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Cuadrados mágicos de cuatro: cómo atacarlos

Por El equipo de Kodomi Club · 4 de septiembre de 2026 · 7 min

Cuadrados mágicos de cuatro: cómo atacarlos

El salto del cuadrado de tres al de cuatro no es de tamaño. Es que la línea por la que hay que empezar deja de estar siempre en el mismo sitio.

Un niño que resuelve cuadrados mágicos de tres por tres en dos minutos se queda quieto delante del primero de cuatro por cuatro. No es que no sepa: es que su método ha dejado de funcionar.

En el de tres, con tres o cuatro huecos repartidos, casi siempre hay una línea evidente por la que entrar, y suele estar arriba. En el de cuatro hay diez líneas —cuatro filas, cuatro columnas y dos diagonales— y la que se puede resolver está donde esté. Buscarla es el ejercicio nuevo.

Diez líneas y una que sirve

Lo primero que hay que enseñar es a mirar el tablero entero antes de escribir nada. Recorrer las cuatro filas contando huecos, después las cuatro columnas, después las dos diagonales. La que tenga un solo hueco es por donde se empieza, y no hay otra manera de encontrarla que mirarlas todas.

Ese barrido ordenado es una habilidad en sí misma y no la tienen todos los niños de ocho años. Muchos miran el tablero como se mira un dibujo —de golpe, saltando— y por eso no ven la línea buena aunque esté delante. Recorrer una rejilla con orden, sin saltarse casillas ni repetir, es exactamente lo que entrenan Tablas de Schulte y, desde otro ángulo, Busca la casilla, donde para encontrar la C4 hay que bajar por la columna y recorrer la fila.

Es la misma idea que explicamos en el artículo sobre el salto del sudoku de cuatro al de seis: cuando el tablero crece, lo que cambia no es la regla, es la forma de buscar.

Marcar lo hecho

Hay un detalle práctico que decide muchas partidas: llevar la cuenta de las líneas ya resueltas. Sin eso, el niño repasa tres veces la misma fila completa, se cansa y abandona — y abandona por agotamiento, no por dificultad, que es la peor manera de abandonar.

Basta con una marca de lápiz flojo al final de cada línea terminada. Es un gesto de organización, no de matemáticas, y sin embargo es lo que separa a quien acaba el cuadrado de quien lo deja a medias. Vale la pena decirlo explícitamente, porque a esta edad casi nadie lo hace por su cuenta.

La suma también cambia

En el cuadrado de tres, cada línea tiene tres números y la constante suele ser quince. En el de cuatro hay cuatro números por línea y la constante es treinta y cuatro. Eso significa sumar tres números y restar de treinta y cuatro, con números que llegan hasta dieciséis.

Es una carga aritmética real, y conviene que no sea el cuello de botella. Si el niño sabe qué hacer pero se equivoca sumando 14, 2 y 7, el problema no está en el cuadrado. Dejadle usar los dedos o el papel del margen sin comentarios: lo que se está entrenando aquí es la estrategia, y penalizar el cálculo de apoyo hace que abandone la estrategia.

Qué hacer cuando se bloquea del todo

Pasa, y conviene tener respuesta. Si después de mirar las diez líneas no hay ninguna con un solo hueco —cosa que en nuestras fichas no ocurre al principio, porque los huecos se reparten para evitarlo— o si simplemente no la encuentra, dadle un número y que siga.

No es hacer trampa. El objetivo de la primera vez es que vea el método funcionando de principio a fin, aunque una pieza se la hayáis dado vosotros. Un cuadrado terminado con ayuda enseña muchísimo más que uno abandonado a la mitad, porque deja la sensación de que el método llega hasta el final.

Lo que sí conviene evitar es dar dos o tres números. A partir de ahí el cuadrado lo está resolviendo el adulto y el niño solo escribe.

Por qué la constante es siempre 34

Hay una pregunta que aparece sola en cuanto se hacen dos o tres: ¿por qué siempre suman treinta y cuatro? No es casualidad y la explicación está al alcance de un niño de nueve años.

Los números del uno al dieciséis suman en total ciento treinta y seis. Ese total se reparte en cuatro filas, y como todas las filas tienen que sumar lo mismo, a cada una le toca ciento treinta y seis entre cuatro, es decir, treinta y cuatro. No hay más misterio.

Merece la pena hacer ese razonamiento juntos con lápiz y papel, porque es de los primeros en los que un resultado no se calcula sino que se deduce de una condición. Y sirve además para el cuadrado de tres: los números del uno al nueve suman cuarenta y cinco, entre tres filas son quince, y ahí está la constante de siempre.

Un niño que ha hecho esa cuenta puede después inventarse cuadrados propios: si en vez de empezar en el uno se empieza en el tres, todos los números suben dos y cada fila sube ocho, así que la constante pasa de treinta y cuatro a cuarenta y dos. Predecirlo antes de comprobarlo es un ejercicio excelente.

Un ritmo razonable

Un cuadrado de cuatro bien hecho lleva entre diez y quince minutos las primeras veces. Dos por sesión es suficiente, y conviene dejar días de por medio: es un ejercicio de estrategia, y la estrategia se asienta mejor con descanso que con insistencia.

También conviene no encadenarlo con otra cosa exigente. Después de quince minutos de barrer líneas y sumar de cabeza, la atención está gastada; si a continuación llega una hoja de cálculo, saldrá peor de lo que saldría en frío y quedará la impresión falsa de que el niño no sabe restar.

Va muy bien, en cambio, como actividad de fin de semana o de tarde de lluvia, cuando hay tiempo y nadie mira el reloj. Es de las pocas cosas del cuaderno que un niño de nueve años pide repetir por gusto, y merece la pena no gastarlo poniéndolo donde estorba.

Cómo practicarlo jugando

Busca la casilla entrena el barrido ordenado de una rejilla, que es la habilidad que falla cuando el tablero crece: cruzar una letra de arriba con un número del lado obliga a recorrer fila y columna con método.

Tablas de Schulte hace lo mismo contra el reloj y es medible, que a esta edad engancha. Y Sudoku para niños mantiene viva la deducción por descarte, que es la lógica hermana de la del cuadrado mágico.

Qué imprimir

Los Cuadrados mágicos de cuatro son tres hojas con dos cuadrados cada una y las soluciones al final. Conviene llegar con los Cuadrados mágicos de tres bien rodados: aquí se da por sabido el método y lo que se añade es la búsqueda.

Y para practicar el barrido de rejilla sin cálculo por medio, las Tablas de Schulte hacen ese trabajo en dos minutos por hoja.

Y una recomendación de formato: mejor a lápiz y con goma cerca. En un cuadrado de cuatro es normal equivocarse una vez y tener que deshacer dos casillas; hacerlo a bolígrafo convierte un error pequeño en una hoja manchada, y eso pesa más de lo que parece cuando se tienen ocho años.

Lo esencial

  • El salto del tres al cuatro es de estrategia, no de tamaño: hay diez líneas y hay que encontrar cuál se puede resolver.
  • Se recorren todas las líneas contando huecos antes de escribir nada. Ese barrido ordenado es la habilidad nueva.
  • Marcar con lápiz flojo las líneas ya resueltas evita el abandono por cansancio, que es el más frecuente.
  • Si se equivoca sumando tres números, dejadle apoyarse: aquí lo que se entrena es el método.
  • Ante un bloqueo total, dad un número y que siga. Ver el método llegar hasta el final vale más que resolverlo entero solo.

Para practicarlo jugando

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