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La tabla de Schulte con letras

Por El equipo de Kodomi Club · 12 de septiembre de 2026 · 7 min

La tabla de Schulte con letras

Veinticinco casillas, la A y la Y, y un cronómetro. Cómo se usa y qué cambia respecto a la versión con números.

Es la tabla de Schulte de siempre con una diferencia: en vez de los números del uno al veinticinco hay letras, de la A a la Y, repartidas en desorden.

La versión con números se puede probar antes en Tablas de Schulte, y conviene tenerla rodada.

Qué entrena una tabla de Schulte

Lo que se ejercita es el campo visual: encontrar la casilla siguiente sin recorrer la tabla entera con el dedo, viendo varias casillas a la vez.

Y la atención sostenida, que es lo que se agota a mitad de un ejercicio de clase y lo que hace que las últimas respuestas sean peores que las primeras.

Son dos cosas medibles, y el hecho de que se puedan medir es media razón de que funcione.

Por qué con letras

El abecedario es un orden que el niño ya se sabe y que además le hace falta a diario: es lo que ordena el diccionario, la lista de clase y el índice de un libro.

Con números, el orden es automático desde los cinco años. Con letras, todavía hay un pequeño esfuerzo, y ese esfuerzo se automatiza aquí.

El resultado se nota buscando una palabra en el diccionario, que es una tarea que muchos niños hacen despacio por esto y no por otra cosa.

La mirada en el centro

La regla que cambia el ejercicio: la vista se queda quieta en el centro de la tabla y las letras se buscan con la visión periférica.

Cuesta al principio y es justo lo que se está entrenando. Si se recorre casilla por casilla con el dedo, la tabla no sirve de nada.

Ayuda poner un punto en el centro con el lápiz y decir que hay que mirarlo mientras se señalan las letras.

Señalar sin escribir

No se escribe nada: se van tocando las letras en orden con el dedo o con la punta del lápiz sin apoyar.

Eso mantiene el ejercicio en lo visual y evita que la mano marque el ritmo, que es lo que pasa cuando hay que escribir.

Y permite repetir la misma tabla varias veces sin gastarla.

El renglón del tiempo

Debajo de cada tabla hay un sitio para apuntar los segundos. Sin ese renglón la tabla es un pasatiempo; con él es una medida.

Lo que importa no es el número de hoy: es que el de la semana que viene sea más bajo. Compararse consigo mismo es lo que sostiene las ganas.

Y conviene apuntar la fecha al lado, porque en un mes se olvida cuándo fue cada intento.

Cronometrar sin que sea un examen

El reloj de cocina o el cronómetro del móvil, puestos por el propio niño, funcionan mucho mejor que un adulto tomando el tiempo.

En cuanto el adulto sostiene el reloj, la tabla se convierte en una prueba, y con nervios los tiempos empeoran.

Si aparece la ansiedad, se quita el cronómetro y se hace sin tiempo unas semanas.

Dos intentos por hoja

Cada hoja trae dos tablas distintas para hacer seguidas. El segundo intento casi siempre es mejor, y eso motiva.

Más de dos o tres seguidas no aportan: el ejercicio es corto por naturaleza y estirarlo solo produce cansancio.

Cinco minutos al día durante dos semanas rinden mucho más que media hora un sábado.

El tamaño de la tabla

Cinco por cinco es la medida clásica y la que cabe cómodamente en un campo visual. Con letras, además, es la que llega hasta la Y sin repetir.

Empezar por cuatro por cuatro es razonable con los que se agobian, aunque con letras se queda corta enseguida.

Ir más allá de cinco con letras no tiene sentido: no hay abecedario suficiente sin meter letras raras.

Cuando se salta una letra

Es el fallo típico y casi siempre es la misma: la ka, la uve doble o la equis, que se usan poco.

No conviene corregir a mitad de tabla; se deja terminar y después se comenta.

Y si se repite, se puede escribir el abecedario en una tira de papel al lado, como referencia, hasta que deje de hacer falta.

Del diccionario a la tabla y al revés

Después de unas semanas de tablas, buscar una palabra en el diccionario se hace notablemente más rápido, y merece la pena señalarlo.

También la lista de clase, el índice de un libro y los nombres de una carpeta.

Esa transferencia es la razón de hacerlo con letras en vez de con números, y conviene hacerla visible.

No es un examen de nada

Un tiempo alto no significa nada por sí solo. La gracia del ejercicio es la curva propia, no la comparación con otro niño ni con una tabla de referencia.

Comparar hermanos con esto es la manera más rápida de que uno de los dos no quiera volver a hacerlo.

Si se hace en grupo, cada uno con su hoja y su tiempo, y no se dicen los números en voz alta.

Dónde se nota fuera

En copiar de la pizarra, que exige encontrar rápido dónde se había quedado. En buscar un dato en una tabla. En leer sin saltarse renglones.

Son tareas donde el ojo tiene que saltar a un sitio concreto y volver, y eso es exactamente lo que entrena la tabla.

No es magia y no arregla la lectura sola, pero quita una fricción que estaba ahí.

Cuánto tiempo mantenerlo

Dos o tres semanas seguidas y después se deja unas cuantas. La mejora se estanca enseguida si se hace todos los días durante meses.

Volver al cabo de un mes con las mismas tablas y comparar los tiempos es lo que más engancha.

Y si deja de apetecer, se para: es un ejercicio voluntario por naturaleza.

Antes de esto

Hace falta saberse el abecedario en orden sin dudar, y hace falta reconocer las letras sueltas fuera de una palabra.

Si el orden todavía se recita con una canción y hay que empezar desde la A cada vez, esto es prematuro.

También hace falta poder estar tres minutos concentrado, que a los seis años no siempre está.

Qué edad

Con la tabla de cuatro por cuatro y sin cronómetro, a los siete.

Con cinco por cinco y el tiempo apuntado, a los ocho o nueve.

Con mayúsculas y minúsculas mezcladas, a partir de los nueve o diez.

Los errores del adulto

Cronometrar uno mismo. Corregir a mitad de tabla. Y hacer cinco seguidas el primer día porque parecía que gustaba.

También comparar el tiempo con el de otro niño, que es lo único que consigue que se abandone.

El papel del adulto aquí es preparar la hoja y apuntarse a hacerla también, que suele ser lo que más gracia hace.

Antes y después de esto

La versión con números está en las tablas de Schulte, y el orden alfabético, en el orden de las letras. La variante más difícil está en mayúsculas y minúsculas a contrarreloj.

Cómo practicarlo jugando

Tablas de Schulte es la versión con números y sirve para coger el método antes de pasar a las letras.

Aprende las letras asegura el reconocimiento suelto y Busca la casilla el salto de la mirada a un punto concreto.

Qué imprimir

Tablas de Schulte de letras trae seis tablas de cinco por cinco con su renglón para el tiempo.

Con números, Tablas de Schulte. Y más grandes, Tablas de Schulte de siete.

Lo esencial

  • Se entrena el campo visual: ver varias casillas a la vez sin recorrerlas.
  • Con letras, además, se automatiza el orden alfabético que hace falta a diario.
  • La mirada se queda en el centro y las letras se buscan con la visión periférica.
  • El tiempo se apunta y se compara con el propio, nunca con el de otro niño.
  • Dos tablas por sesión y dos o tres semanas seguidas; después se descansa.

Para practicarlo jugando

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