnudo
Con colores o con figuras pasa algo interesante: desaparece todo el peaje. No
hay que leer, no hay que contar, no hay que escribir. Solo queda mirar y
decidir.
Y lo que queda es una operación mental sola y bien definida:
descartar. No «¿cuál va aquí?» sino «¿cuáles no pueden ir
aquí?», y ver qué sobra.
Ese razonamiento por eliminación es raro en la vida de un niño pequeño y
aparece después en todas partes: en los problemas con datos que sobran, en las
preguntas de varias opciones y en cualquier situación donde haya que llegar a
una conclusión sin que nadie la diga.
En pantalla, Sudoku para niños tiene
además una ventaja para empezar: no deja colocar algo que rompa la regla, así
que el error se nota al momento en vez de cuatro casillas después.
Los tres peldaños
Con colores, 4×4. El más fácil de todos: se colorea la
casilla vacía. Desde los cuatro años.
Con figuras, 4×4. El mismo tamaño y la misma lógica, pero hay
que dibujar la figura en vez de colorear. Añade trabajo de mano y quita la
dependencia del color, que para algunos niños es una ventaja real.
Con cifras, 6×6 y después 9×9. Cuando leer números ya no
cuesta atención. Está contado en Del sudoku de colores al de
números.
El peldaño de las figuras es el que casi nunca aparece en los cuadernos, y es
justo el que hace de puente: mantiene la lógica intacta y empieza a pedir
precisión con el lápiz.
Por qué el contorno y no el color
Las figuras van dibujadas a línea y no rellenas de color, y hay dos motivos
detrás.
El primero es que así se distinguen por la forma. Un niño que
todavía no separa bien dos colores parecidos puede resolver la hoja igual, porque
un triángulo y un círculo no se confunden nunca.
El segundo es práctico: imprimir a línea sale mucho más barato y en cualquier
impresora se ve igual de bien. Una hoja de sudoku de colores mal impresa es
directamente irresolvible.
Y hay un tercero, menos evidente: dibujar la figura obliga a fijarse en cómo
es. Colorear una casilla es un gesto; dibujar un triángulo pide mirarlo, y eso
añade trabajo de percepción de formas sin que nadie lo note.
La estrategia entera, en una frase
Buscar la fila, la columna o el cuadro al que solo le falte una figura.
Ahí no hay nada que decidir: solo cabe una. Se pone, y esa casilla nueva suele
dejar otra fila o columna a falta de una. El sudoku entero se resuelve
encadenando eso.
Lo segundo que hay que enseñar es el gesto de comprobar en tres sitios antes
de poner nada: su fila, su columna y su cuadro de dos por dos. El fallo típico
—y prácticamente el único— es mirar solo la fila, y se descubre tres casillas
después cuando ya no hay salida.
Por eso conviene ir a lápiz y, cuando algo no cuadre, rehacer la rejilla
entera en vez de ir corrigiendo. Una figura mal puesta arrastra a todas las
siguientes.
Lo que hay que tener antes
Dos cosas, y si faltan el sudoku frustra sin enseñar nada.
Clasificar por un criterio. Agrupar cosas por forma o por
color. Si eso no está, la idea de «no repetir» no tiene sobre qué apoyarse. Clasifica en cestas es el ejercicio
directo.
Detectar lo que no encaja. Ver que en un grupo hay algo que
sobra, que es la operación de descartar en su forma más simple. Eso lo trabaja Qué sobra.
Con esas dos, el sudoku de figuras sale a los cuatro o cinco años sin
dificultad. Sin ellas, no sale a ninguna edad.
Cómo se acompaña sin resolverlo
Es la parte donde más fácil es estropear el ejercicio, porque señalar la
casilla que falta es muy tentador y termina la hoja en dos minutos.
La ayuda buena es una pregunta: «¿a qué fila le falta solo una?»
Devuelve el método en vez de la respuesta, y a la segunda vez el niño la busca
solo.
Si aun así no sale, se puede tapar todo menos una fila. El problema se reduce
sin que nadie diga nada, que es la mejor clase de ayuda.
Y conviene resistir la tentación de corregir sobre la marcha. Una figura mal
puesta se descubre sola tres casillas después, y descubrirla uno mismo es el
noventa por ciento del aprendizaje.
Cuántas pistas dejar
Es lo que decide si un sudoku es fácil o imposible, y no el tamaño de la
rejilla.
En una de cuatro por cuatro hay dieciséis casillas. Con diez pistas quedan
seis por rellenar y siempre hay alguna evidente. Con siete, hay que encadenar
varias deducciones y puede atascarse.
Por eso las hojas buenas van bajando el número de pistas poco a poco dentro de
la misma ficha: el primer sudoku se resuelve casi solo y el cuarto ya pide
pensar. Así la dificultad sube sin cambiar de material y sin que el niño note el
salto.
Y si uno se atraganta, la solución no es bajar de tamaño: es volver a los que
traen más pistas. Es el mismo ejercicio con menos pasos.
Por qué no vale adivinar
Hay una tentación que aparece pronto: poner una figura a ver si cuela, seguir,
y rectificar si sale mal.
Con cuatro casillas por rellenar eso funciona a veces, y ahí está el problema
— funciona lo justo para que parezca un método. En cuanto la rejilla crece, un
error arrastra a los siguientes y la hoja acaba en tachones sin que el niño
entienda qué pasó.
La manera de quitarlo es hacer siempre en voz alta la comprobación de las tres
condiciones antes de poner nada: «en esta fila no está, en esta columna tampoco,
en el cuadro tampoco — entonces va». Dicho tres o cuatro veces por un adulto, el
niño lo adopta y deja de adivinar solo.
Cómo practicarlo jugando
Sudoku para niños es el sitio donde
probar los tamaños sin gastar papel: si el de cuatro sale solo y el de seis se
atasca, ya está localizado el escalón de hoy.
Clasifica en cestas y Qué sobra trabajan los dos cimientos —agrupar por un
criterio y detectar lo que no encaja— y son los que hay que tener antes.
Cinco o diez minutos, y sin reloj. El sudoku es un pasatiempo y en cuanto se
cronometra deja de serlo.
Qué imprimir
Sudoku de figuras es el peldaño
del medio: rejillas de cuatro por cuatro con círculo, cuadrado, triángulo y
estrella, a contorno para dibujarlas. Cuatro sudokus por hoja y las pistas van
bajando —de diez a ocho— para que la dificultad suba sin cambiar de ficha.
Si todavía es pronto, Sudoku de
colores es el peldaño anterior: se resuelve con cuatro lápices y sin dibujar
nada.
Y cuando las cifras ya no cuesten, Sudoku de números, con rejillas de
seis por seis.
Las tres tienen solución única garantizada, que no es un detalle: en un sudoku
mal generado hay más de una salida, el niño llega a una que no coincide con la
respuesta impresa y no hay manera de explicarle por qué está mal.
Lo esencial
El sudoku es cosa de adultos por las cifras, no por la lógica: la regla se
explica en quince segundos y un niño de cuatro años la entiende. Quitando los
números queda al desnudo la operación que de verdad entrena, que es descartar.
Las figuras van a contorno para que se distingan por la forma y no por el color,
y de paso obligan a fijarse en cómo son. La estrategia entera cabe en una frase
—buscar la fila a la que solo le falte una— y la ayuda buena es preguntar eso,
nunca señalar la casilla.