Una hoja de treinta restas se abandona a la mitad. La misma hoja de
treinta restas, repartida por las zonas de un dibujo que no se sabe qué es
hasta el final, se acaba entera y se pide otra.
No es magia: es que hay un motivo para hacer la resta número veintisiete.
Sin ese motivo, la número veintisiete es idéntica a la número tres y no
aporta nada al que la hace. El mismo cálculo con apoyo visual es lo que
practica Restar jugando en pantalla, con
otra clase de recompensa.
Por qué no se puede colorear a ojo
Es la propiedad que hace que esto funcione y merece entenderla. En un
dibujo de colorear normal, el niño ve un pez y sabe que el mar va azul: puede
colorear sin leer nada.
Aquí las zonas no tienen significado hasta que están pintadas. La aleta
lleva 14 − 6 y el color depende del resultado; no hay ninguna pista de qué
color «debería» ser. La única manera de saberlo es restar.
Por eso conviene que los dibujos sean reconocibles solo al final. Si el
niño identifica el pez a mitad de hoja, empieza a colorear por lógica y el
ejercicio se desactiva.
Todas las restas primero
Un consejo de método que cambia mucho el rendimiento: resolver todas las
operaciones primero, apuntando el resultado en cada zona, y colorear
después.
Alternar cálculo y lápiz de color cansa el doble, porque son dos tipos de
atención distintos y cambiar de uno a otro treinta veces agota. Separados, la
primera parte es un ejercicio de cálculo de cinco minutos y la segunda es un
rato agradable de colorear.
Además permite parar entre las dos partes. Muchas hojas se abandonan
porque se hacen de un tirón; partida en dos, se puede calcular hoy y colorear
mañana sin perder nada.
El dibujo corrige solo
Si una resta sale mal, esa zona lleva un color que no encaja: una aleta
morada en medio de un pez naranja. Se ve sin que nadie corrija.
Eso convierte el ejercicio en autocorrectivo, que es una propiedad rara y
valiosa. El niño detecta su propio error, vuelve a esa zona y la rehace, y
todo eso ocurre sin un adulto señalando nada.
Conviene por tanto no vigilar demasiado. Si se corrige la resta número
ocho en el momento, se pierde justo la parte que hacía especial a esta
hoja.
Cuántos colores
Cinco o seis resultados distintos por hoja es lo razonable. Con menos, el
dibujo queda plano y aburrido; con más, el niño pasa media hoja buscando en
la leyenda y se pierde.
Y conviene que los colores sean bien distintos entre sí. Naranja y rojo
juntos en la misma leyenda dan lugar a discusiones sobre si la zona está bien
o no, y esa discusión no aporta nada.
Los lápices funcionan mejor que las ceras para estas hojas: las zonas son
pequeñas y con cera se sale del contorno, lo que estropea la sensación de
trabajo bien hecho.
La resta, que es la operación que más cuesta
Este formato viene especialmente bien para restar, y no por casualidad. La
resta cuesta más que la suma —hay que contar hacia atrás o cambiar de
estrategia— y por eso las hojas de restas se abandonan antes.
Treinta restas hechas con gusto es mucha práctica de la operación que
menos práctica voluntaria recibe. Y como las de estas hojas cruzan la decena
—13 − 7, 14 − 6— tocan justo donde está la dificultad real.
Qué edad
Con restas hasta veinte, de siete a ocho años. Antes de eso existe la
versión con sumas y la de colorear por números sin operaciones, que trabaja
el reconocimiento de la cifra y la instrucción, y está contada en el artículo sobre colorear por
números.
Por arriba, con multiplicaciones, llega hasta los nueve años sin problema.
Es de los pocos formatos que aguantan tres cursos con solo cambiar lo que hay
dentro de las zonas.
Cuánto tiempo
Una hoja completa lleva entre veinte y treinta minutos con las dos partes.
Es una actividad de tarde, no de antes de cenar: la parte de colorear pide
calma y con prisa se hace mal, que echa a perder el premio.
Y merece la pena colgarlas. Un dibujo terminado que se queda en la nevera
es un recordatorio bastante eficaz de que hacer treinta restas tiene
recompensa.
Fabricar uno en casa
Es más fácil de lo que parece y da un ejercicio doble. Se coge un dibujo
sencillo con zonas grandes —de un cuaderno de colorear cualquiera—, se
decide una leyenda de cuatro colores con cuatro resultados, y se escribe una
operación en cada zona.
Escribir las operaciones es el ejercicio escondido: hay que inventar una
resta que dé exactamente cuatro, después otra distinta que también dé cuatro,
y no repetir. Eso es descomposición del número, y cuesta más que resolver.
Después se le da a otro para que lo coloree. Como con las sopas de letras
y los códigos, pasar de resolver a construir multiplica lo que se aprende y
suele hacerse con muchas más ganas.
Cuando el resultado no está en la leyenda
Merece la pena avisar de un detalle que descoloca a algunos niños: si
resuelven una zona y el resultado no aparece en la leyenda de colores, la
resta está mal. No es que falte un color.
Dicho antes de empezar, ese aviso convierte la leyenda en una herramienta
de comprobación: cada resultado tiene que estar en la lista, y si no está hay
que rehacer la cuenta.
Es una comprobación inmediata y no cuesta nada, y acostumbra a algo que
sirve mucho más allá: mirar si el resultado que ha salido tiene sentido antes
de darlo por bueno.
Hay un caso intermedio que también conviene nombrar: el resultado sí está
en la leyenda pero es el de otro color, y entonces el error no salta hasta el
final, cuando el dibujo aparece torcido. Es menos cómodo y es más valioso,
porque obliga a revisar varias zonas para encontrar cuál falla. Si pasa, no
hay que señalar la zona: basta con decir que hay una mal y dejarle
buscarla.
Cómo practicarlo jugando
Restar jugando trabaja las restas con
apoyo visual, que es lo que hace falta si todavía se atascan.
Colorea por números es la
versión sin operaciones, para los más pequeños o para instalar la mecánica de
la leyenda. Y Resuelve la
operación pide el cálculo directo, sin dibujo, cuando ya no hace falta el
premio.
Qué imprimir
Colorea restando son cuatro
dibujos con restas hasta veinte repartidas por las zonas y su leyenda de
colores.
Con multiplicaciones está Colorea con las tablas, y
para empezar antes, Colorea por números, sin
operaciones.
Lo esencial
- El dibujo no se reconoce hasta el final: por eso no se puede colorear a
ojo y hay que hacer la resta.
- Todas las operaciones primero y el color después. Alternar los dos tipos
de atención cansa el doble.
- El dibujo corrige solo: una zona de color raro delata la resta mal
hecha. No conviene vigilar de cerca.
- Cinco o seis colores bien distintos. Con más, se pierde en la leyenda;
con menos, el dibujo queda plano.
- Va especialmente bien para restar, que es la operación que menos práctica
voluntaria recibe.