Copiar tiene la peor fama de todos los ejercicios escolares, y en parte se
la ha ganado: copiar cien veces una frase como castigo no enseña nada y estropea
la letra.
Pero hecho de otra manera —poco, con método y con el modelo delante— es de
los pocos ejercicios que trabajan a la vez la letra, la ortografía y la
puntuación sin pedir inventar nada.
Qué entrena copiar bien
Antes de copiar conviene que el trazo de cada letra esté decidido: en Trazar letras el recorrido va marcado con su
punto de arranque, que es justo lo que copiar da por sabido y muchos niños se
han inventado.
La imagen de la palabra. Para copiar hay que mirar cómo está
escrita, y eso es exactamente lo que guarda la ortografía española — que se
aprende por la vista, como se cuenta en La ortografía.
La letra, sin competir con nada. No hay que decidir qué
contar, así que toda la atención puede ir al trazo.
Retener un trozo. Aquí está lo interesante y va abajo: cuánto
se copia de una vez dice mucho.
La puntuación en su sitio. El niño ve la mayúscula y el punto
donde van, cincuenta veces, sin que nadie se lo explique.
El trozo, que es la medida de todo
Hay una diferencia enorme entre copiar letra a letra y copiar una frase de un
vistazo, y ahí se ve el nivel real.
Un niño que copia mirando cada letra —modelo, papel, modelo, papel— tarda
muchísimo y comete faltas raras, porque pierde el sitio. Uno que copia palabras
enteras va cuatro veces más rápido.
Y esa es la habilidad que hay que hacer crecer: cuánto texto se puede
sostener en la cabeza entre mirar y escribir. Se puede pedir
explícitamente: «mira la palabra entera, tápala y escríbela».
De letra a sílaba, de sílaba a palabra, de palabra a frase corta. Ese es todo
el progreso, y no se ve si solo se mira el resultado.
Cuánto copiar
Muy poco. Dos o tres frases a los siete años.
El motivo es concreto: copiar cansa la mano y la atención, y a partir de cierto
punto la letra se degrada. Media página copiada acaba con las últimas líneas
peores que las primeras, y eso practica la letra mala.
La regla práctica es parar cuando la letra empiece a torcerse, aunque falte
texto. Lo que se ha copiado bien vale; lo que se copie después, no.
Qué copiar
Algo que sirva para algo, siempre que se pueda.
La lista de la compra. Una receta que se va a hacer. Las reglas de un juego
para poder jugarlo. Una nota para alguien. Los deberes de la agenda.
Cuando lo copiado tiene un uso, el niño lo revisa solo — porque si está mal,
no sirve. Y esa revisión es media lección de ortografía.
Y si tiene que ser un texto sin uso, que sea corto y que le guste: un chiste,
la letra de una canción, un trozo de un libro que esté leyendo.
Copiar del encerado, que es otra cosa
Merece un apartado porque es donde más se sufre en clase y nadie lo trabaja.
Copiar de un papel que está en la mesa es fácil: el ojo salta unos
centímetros. Copiar de la pizarra exige mirar lejos, volver al papel, reenfocar y
encontrar dónde se había quedado.
Ese ir y venir es agotador a los siete años, y un niño que se pierde
constantemente al copiar del encerado no tiene un problema de letra: tiene uno de
localización.
Se entrena poniendo el modelo en la pared en vez de en la mesa, aunque sea a
un metro. Y ayuda mucho una regla o el dedo marcando la línea en la que se
está.
Lo que no funciona
Copiar como castigo. Convierte en algo desagradable un
ejercicio que puede ser neutro, y no enseña ortografía porque se copia sin
mirar.
Copiar mucho. Ya está dicho: la letra se degrada y se
practica la mala.
Copiar textos difíciles. Si el niño no entiende lo que copia,
copia letras sueltas y pierde la parte de retener trozos.
Corregir la letra y la ortografía a la vez. Una cosa por hoja,
como en todo lo demás.
De copiar a escribir
Copiar es un andamio y conviene ir quitándolo.
El paso intermedio es copiar de memoria: mirar la frase, taparla y escribirla
entera. Ahí ya no se copia —se recuerda— y es mucho más difícil de lo que
parece.
Después llega el dictado, donde ni siquiera se ha visto el texto. Y al final
escribir lo propio, que es cuando hay que decidir qué contar además de cómo
escribirlo.
Cada escalón quita una ayuda. Saltarse el de copiar de memoria es lo que hace
que el dictado parezca un muro.
El material que ayuda
Dos cosas cambian bastante el resultado y cuestan poco.
El modelo arriba y no al lado. Con el texto encima de la
línea que se escribe, el ojo baja en vertical y pierde el sitio menos veces.
Papel pautado mientras haga falta. La doble raya coloca la
altura de las letras, que es la mitad de que un texto se lea — hay más en La letra fea a los siete años.
Y una tercera de dos segundos: tapar todo el texto menos la línea que se está
copiando, con una hoja doblada. Resuelve casi todos los saltos de línea.
Copiar dibujos, que también cuenta
Hay una versión sin letras que trabaja lo mismo y que a los cinco años es
mucho más asequible: copiar un dibujo hecho de líneas rectas.
Una figura en una cuadrícula, un patrón de cenefa, una casa dibujada con
regla. Hay que mirar el modelo, retener un trozo y reproducirlo — exactamente la
misma operación que copiar una palabra, sin necesidad de saber escribir.
Y tiene una ventaja para diagnosticar: si el niño copia bien un dibujo y mal
un texto, lo que falla es la escritura. Si copia mal las dos cosas, lo que falla
es mirar y retener, que es otro trabajo y se entrena aparte.
Es además donde se ve mejor el tamaño del trozo: un niño que copia el dibujo
línea a línea está en el mismo escalón que quien copia un texto letra a letra.
Copiar en el ordenador, que no es lo mismo
Merece un apunte porque a partir de los ocho aparece y se parece poco.
Teclear un texto que se tiene delante no entrena la letra —evidentemente— ni
la imagen de la palabra de la misma manera: al teclear se piensa en letras
sueltas y en dónde está cada tecla, no en la forma de la palabra entera.
Lo que sí entrena, y bastante, es localizar dónde se ha quedado uno al volver
la vista a la pantalla, que es el mismo problema que copiar de la pizarra.
No sustituye a copiar a mano y tampoco es una pérdida de tiempo. Son dos
ejercicios distintos y a estas edades el de la mano va primero.
Cómo practicarlo jugando
Trazar letras trabaja el trazo con el
recorrido marcado, que es lo que copiar da por sabido.
Letra que falta obliga a mirar la
palabra entera, que es el gesto que hace útil copiar.
Y Dictado en cuadrícula la parte
de retener mientras se ejecuta, que es la que más crece con la práctica.
Cinco minutos, y dos frases copiadas. No más.
Qué imprimir
Copiar frases viene en dosis
cortas a propósito, por lo que se explica arriba — está contado en su propio artículo.
Para la parte de mirar la palabra entera y decidir, Ordenar palabras por su
ortografía: hay que escribir cada palabra en su columna, que es copiar con
una decisión encima.
Y Escribir más
consonantes si lo que falla es el trazo de alguna letra concreta.
Lo esencial
Copiar bien entrena la imagen de la palabra —que es donde vive la ortografía
española—, la letra sin competencia y la capacidad de retener un trozo. Esa
última es la medida de todo: de letra a sílaba, de sílaba a palabra, de palabra a
frase. Se copia poco —dos o tres frases— y se para cuando la letra empieza a
torcerse. Lo que mejor funciona es copiar algo que sirva para algo, porque
entonces el niño lo revisa solo. Y copiar de la pizarra es otro ejercicio, mucho
más difícil, que se entrena poniendo el modelo en la pared.