Un niño de ocho años llega a casa y cuenta: «y entonces se cayó y la profesora
se enfadó». Nadie sabe quién se cayó, dónde, ni por qué.
No es que cuente mal: es que está contando desde dentro de su cabeza, donde
todo eso ya se sabe. Lo que hay que enseñarle es a contarlo desde fuera.
Las cuatro preguntas
Quién, qué, cuándo y dónde. Con esas cuatro contestadas, cualquiera que no estuviera allí se entera.
Se pueden decir así, con esas palabras, y funcionan igual a los siete que a los doce. Es probablemente la herramienta de expresión más rentable que se puede dar a esa edad.
Y no son solo para escribir: sirven cuando cuenta algo en la mesa, cuando llama por teléfono a alguien o cuando explica lo que pasó en el patio.
Ordenar lo que pasa antes de contarlo es lo que entrena Qué va antes, y sin eso las cuatro preguntas no tienen dónde apoyarse.
Por qué en una noticia van al principio
Aquí hay algo que sorprende a los niños y que merece contarse: en una noticia lo importante va primero, no al final.
En un cuento se guarda el final para el final. En una noticia se dice lo que pasó en la primera frase y después se explica.
La razón es práctica: quien lee una noticia quiere enterarse rápido y puede dejarla a la mitad. Si lo importante estuviera al final, no se enteraría.
Contarlo así le da al niño un motivo para hacerlo, que es mejor que una norma sin explicación.
El titular
Merece un minuto aparte porque tiene reglas propias y es lo más difícil.
Tiene que decir lo esencial en pocas palabras y sin contar el final entero. «Un gato se queda encerrado en el garaje toda la noche» funciona; «Lo que pasó ayer» no dice nada.
El ejercicio bueno es al revés: se le da una noticia ya escrita y tiene que ponerle titular. Resumir en seis palabras es mucho más exigente que escribir el texto.
Y se puede comprobar: si alguien lee solo el titular, ¿sabe de qué va? Si no, hay que cambiarlo.
Cómo se empieza sin bloqueo
El folio en blanco se resuelve igual que siempre: hablando antes de escribir.
Se contestan las cuatro preguntas en voz alta, una por una, y el adulto las apunta en el margen. Con eso el niño ya tiene la primera frase entera antes de coger el lápiz.
Y funciona mucho mejor si la noticia es de algo que pasó de verdad y que él vio. Inventar y ordenar a la vez es demasiado a los ocho años.
Lo de casa sirve perfectamente: algo que se rompió, algo que se perdió, una visita, un partido.
El orden del texto
Primera frase: las cuatro preguntas. Después, los detalles en el orden en que pasaron. Y al final, cómo acabó o qué pasará ahora.
Ese esquema se puede dibujar en tres cajas y ponerlo delante mientras escribe. A los ocho años un esquema visible ahorra la mitad de los bloqueos.
Y hay una comprobación fácil al terminar: tapar todo menos la primera frase y ver si se entiende de qué va.
Si no se entiende, es que las cuatro preguntas se colaron más abajo. Se sube lo que falte y ya está.
Qué se corrige y qué no
No se corrige el contenido ni el estilo. Lo único que se comprueba es si un lector que no estaba allí se entera.
Y la manera de comprobarlo es leerlo de verdad y preguntar lo que falte: «¿pero quién se cayó?». Preguntar es mejor que escribir la corrección, porque le deja a él arreglarlo.
La ortografía, otro día. Si se corrige aquí, la próxima noticia tendrá cuatro líneas — está contado en Escribir para alguien.
Lo que sí conviene señalar siempre es lo que ha funcionado: una frase clara, un dato bien puesto, un titular que dice lo justo.
A qué edad
Seis y siete años. Solo oral: contar algo que pasó contestando las cuatro preguntas, con el adulto preguntando lo que falte.
Ocho. Por escrito, con las cuatro preguntas apuntadas al lado y unas diez líneas.
Nueve. Titular aparte, y noticias de algo que no vio: contadas por otro o inventadas pero posibles.
Antes de los seis no tiene sentido: la idea de que el otro no sabe lo que uno sabe se está construyendo todavía.
Lo que enseña además de escribir
Esto no es un ejercicio de lengua solamente. Lo que se entrena es ponerse en el sitio del que escucha, y eso vale para todo.
Un niño que aprende a contar contestando esas cuatro preguntas explica mejor un problema, pide mejor ayuda y se hace entender por teléfono.
También aprende a distinguir lo que pasó de lo que él opina, que es una separación difícil y útil.
Y de paso aprende a leer noticias con otra mirada: si sabe cómo se construyen, nota cuando falta un dato.
Separar lo que pasó de lo que uno piensa
Hay una distinción que aparece con este ejercicio y que merece aprovecharse,
porque no se aprende en ningún otro sitio a esta edad.
«El perro se escapó» es lo que pasó. «El perro es muy travieso» es una
opinión. Las dos pueden ir en el mismo texto, pero no son lo mismo y conviene
saber cuál se está escribiendo.
El ejercicio es rápido: se subrayan de un color las frases que cuentan hechos
y de otro las que opinan. Con un texto suyo, propio, se ve enseguida.
A los nueve años ya se puede pedir que la noticia sea solo de hechos y que la
opinión vaya aparte, al final. Es un buen entrenamiento y de paso enseña a leer
con más cuidado lo que otros escriben.
Cuando lo que cuenta se lo han contado
Hay un paso más difícil que llega hacia los nueve: escribir sobre algo que no
vio, que le contó otra persona.
Ahí aparece un problema nuevo y muy real: hay que decir de dónde viene la
información. «Según mi hermana», «me lo contó un vecino».
Parece un detalle de estilo y no lo es: es la diferencia entre contar lo que
uno sabe y contar lo que alguien dice. Un niño de nueve años lo entiende
perfectamente si se le pone el ejemplo de un rumor del patio.
Y sirve para lo que va a encontrarse en cualquier pantalla dentro de poco:
preguntarse quién dice esto y cómo lo sabe.
Cómo practicarlo jugando
Qué va antes y Qué viene después entrenan el orden de los hechos, que es la mitad del trabajo de contar algo.
Recuerda la secuencia trabaja retener una serie de cosas en orden, que es lo que hace falta para no saltarse un paso al contar.
Cinco minutos. Y una pregunta en la mesa cada día: ¿qué ha pasado hoy? — con las cuatro preguntas si hace falta.
Qué imprimir
Escribir una noticia trae cuatro hojas con el tema dado, sitio para el titular y las cuatro preguntas recordadas en el margen.
Ordenar lo que pasa es el paso previo, para cuando el orden todavía se le escapa.
Y Escribir una historia para el otro tipo de escritura, donde el final sí se guarda para el final.
Lo esencial
Un niño cuenta desde dentro de su cabeza, donde ya se sabe quién es cada uno. Las cuatro preguntas —quién, qué, cuándo, dónde— le enseñan a contar desde fuera, y sirven igual hablando que escribiendo. En una noticia van todas en la primera frase, porque lo importante va primero y no al final. Se contestan en voz alta antes de escribir, y al corregir solo se comprueba una cosa: si alguien que no estaba allí se entera.