Dos círculos que se solapan crean cuatro zonas: lo que cumple la primera condición, lo que cumple la segunda, lo que cumple las dos y lo que no cumple ninguna. Y la que da problemas no es la de en medio, como suele creerse: es la de fuera.
Un niño acepta sin dificultad que un delfín vive en el agua y respira aire. Lo que se resiste a aceptar es que un árbol esté en la hoja sin pertenecer a ningún círculo. Clasificar en grupos cerrados, como en Clasifica en cestas, no prepara para eso.
Las dos preguntas por separado
El método es siempre el mismo y hay que decirlo en voz alta: para cada palabra, dos preguntas independientes. ¿Vive en el agua? ¿Respira aire?
Con las dos respuestas ya está decidido dónde va, sin necesidad de mirar el dibujo de los círculos. Sí y sí, al medio; sí y no, al de la izquierda; no y no, fuera.
El fallo típico es intentar decidir la zona directamente, de un vistazo. Ahí es donde aparecen los errores, y ahí es donde el método los quita.
La zona de fuera no está vacía
En una hoja bien hecha hay siempre alguna palabra que no cumple ninguna condición, y eso es a propósito.
Si todas las palabras cayeran dentro de algún círculo, el niño aprendería que siempre hay que meterlas en algún sitio, y eso es falso.
El marco rectangular alrededor de los círculos representa «todo lo demás», y conviene señalarlo antes de empezar: aquí también se puede escribir.
La parte de en medio es fácil de explicar
«Está en los dos» se entiende enseguida si se dice con el gesto: las dos manos formando círculos que se cruzan, y algo que cae donde se superponen.
Lo que ayuda es un ejemplo evidente y propio: alguien de la casa que sea a la vez alto y moreno, cuando los dos círculos son «altos» y «morenos».
Con un ejemplo de personas conocidas, la idea entra en treinta segundos y después se traslada a cualquier otra pareja de criterios.
Los casos que se discuten
Un pingüino tiene plumas y no vuela. Un murciélago vuela y no tiene plumas. Una ballena vive en el agua y respira aire.
Esos son los casos buenos y merecen conversación en vez de corrección. Muchos adultos también dudan, y decirlo no resta autoridad: la da.
Y hay algunos que dependen de cómo se defina el criterio. Un patinete eléctrico tiene motor, pero ¿y uno normal? Ahí hay que precisar la condición, que es una lección lógica de primera.
Definir antes de clasificar
Cuando aparece un caso dudoso, la pregunta útil no es dónde va, sino qué queríamos decir exactamente con el criterio.
«Vive en el agua» ¿significa siempre o a veces? Una rana vive en los dos sitios. Con el criterio afinado, la duda se resuelve sola.
Ese hábito —precisar la definición antes de discutir el caso— es de las cosas más útiles que se pueden aprender a los nueve años, y sirve mucho más allá de una ficha.
De la ficha al mundo
Los diagramas de dos círculos aparecen en cualquier sitio donde se cruzan dos categorías: los que van al comedor y los que se quedan a extraescolares, los que juegan al fútbol y los que van a inglés.
Hacer uno con la clase o con la familia es el mejor ejercicio, porque los datos son verdaderos y las zonas se llenan discutiendo.
Y da un resultado que se puede leer: cuántos hay en cada zona, cuál está más llena, quién es el único que está en las dos.
La numeración de la hoja
Las cosas no se escriben enteras dentro de los círculos: se escriben los números. Cada palabra lleva su número abajo y en el círculo va sólo la cifra.
Es un detalle práctico y evita el problema de que no quepa nada. Y de paso obliga a manejar dos representaciones de lo mismo, que es otra habilidad.
La hoja de respuestas del adulto lleva un esquema pequeño con los números colocados, para no tener que resolverlo cada vez.
Cuando hay tres círculos
Con tres, las zonas pasan de cuatro a ocho y la cosa se vuelve seria. Es de once o doce años y conviene no adelantarlo.
La razón no es la dificultad de dibujarlo, es que hay que sostener tres condiciones a la vez para cada elemento, y eso es carga de memoria de trabajo.
Con dos círculos bien dominados, el paso a tres es cuestión de método y no de comprensión, y por eso merece la pena asentar los dos.
Lo que entrena de fondo
Sostener dos criterios independientes, que es el corazón de la lógica y aparece en cualquier búsqueda: los libros de aventuras que además sean cortos.
Aceptar que algo puede no pertenecer a ninguna categoría, que es más difícil de lo que parece y muy útil.
Y precisar definiciones, que es lo que separa una discusión productiva de una que da vueltas.
Los errores que dicen algo
Si lo mete todo dentro de algún círculo, es que no ha entendido la zona de fuera. Se corrige poniendo un ejemplo absurdo: «¿y una silla vuela o tiene plumas?».
Si acierta las zonas simples y falla la de en medio, casi siempre es que decide con la primera condición y se olvida de comprobar la segunda.
Y si duda mucho en varios, conviene mirar si conoce las palabras. Un niño que no sabe qué es un avestruz no puede clasificarlo, y eso no es un problema de lógica.
A qué edad
A los seis y siete años, con dos criterios muy claros y pocas palabras. Y con las cosas escritas dentro, no con números.
A los ocho y nueve, doce palabras, números y casos discutibles. Es la edad de esta ficha.
De diez en adelante, criterios que hay que definir, datos propios de la clase y el paso a tres círculos. Y ahí ya es una herramienta de organizar información.
Con datos de la clase
El mejor diagrama es el que se hace con personas: los que tienen hermanos y los que van a inglés, los que comen en el comedor y los que hacen deporte.
Ahí las zonas se llenan preguntando, y la de fuera aparece sola con quien no cumple ninguna de las dos condiciones y está igualmente en la clase.
Y da un resultado que se lee: cuántos hay en cada zona, quién es el único que está en las dos, si hay alguien fuera de todo.
Antes y después de esto
La versión fácil está en los dos círculos que se cruzan, y la clasificación en general, en clasificar para aprender.
Repartir en dos montones va antes: dos montones y una regla. Y el intruso, en decir con una palabra qué son.
Cómo practicarlo jugando
Clasifica en cestas trabaja un solo criterio, que es el paso anterior.
¿Qué sobra? entrena el descarte, y ¿Dónde vive cada uno? usa una categoría del mundo animal.
Qué imprimir
Los dos círculos, más difíciles trae tres diagramas con doce palabras cada uno y casos que se discuten.
Los dos círculos es la versión de siete años, y Clasificar por dos criterios, el paso previo.
Lo esencial
- Lo difícil no es la parte de en medio: es aceptar la zona de fuera.
- Dos preguntas independientes por palabra, y la zona sale sola.
- Si todas las palabras caen dentro de algún círculo, la hoja enseña algo falso.
- Los casos discutibles se resuelven precisando el criterio, no votando.
- Tres círculos son ocho zonas y llegan a los once o doce años, no antes.