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Los dos círculos que se cruzan

Por El equipo de Kodomi Club · 10 de septiembre de 2026 · 8 min

Los dos círculos que se cruzan

Clasificar por dos rasgos a la vez hace aparecer una categoría nueva: lo que cumple los dos. Y otra: lo que no cumple ninguno.

Clasificar por un rasgo se hace desde los tres años: esto es rojo y esto no. Por dos a la vez es otra cosa, porque aparece una categoría que nadie había nombrado: lo que cumple los dos.

Un murciélago vuela y es mamífero. Con dos cajas separadas no cabe en ninguna de las dos, y el niño se atasca con razón. Dos círculos que se cruzan resuelven eso de un vistazo. Clasificar se practica en Clasifica en cestas.

Con dos cuerdas en el suelo

La primera vez conviene hacerlo con las manos: dos cuerdas puestas en círculo en el suelo, cruzadas, y objetos de verdad para colocar.

Poner un objeto en la zona común con la mano deja la idea instalada mucho mejor que escribir un número en una hoja.

Y provoca la conversación buena: alguien coge algo que no cumple ninguna de las dos condiciones y pregunta dónde va. Ahí empieza lo interesante.

Las cuatro zonas

Solo la primera condición, solo la segunda, las dos, y ninguna. Cuatro zonas, y la cuarta se olvida siempre.

Por eso el dibujo lleva un marco alrededor de los dos círculos: lo que no cumple nada va dentro del marco pero fuera de los círculos.

Sin ese marco, esas cosas se quedan sin sitio y el niño cree que ha hecho algo mal, cuando lo que pasa es que faltaba una zona.

Elegir bien las dos condiciones

Si las dos condiciones no se solapan nunca, no hace falta el diagrama. Si se solapan siempre, tampoco. Lo interesante está en medio.

«Vuelan» y «tienen plumas» funciona muy bien porque hay ejemplos de las cuatro zonas: el gorrión, la gallina, la mariposa y el perro.

Preparar unas condiciones con ejemplos en las cuatro zonas es la mitad del trabajo del adulto.

Los casos discutibles

«¿El pingüino vuela?» No, y descubrirlo es más valioso que colocar diez animales fáciles. Lo mismo con el avestruz.

Esos casos hay que meterlos a propósito, porque obligan a comprobar en vez de suponer.

Y si hay discusión, mejor: un diagrama sirve precisamente para poner de acuerdo a dos personas sobre dónde va cada cosa.

Con números también

«Múltiplos de dos» y «múltiplos de tres» es el mismo ejercicio con números, y el trozo del medio son los múltiplos de seis.

Descubrir eso a los diez años es un momento bonito y no requiere ninguna explicación previa: sale de colocar los números.

Es de los pocos sitios donde una herramienta de clasificar enseña algo de aritmética.

Y con palabras

«Empieza por m» y «tiene cuatro letras», o «lleva tilde» y «es un verbo». El diagrama funciona igual con cualquier par de condiciones comprobables.

Usarlo en lengua y no solo en ciencias es lo que hace ver que es una herramienta y no un tema.

Y de paso obliga a comprobar las dos cosas en cada palabra, que es un buen ejercicio de atención.

Dibujarlo ellos

El paso siguiente es que elijan las dos condiciones y coloquen las cosas. Elegir condiciones que den ejemplos en las cuatro zonas es difícil de verdad.

Se puede plantear como un reto: inventa dos condiciones y diez cosas, y que las cuatro zonas queden con algo dentro.

Quien consigue eso ha entendido el diagrama entero y no hace falta comprobar nada más.

Para qué sirve después

Para ordenar información en cualquier asignatura, y para leer los diagramas que aparecen en los libros de ciencias.

En secundaria vuelve con nombre propio, en conjuntos, y con símbolos. Quien lo ha usado con cuerdas y animales lo reconoce enseguida.

Y fuera del colegio sirve para pensar: mucha discusión se aclara distinguiendo lo que cumple las dos cosas de lo que cumple solo una.

El «o» y el «y» del lenguaje

El trozo del medio es el «y»: vuela y tiene plumas. Los dos círculos juntos son el «o»: vuela o tiene plumas, o las dos cosas.

Esa diferencia entre «y» y «o» produce muchísimos malentendidos, también entre adultos, y aquí se puede ver dibujada.

Vale la pena decirlo con esas palabras a los diez años: es el primer contacto con la lógica y se entiende perfectamente con los círculos delante.

El diagrama no es el objetivo

Lo que se aprende no es a dibujar dos círculos: es a comprobar dos condiciones antes de decidir. El dibujo es solo donde se apunta.

Por eso conviene usarlo con contenidos de verdad —animales, palabras, números— y no como un ejercicio abstracto repetido.

Cuando el niño empieza a usar el diagrama por su cuenta para ordenar algo suyo, el tema está aprendido.

Qué edad

Con objetos y cuerdas, desde los cinco o seis.

Con la hoja impresa y palabras, a los siete u ocho.

Con números y condiciones abstractas, a los nueve o diez.

Antes de esto

Hace falta clasificar por un rasgo sin dudar: esto sí, esto no.

Y hace falta poder comprobar la condición, no suponerla. Si no se sabe si un pingüino vuela, hay que poder ir a mirarlo.

Con esas dos cosas, el diagrama se entiende en una tarde.

Los errores típicos

Colocar en el trozo del medio todo lo que da dudas, como si fuera la zona de «no sé».

Olvidar la zona de fuera y forzar todas las cosas dentro de algún círculo.

Y comprobar solo una de las dos condiciones antes de decidir.

Un juego para la mesa

Uno piensa dos condiciones secretas y va colocando cosas en el diagrama; el otro tiene que adivinar cuáles son las condiciones.

Es difícil, divertido y obliga a razonar al revés: de la colocación a la regla.

Funciona a partir de los nueve años y a los adultos también les cuesta.

Con tres círculos

Existe y se puede enseñar a los once, pero conviene esperar: con tres condiciones hay ocho zonas y la hoja se vuelve un laberinto.

Si aparece la curiosidad, se dibuja uno y se mira, sin obligar a rellenarlo.

Dos círculos bien entendidos valen mucho más que tres a medias.

Cuánto por sesión

Un diagrama con doce cosas, quince minutos, y una conversación sobre los casos dudosos.

Mejor uno bien discutido que tres rellenados deprisa.

Y siempre acabando con la pregunta de qué hay en cada zona, dicho en voz alta.

Antes y después de esto

Por qué clasificar es una habilidad y no un entretenimiento está en clasificar para aprender. Y el paso siguiente, con filas y columnas, en la casilla donde se cruzan.

Cómo practicarlo jugando

Clasifica en cestas entrena la clasificación por un rasgo, que es el paso previo.

Qué sobra pide encontrar el criterio y Dónde vive cada uno comprobar una condición antes de colocar.

Qué imprimir

Los dos círculos trae tres diagramas con doce cosas cada uno y las soluciones zona por zona.

Para clasificar por un rasgo, Qué sobra en cada grupo. Y para la tabla, Clasificar por dos criterios.

Lo esencial

  • Con dos condiciones aparece una categoría nueva: lo que cumple las dos.
  • Y una cuarta zona que siempre se olvida: lo que no cumple ninguna.
  • Las condiciones tienen que dar ejemplos en las cuatro zonas, o el diagrama no enseña nada.
  • Los casos discutibles —el pingüino, el avestruz— son los que más valen.
  • El trozo del medio no es la zona de «no sé»: es la de «las dos cosas».

Para practicarlo jugando

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