Un nonograma tiene una barrera de entrada muy concreta: la primera vez, si
nadie enseña por dónde se empieza, la rejilla vacía parece imposible. No es
que el niño no pueda; es que no tiene manera de deducir el método mirando el
papel.
Superada esa barrera, el puzle se sostiene solo. Por eso el primero se
hace acompañado y en voz alta, y todos los demás no. Si buscáis un paso
previo sin deducción, Colorea por
números tiene el mismo premio —un dibujo que aparece— siguiendo
instrucciones sencillas.
El primero, juntos
La sesión inaugural dura cinco minutos y va así. Se mira la lista de
números de las filas y se busca el más grande. Si hay una fila que dice 9 en
una rejilla de nueve casillas de ancho, se pinta entera: no hay otra manera
de colocar nueve casillas seguidas en nueve.
Después se busca el siguiente más grande. Si una fila dice 7, hay dos
sitios donde pueden ir esas siete casillas —pegadas a la izquierda o pegadas
a la derecha— y en los dos casos las cinco del medio están pintadas. Esas
cinco se pintan seguras.
Ese segundo razonamiento es el que hay que decir despacio, porque es el
que abre el puzle. Conviene incluso dibujarlo aparte: las dos posiciones
posibles, una encima de otra, y señalar dónde coinciden. En cuanto lo ve, el
niño empieza a buscar solo esas coincidencias.
Qué hace fácil a un nonograma fácil
No es el tamaño, es la forma del dibujo. Un nonograma con líneas largas y
continuas —una vela, un árbol, una taza— da pistas grandes: números como 7, 8
o 9 que fijan casillas de entrada.
Un dibujo con muchos detalles sueltos da pistas del tipo «1 1 1», que no
fijan nada y obligan a cruzar información de varias líneas antes de poder
pintar la primera casilla. Ese es el nonograma que hace abandonar.
Por eso los primeros están elegidos con dibujos macizos. La técnica de
cruzar filas con columnas llega después, cuando el mecanismo básico ya está
interiorizado y el niño confía en que el puzle tiene solución.
Colorear con reglas: un pariente cercano
Si el nonograma todavía queda grande, hay un escalón anterior que comparte
la mitad de la gracia: colorear siguiendo una regla. En Colorea por números cada zona lleva un
número y cada número un color, así que el dibujo aparece al final igual que
en el nonograma, pero sin deducción por medio.
Sirve para instalar dos cosas: que las instrucciones hay que seguirlas al
pie de la letra y que el dibujo es el premio. Con eso hecho, la parte
deductiva del nonograma se añade sin resistencia.
Lo mismo pasa con los sudokus de dibujos, que están contados en el artículo sobre sudokus sin números:
enseñan a deducir por descarte cuando todavía no hay soltura con las
cifras.
Errores típicos de las primeras veces
Uno: pintar una casilla porque «tiene pinta». Se corrige recordando la
regla del juego —aquí no se adivina— y, si hace falta, borrando esa casilla
juntos y preguntando de qué pista salía.
Dos: contar mal los grupos. Si la fila dice 3 2, son tres seguidas,
al menos un hueco, y dos seguidas, en ese orden. Muchos niños pintan tres y
dos pegadas. Conviene decirlo explícitamente: entre grupo y grupo siempre hay
al menos una casilla vacía.
Tres: empezar por la esquina de arriba a la izquierda porque es donde se
empieza todo. Es el hábito de la lectura y aquí no sirve. Hay que buscar la
línea más informativa esté donde esté, y eso hay que decirlo varias
veces.
Cuándo pasar a los difíciles
La señal es que resuelva uno fácil sin pedir ayuda y sin borrar más de dos
o tres veces. Ahí ya tiene el mecanismo y lo que falta es la técnica de
cruzar líneas, que llega sola cuando las pistas dejan de ser generosas.
No hay prisa. Un niño que hace cuatro nonogramas fáciles con gusto está
ganando más que uno que se pelea con uno difícil y lo deja a medias. En este
tipo de puzle, la sensación de «esto se me da bien» es más importante que el
nivel, porque es lo que hace que pida otro.
Contar casillas, que también falla
Hay una parte del nonograma que no es lógica y que provoca la mitad de los
errores de las primeras veces: contar bien. Pintar exactamente siete casillas
seguidas, dejar exactamente una en blanco, comprobar que la fila tiene nueve
y no ocho.
A los siete u ocho años eso todavía no es automático, sobre todo si la
rejilla es grande y no hay líneas de referencia. Por eso nuestras rejillas
llevan una línea más gruesa cada cinco casillas: es la misma ayuda que tienen
los crucigramas y los cuadernos de cuadros, y sirve para contar de cinco en
cinco en vez de de una en una.
Si veis que el fallo es siempre de conteo y no de deducción, merece la
pena hacer un par de sesiones de Simetría, que
pide colocar casillas contando distancias sobre una rejilla y da respuesta
inmediata en cada una. Es el mismo gesto aislado, sin la carga de la
lógica.
El papel del adulto después del primero
Una vez enseñado el método, el mejor papel es el de no estar. Un
nonograma es un ejercicio de trabajo silencioso, y las interrupciones —«¿vas
bien?», «esa no»— rompen la cadena de deducciones que el niño lleva en la
cabeza.
Si pide ayuda, la respuesta más útil no es un número sino una pregunta:
«¿qué fila tiene el número más grande?». Devuelve el problema a su terreno y
casi siempre basta.
Y cuando acabe, el comentario que más rinde no es «muy bien» sino «¿por
dónde empezaste?». Contar la propia estrategia la fija, y de paso deja ver si
ha deducido o ha ido probando con suerte.
Cómo practicarlo jugando
Colorea por números es el paso
previo perfecto: mismo premio, sin deducción. Sudoku para niños añade el descarte
lógico con dibujos en vez de cifras.
Y Simetría acostumbra a trabajar sobre una
rejilla contando casillas, que es la parte manual del nonograma y la que
provoca la mitad de los errores de conteo.
Qué imprimir
Los Nonogramas para empezar
son cuatro puzles con dibujos de líneas largas y sus soluciones. Están
pensados para hacerse casi solo con las pistas de cada fila, sin necesidad de
cruzar con las columnas.
Cuando salgan sin ayuda, los Nonogramas
normales piden ya el cruce de filas y columnas. Y si lo que apetece es
colorear con reglas, Colorea por números hace el
trabajo previo.
Lo esencial
- La barrera está en la primera vez: sin que alguien enseñe por dónde
empezar, la rejilla vacía parece imposible.
- El razonamiento que abre el puzle: un 7 en una fila de 9 puede ir en dos
sitios, y en los dos coinciden cinco casillas.
- Un nonograma es fácil por la forma del dibujo, no por el tamaño. Líneas
largas dan pistas grandes.
- Entre grupo y grupo siempre hay al menos una casilla vacía. Hay que
decirlo: mucha gente pinta los grupos pegados.
- Cuatro fáciles con gusto valen más que uno difícil abandonado. Aquí la
sensación de que se te da bien es lo que hace pedir otro.