Lectura y lenguaje

Escribir instrucciones: el texto que se puede comprobar

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min

Escribir instrucciones: el texto que se puede comprobar

Es el único tipo de texto que se puede comprobar haciéndolo. Si falta un paso, se descubre solo, y nadie tiene que corregir nada.

Un niño escribe cómo se hace un bocadillo: «coges pan, le pones jamón y ya». Se le pide a alguien que lo siga al pie de la letra, con una barra de pan entera.

La risa que sale de ahí enseña más sobre escribir que veinte correcciones. Y eso es lo que hace especial a este tipo de texto: se puede comprobar.

Qué tiene de distinto

En un cuento no hay manera de saber si está bien. En unas instrucciones, sí: se siguen y o funcionan o no.

Eso quita al adulto del papel de juez. No hace falta decir qué está mal: lo dice la barra de pan sin abrir.

Y le da al niño un motivo real para revisar lo que ha escrito, que es lo más difícil de conseguir a los ocho años.

Es el mismo asunto por el otro lado: seguir instrucciones escritas por otro está en Leer para hacer.

La estructura, que es siempre la misma

Primero, lo que hace falta. Después, los pasos en orden y numerados.

Esa separación resuelve la mitad de los bloqueos, porque convierte un folio en blanco en dos listas.

Y evita el error más común: contar los ingredientes según van apareciendo, de manera que a la mitad hay que ir a buscar algo.

Numerar los pasos importa más de lo que parece: obliga a decidir qué va antes, y eso es donde está el trabajo. Es lo que entrenan Qué va antes y Qué viene después.

Cómo se escribe: corto y sin adornos

Las instrucciones no se adornan. Una frase por paso, con un verbo al principio: «corta», «pon», «espera».

Nada de «entonces con mucho cuidado vas y coges». Eso en un cuento está bien y aquí sobra.

Conviene decirlo antes de empezar, porque muchos niños creen que escribir bien es escribir bonito y aquí es lo contrario.

Y hay un detalle que ayuda: cada paso debe poder hacerse sin leer el siguiente. Si hay que leer dos para saber qué hacer, es que son uno solo mal partido.

La comprobación, que es la actividad entera

Alguien sigue las instrucciones al pie de la letra, sin poner nada de su parte y sin interpretar.

Si pone «pon el jamón en el pan» y el pan está sin abrir, se pone el jamón encima de la barra. La cara del niño en ese momento es la lección.

Y después se arregla el texto, que es la mejor revisión que va a hacer nunca: sabe exactamente qué falta y por qué.

Conviene hacerlo de verdad y no de mentira. Contarlo no funciona; hacerlo, sí.

Qué temas funcionan

Una receta sencilla. Un bocadillo, un zumo, unas tostadas. Se puede comprobar en la cocina.

Cómo llegar a un sitio. Sale el vocabulario de posición y se comprueba andando.

Las reglas de un juego. Difícil y muy útil: hay que decir cuántos juegan, qué hace falta y cómo se gana.

Cómo se cuida algo. Una planta, una mascota, una bici. Aquí aparece lo que no hay que hacer, que en unas instrucciones vale tanto como lo que sí.

Lo que siempre se olvida

Los pasos obvios. Abrir el pan, encender el fuego, lavarse las manos. Son los primeros que desaparecen porque nadie los piensa.

Las cantidades. «Le pones azúcar» no dice cuánta, y ahí es donde una receta se estropea.

El punto final. Muchas instrucciones acaban en el aire y no dicen cuándo está terminado.

Y el orden, cuando dos pasos se pueden hacer a la vez pero uno depende del otro. Eso solo se descubre haciéndolo.

A qué edad

Cinco y seis años. Solo oral: explicar cómo se hace algo mientras se hace, con el adulto preguntando lo que falte.

Siete. Por escrito, con la lista de lo que hace falta y tres o cuatro pasos.

Ocho. Instrucciones más largas y con condiciones: «si ves que la tierra está seca, riégala».

Nueve. Reglas de un juego entero, que es el ejercicio más completo de todos.

Qué se corrige

Nada de redacción. Lo único que importa es si se puede hacer lo que dice.

Si hay faltas de ortografía se dejan para otro momento, porque corregirlas aquí desvía la atención de lo que se está aprendiendo.

Y si el texto queda soso, mejor: unas instrucciones sosas están bien escritas.

Lo que sí conviene señalar es lo que ha funcionado. «He podido hacerlo entero sin preguntarte nada» es el mejor comentario posible.

Los dibujos, que aquí sí ayudan

En unas instrucciones un dibujo no es adorno: es información, y a los siete años es la manera más fácil de explicar algo difícil de decir.

Un plano para llegar a un sitio, un dibujo de cómo queda el bocadillo montado, un esquema del tablero de un juego.

Conviene decir cuándo toca dibujar: cuando explicarlo con palabras ocuparía cinco líneas. Esa es una decisión de verdad y el niño la puede tomar solo.

Y tiene un efecto añadido: quien no encuentra las palabras para un paso puede dibujarlo y seguir, en vez de bloquearse. El texto se termina, que es lo que importa.

Para quién se escribe

Hay una pregunta que cambia el texto entero y conviene hacerla antes de empezar: ¿quién lo va a leer?

Unas instrucciones para un hermano pequeño no son las mismas que para un adulto. Al pequeño hay que decirle más cosas y con palabras más fáciles.

Pensar en el lector es lo más difícil de la escritura y lo que más tarda en llegar. Aquí se puede practicar de verdad, porque el lector existe y está en la habitación de al lado.

Es el mismo trabajo que hay detrás de contar bien algo que ha pasado, en Contar lo que ha pasado: escribir desde fuera de la propia cabeza.

Cuando el paso es demasiado grande

Hay un error que aparece siempre y que merece nombrarse porque tiene arreglo fácil: meter tres cosas en un paso.

«Coge el pan, ábrelo y unta la mantequilla» son tres acciones en una línea. Quien lo sigue hace la primera y se pierde.

La regla que lo resuelve es sencilla y el niño la puede aplicar solo: si en un paso hay más de un verbo, probablemente son dos pasos.

Contar los verbos de cada línea es un ejercicio rápido y sirve de repaso al terminar: se subrayan y se parten las líneas que llevan más de uno.

Cómo practicarlo jugando

Pon la mesa trabaja seguir una consigna con varios elementos, que es la versión jugable de seguir instrucciones.

Qué va antes y Qué viene después entrenan el orden, que es donde está el trabajo de este tipo de texto.

Cinco minutos. Y una instrucción dada de verdad al día, de las que hay que hacer igual.

Qué imprimir

Escribir instrucciones son cuatro hojas con el tema dado: un bocadillo, cómo llegar a un sitio, un juego y cuidar una planta.

Leer instrucciones trabaja el otro lado, que conviene tener antes: entender unas escritas por otro.

Y Escribir una noticia para el otro tipo de texto informativo, donde lo importante va al principio.

Lo esencial

Las instrucciones son el único texto que se puede comprobar haciéndolo, y eso quita al adulto del papel de juez: si falta un paso, lo dice la barra de pan sin abrir. La estructura es siempre la misma —lo que hace falta primero, los pasos numerados después— y la escritura es corta y sin adornos, un verbo por paso. Lo que siempre se olvida son los pasos obvios, las cantidades y el punto final. Y no se corrige la redacción: solo si se puede hacer lo que dice.

Para practicarlo jugando

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