Un memori normal empareja dos cartas iguales. Este empareja al panadero con el pan, al bombero con la manguera, a la doctora con el fonendo.
Y eso cambia lo que hace: además de recordar dónde estaba la carta, hay que saber qué va con qué. Emparejar se practica en Encuentra la pareja.
Dos cosas a la vez
Recordar posiciones y decidir si dos cartas forman pareja son tareas distintas, y aquí van juntas.
Por eso es más difícil que un memori de dibujos iguales y por eso conviene después y no antes.
Con las parejas explicadas de antemano, la dificultad baja a la de un memori normal.
Mirar las cartas antes
Extenderlas todas boca arriba, nombrarlas y emparejarlas sin tapar nada es el paso previo obligatorio.
Sin ese paso, el juego se convierte en azar puro, porque no se sabe qué se está buscando.
Cinco minutos de reconocimiento y el juego funciona; sin ellos, no.
Empezar con seis parejas
Doce cartas es suficiente para los cuatro o cinco años. Con veinticuatro, la partida se hace larga y la atención se cae.
Ampliar de dos en dos parejas, según salga, es el ritmo que funciona.
Y es mejor ganar rápido varias veces que sufrir una partida larga.
La estrategia aparece sola
Al principio se levantan cartas al azar. Después se empieza a recordar dónde estaba una vista antes.
Ese cambio se nota de una semana a otra y es lo que el juego entrena de verdad.
Nombrar la carta en voz alta al levantarla acelera mucho ese paso.
Decir lo que se ve
«El martillo» dicho en voz alta se recuerda mejor que un dibujo mirado en silencio.
Es un truco de memoria que funciona a cualquier edad y que aquí se puede enseñar directamente.
Y de paso obliga a usar el vocabulario, que es la mitad del objetivo.
Los oficios que se ven
Panadero, bombero, médica, cartero, peluquera, cocinero, mecánica, agricultor.
Los que se ven en la calle son los que interesan; los abstractos no funcionan a esta edad.
Y da pie a la conversación de qué hace cada uno, que es donde el vocabulario se asienta.
Herramienta y persona
La pareja no es arbitraria: hay una razón, y esa razón se puede contar en una frase.
«El bombero usa la manguera para apagar el fuego» convierte la pareja en una idea y no en un dato que memorizar.
Las parejas con razón se recuerdan muchísimo mejor que las parejas por parecido.
Jugar con un adulto
Un adulto que juega en serio pero comenta lo que hace —«esa la he visto antes, estaba aquí»— enseña la estrategia sin explicarla.
Y conviene no dejarse ganar del todo, porque a los cinco años la victoria de verdad se distingue.
El adulto puede jugar peor a propósito olvidando cartas, que es más creíble.
Contar las parejas al final
Cada jugador cuenta las suyas y se comparan: es una comparación de cantidades con motivo real, y nadie protesta por contar.
Con seis parejas por baraja, los números son pequeños y el recuento sale rápido.
Y aparece la pregunta de cuántas más tiene uno que otro, que es una resta con las cartas delante.
Guardarlas en una bolsa
Un juego de cartas al que le falta una pareja deja de servir, y las cartas sueltas desaparecen en una semana.
Una bolsa de cierre o un sobre con el nombre escrito resuelve el problema y hace que el juego siga en circulación meses.
Y encargarle a él la recogida y el recuento de cartas al acabar es una responsabilidad pequeña y perfectamente asumible, con la ventaja de que se nota enseguida si falta alguna.
Cuando falla la pareja
Levantar dos que no van juntas no es perder el turno para nada: es información, porque ahora se sabe dónde están las dos.
Decirlo cambia la actitud entera del jugador pequeño, que suele vivir cada fallo como un fracaso.
Y es la primera vez que aparece la idea de que un intento fallido deja algo aprovechable.
El dorso tiene que ser igual
Si las cartas se imprimen a doble cara o el papel es fino, se transparentan y el juego se acaba.
Imprimir en papel grueso, o pegar las cartas sobre cartulina, resuelve el problema de una vez.
Y conviene comprobarlo a contraluz antes de la primera partida, porque si no se descubre a mitad y decepciona.
Qué edad
Seis parejas y con las cartas vistas antes, desde los cuatro.
Diez o doce parejas, a los cinco o seis.
Con oficios menos evidentes y más cartas, a partir de los siete.
Antes de esto
Hace falta el memori de dibujos iguales, donde la pareja es evidente.
Y hace falta reconocer los objetos, porque emparejar lo que no se conoce es imposible.
Con esas dos cosas, el memori de oficios es el paso siguiente natural.
Los errores típicos
Empezar sin haber mirado las cartas, y jugar al azar toda la partida.
Poner demasiadas parejas y agotar la atención.
Y colocar las cartas desordenadas en la mesa, lo cual hace imposible recordar posiciones.
En cuadrícula ordenada
Las cartas en filas y columnas rectas, no amontonadas. La posición se recuerda por su sitio en la cuadrícula.
Es un detalle que cambia por completo la dificultad y que casi nadie cuida.
Y de paso introduce la idea de fila y columna, que sirve para muchas otras cosas.
Otras maneras de usarlas
Clasificar los oficios por dónde se trabaja, ordenarlos, jugar a las adivinanzas con ellos.
Un juego de cartas da para mucho más que su juego original, y esas variantes alargan su vida.
«Pienso en alguien que usa harina» es una adivinanza que se juega en cualquier sitio.
Hablar de los oficios
Qué hace cada uno, dónde trabaja, qué necesita, si alguien de la familia hace ese trabajo.
Es una conversación que a los cinco años interesa mucho y que da vocabulario y mundo a la vez.
Y evita que el juego se quede solo en memoria.
Cuánto por sesión
Dos partidas, quince minutos. Es un juego intenso de atención y cansa más de lo que parece.
Mejor pararlo cuando aún hay ganas y guardarlo a la vista.
Y cambiar de baraja de vez en cuando, para que las posiciones no se aprendan de memoria.
Antes y después de esto
Qué entrena exactamente este juego está en el memori y la memoria visual. Y para qué sirve esa memoria, en memoria de trabajo en niños. El otro juego de mesa para imprimir de esta edad es un tablero por la granja.
Cómo practicarlo jugando
Encuentra la pareja es el mismo mecanismo en pantalla.
Recuerda y encuentra trabaja la memoria visual y Quién falta el recuerdo de un conjunto.
Qué imprimir
Memori de los oficios trae las cartas de persona y herramienta listas para recortar.
Para el memori clásico, Memori para recortar. Y para el vocabulario, Comprensión: los oficios.
Lo esencial
- Este memori empareja por relación y no por parecido, y por eso enseña vocabulario además de memoria.
- Mirar y nombrar todas las cartas antes de empezar es obligatorio: si no, es azar.
- Seis parejas a los cuatro años; ampliar de dos en dos según salga.
- Decir en voz alta lo que se levanta mejora el recuerdo de forma inmediata.
- Las cartas en cuadrícula recta, no amontonadas: la posición es lo que se recuerda.