En un memori normal se levantan dos cartas y se mira si son iguales. Aquí se levantan dos y hay que decidir si encajan: el tren con la vía, el barco con el mar, el metro con «por debajo».
Eso añade una tarea a la de recordar posiciones, y por eso es más difícil y enseña más. Emparejar se practica en Encuentra la pareja.
Mirar las cartas antes
Es el paso obligatorio: extenderlas todas boca arriba, leerlas y emparejarlas sin tapar nada.
Sin eso, el juego se convierte en azar puro, porque no se sabe qué se está buscando y cada pareja encontrada es casualidad.
Cinco minutos de reconocimiento y el juego funciona; sin ellos, no.
La pareja tiene una razón
El tren va por la vía porque tiene ruedas de acero y necesita raíles. El barco va por el mar porque flota. Cada pareja se puede explicar en una frase.
Las parejas con razón se recuerdan muchísimo mejor que las parejas arbitrarias, y por eso conviene decir la razón en voz alta al retirarlas.
Y de paso el juego enseña algo del mundo además de entrenar la memoria.
Empezar con seis parejas
Doce cartas es suficiente para los cinco años. Con veinticuatro, la partida se hace larga y la atención se cae antes del final.
Ampliar de dos en dos parejas, según vaya saliendo, es el ritmo que funciona.
Y es mejor ganar rápido varias veces que sufrir una partida larga y no querer repetir.
En cuadrícula ordenada
Las cartas en filas y columnas rectas, no amontonadas. La posición se recuerda por su sitio en la cuadrícula: «la de arriba a la izquierda».
Es un detalle que cambia por completo la dificultad y que casi nadie cuida.
Y de paso introduce la idea de fila y columna, que sirve para muchas otras cosas.
Decir en voz alta lo que se levanta
«El barco.» Dicho en voz alta se recuerda mejor que mirado en silencio: es un truco de memoria que funciona a cualquier edad.
Y obliga a leer la carta, que es la mitad del objetivo del juego.
Enseñarlo el primer día y hacerlo también el adulto es la manera de que se contagie.
Cuando falla la pareja
Levantar dos que no van juntas no es perder el turno para nada: ahora se sabe dónde están las dos.
Decirlo cambia la actitud del jugador pequeño, que suele vivir cada fallo como un fracaso.
Y es la primera vez que aparece la idea de que un intento fallido deja algo aprovechable, que es una idea grande.
Clasificar después
Con las mismas cartas se puede hacer otra cosa: agrupar por tierra, mar y aire. Tres montones y una conversación de cinco minutos.
Un juego de cartas rinde el triple si no se usa solo para su juego original, y esta variante no cuesta nada.
Y aparecen casos discutibles —el hidroavión, el barco de vela— que dan conversación.
Adivinanzas con las cartas
«Pienso en algo que va por debajo del agua.» Con las cartas boca arriba, adivinar es fácil; boca abajo, es de memoria.
Se juega en cualquier sitio y en dos minutos, y funciona con niños de edades distintas a la vez.
Y obliga a formular la pista sin decir la palabra, que es un ejercicio de lengua en sí mismo.
Guardarlas bien
Un juego al que le falta una carta deja de servir, y las cartas sueltas desaparecen en una semana.
Una bolsa de cierre o un sobre con el nombre escrito resuelve el problema y hace que el juego siga en circulación durante meses.
Encargarle a él la recogida y el recuento al acabar es una responsabilidad pequeña y perfectamente asumible.
Con más de dos jugadores
Con tres, cada uno ve las cartas que levantan los otros dos, así que hay más información que recordar y las partidas son más largas.
Funciona bien a partir de los seis y es muy buena situación para practicar esperar el turno mirando.
Y conviene bajar el número de parejas al añadir jugadores, o la partida se alarga demasiado y el más pequeño de la mesa acaba mirando el techo entre turno y turno.
Contar las parejas al final
Cada uno cuenta las suyas y se comparan. Es una comparación de cantidades con motivo, y nadie protesta por contar cuando hay algo en juego.
Con seis parejas por baraja los números son pequeños y el recuento sale rápido.
Y aparece la pregunta de cuántas más tiene uno que otro, que es una resta con las cartas delante.
Jugar con un adulto que comenta
Un adulto que juega en serio pero dice lo que hace —«esa la he visto antes, estaba aquí»— enseña la estrategia sin explicarla.
Y conviene no dejarse ganar del todo, porque a los cinco años la victoria de verdad se distingue de la regalada.
El adulto puede jugar peor a propósito olvidando cartas, que es mucho más creíble que fallar a la vista.
Qué edad
Seis parejas con las cartas vistas antes, desde los cuatro o cinco.
Diez o doce parejas, a los seis.
Con transportes menos evidentes y más cartas, a partir de los siete.
Antes de esto
Hace falta el memori de dibujos iguales, donde la pareja es evidente y solo hay que recordar.
Y hace falta reconocer los transportes: emparejar lo que no se conoce es imposible.
Con esas dos cosas, este es el paso siguiente natural.
Los errores típicos
Empezar sin haber mirado las cartas y jugar al azar toda la partida.
Poner demasiadas parejas y agotar la atención antes del final.
Y colocar las cartas amontonadas, lo cual hace imposible recordar posiciones.
El dorso tiene que ser opaco
Si el papel es fino, las cartas se transparentan y el juego se acaba antes de empezar.
Imprimir en papel grueso o pegarlas sobre cartulina lo resuelve, y conviene comprobarlo a contraluz antes de la primera partida.
Descubrirlo a mitad de partida decepciona bastante, sobre todo después de haber estado recortando veinticuatro cartas.
Cuánto por sesión
Dos partidas, quince minutos. Es un juego intenso de atención y cansa más de lo que parece.
Mejor pararlo cuando aún hay ganas y guardarlo a la vista.
Y cambiar de baraja de vez en cuando, para que no se aprendan las posiciones de memoria.
Antes y después de esto
Qué entrena exactamente este juego está en el memori y la memoria visual. Y una lista de casa que también se recuerda por su sitio, en la lista junto a la puerta.
Cómo practicarlo jugando
Encuentra la pareja es el mismo mecanismo en pantalla.
Recuerda y encuentra trabaja la memoria visual y Quién falta el recuerdo de un conjunto.
Qué imprimir
Memori de los transportes trae doce parejas listas para recortar.
Para el memori clásico, Memori para recortar. Y para el vocabulario, Comprensión: los transportes.
Lo esencial
- Se empareja por relación y no por parecido: eso añade leer y decidir a recordar.
- Mirar y nombrar todas las cartas antes de empezar es obligatorio.
- Las cartas en cuadrícula recta: la posición es lo que se recuerda.
- Decir en voz alta lo que se levanta mejora el recuerdo de forma inmediata.
- Una pareja fallida no es un turno perdido: ahora se sabe dónde están las dos.