Un niño de cinco años recita los días de la semana enteros y sin fallar. Se
le pregunta qué día va después del jueves y empieza: «lunes, martes,
miércoles…».
No se los ha olvidado. Es que tiene la serie como una cantinela —una cosa que
se dice entera— y todavía no como una lista por la que se puede uno mover.
Recitar y manejar
Son dos cosas distintas, y la primera llega años antes.
Recitar es memoria: se aprende como una canción y sale entero o no sale. Es
exactamente igual que contar del uno al diez sin saber cuántos son cinco.
Manejar la serie es poder entrar por cualquier punto, saber qué va antes y
qué después, y contar hacia atrás. Eso es lo que después permite decir «dentro de
tres días» sin contar con los dedos desde el lunes.
La comprobación es una pregunta: «¿qué día va antes del sábado?». Si para
contestar recita desde el principio, todavía está en la primera fase — que a los
cinco años es lo normal.
Lo que hace difícil el tiempo
Los días, los meses y las horas comparten un problema que no tienen los
números: no se ven.
Cinco manzanas se pueden poner encima de la mesa. Un martes no. Y tres días
tampoco: hay que esperarlos.
Por eso lo que más ayuda es cualquier cosa que convierta el tiempo en algo
que ocupa espacio. Un calendario colgado donde se tachan los días. Una tira de
papel con los siete días en fila. Un calendario de adviento, que es la mejor
enseñanza de «cuánto falta» que existe.
Ese trabajo de ordenar cosas que pasan una detrás de otra es lo que entrena
Qué va antes, con imágenes y sin necesidad de
esperar nada.
Los días, y por qué unos cuestan más
Se aprenden hacia los cuatro o cinco años, y no todos por igual.
Los que primero se fijan son los que tienen algo pegado: el sábado y el
domingo, porque no hay colegio. Y el lunes, porque se vuelve. Los del medio
—martes, miércoles, jueves— se confunden entre sí durante bastante tiempo.
Lo que más ayuda es engancharlos a lo que pasa: el día de piscina, el día que
viene la abuela, el día de la basura. Con dos o tres anclas, los demás se
colocan solos.
Y hay una trampa de escritura: miércoles y sábado llevan tilde, y la
abreviatura de miércoles es X para no chocar con martes. Merece señalarlo cuando
aparezca en un horario.
Los meses, que cuestan bastante más
Son doce en vez de siete, y sobre todo vuelven una sola vez al año en vez de
cada semana. Esa es toda la diferencia.
Un niño ve cincuenta y dos veces cada día de la semana al año, y una sola vez
cada mes. Por eso los meses tardan dos o tres años más en asentarse, y por eso no
hay que preocuparse si a los seis todavía bailan.
Los anclajes que funcionan son los cumpleaños de casa y las fiestas: «tu
cumple es en mayo, el de la abuela en agosto, la Navidad en diciembre». Con
cuatro o cinco puntos fijos, el resto se sitúa entre ellos.
Cuántos días tiene cada uno va bastante después y no hay prisa: es un dato
que un adulto también consulta. Para cuando llegue, aquí está entero:
Los meses del año en orden y cuántos días tiene cada uno
| N.º | Mes | Días |
| 1 | enero | 31 |
| 2 | febrero | 28 (29 en año bisiesto) |
| 3 | marzo | 31 |
| 4 | abril | 30 |
| 5 | mayo | 31 |
| 6 | junio | 30 |
| 7 | julio | 31 |
| 8 | agosto | 31 |
| 9 | septiembre | 30 |
| 10 | octubre | 31 |
| 11 | noviembre | 30 |
| 12 | diciembre | 31 |
El calendario, que es una tabla
Merece señalarse porque casi nadie lo dice: un calendario mensual es una
tabla de doble entrada, y suele ser la primera que maneja un niño.
La columna dice el día de la semana; la fila, la semana del mes. Para saber
qué día cae el 15 hay que cruzar las dos, exactamente igual que para buscar la
casilla B3 — está contado en Filas y columnas.
Y esconde una serie preciosa: todos los números de una misma columna se
llevan siete. Descubrirlo a los siete años produce bastante sorpresa y enseña
más de lo que parece sobre cómo funcionan los números.
Ayer, hoy y mañana
Antes de los nombres hay algo más básico y que cuesta más de lo que parece:
situarse en el tiempo.
A los cuatro años, «ayer» significa cualquier cosa que ya pasó —incluido el
verano pasado— y «mañana» cualquier cosa que va a pasar. La distinción fina
llega hacia los cinco o seis.
Y hay una capa más difícil: anteayer y pasado mañana, que exigen contar dos
pasos desde hoy. Esos llegan hacia los siete.
Se practican hablando y sin ningún material: «¿qué hicimos ayer?», «¿qué toca
mañana?». Preguntado a diario, se coloca solo.
Cuánto es una semana
Hay una pregunta que descoloca a muchos niños de seis años y que merece
trabajarse: cuánto dura realmente un plazo.
«Dentro de una semana» no significa nada si no se puede ver. Tachar los días
en un calendario colgado lo convierte en algo que se mira, y de paso quita la
pregunta de «¿cuánto falta?» repetida veinte veces.
Funciona especialmente bien con algo esperado: un cumpleaños, un viaje, el
final del curso. El niño tacha él, y al ver el montón de casillas que quedan
entiende la duración mejor que con cualquier explicación.
Las rutinas semanales, que enseñan solas
La manera más eficaz de que los días se coloquen no es ningún ejercicio: es
que la semana tenga forma.
Si el martes hay natación, el jueves viene la abuela y el viernes se come
pizza, cada día tiene algo que lo distingue. Un niño con esa estructura aprende
los días sin que nadie se lo proponga, porque cada nombre significa algo.
Sin ninguna rutina fija, los cinco días de colegio son intercambiables y no
hay nada a lo que agarrarse. De ahí que los del medio —martes, miércoles,
jueves— sean los que más cuestan: son los que menos suelen tener algo propio.
No hace falta inventar actividades. Basta con nombrar en voz alta lo que ya
pasa: «hoy es jueves, el día que recogemos a tu prima».
Las abreviaturas del horario
Hacia los siete años aparece el horario de clase, y con él una convención que
nadie explica: los días abreviados.
L, M, X, J, V. Y la equis en lugar del miércoles descoloca a todo el mundo la
primera vez — está ahí porque la eme ya la usa el martes y hacía falta otra letra.
Los días de la semana y su abreviatura en el horario
| Día | Abreviatura | Por qué esa letra |
| lunes | L | la inicial |
| martes | M | la inicial |
| miércoles | X | la M ya es del martes |
| jueves | J | la inicial |
| viernes | V | la inicial |
| sábado | S | la inicial |
| domingo | D | la inicial |
Contarlo cuesta diez segundos y evita bastante confusión al leer el horario,
el calendario de la cocina o cualquier cuadro de actividades. Y de paso es un
buen ejemplo de que las abreviaturas son acuerdos y no reglas.
Cómo practicarlo jugando
Estaciones del año trabaja el ciclo
largo, que es donde se colocan los meses.
Qué va antes y Qué viene después entrenan el orden de los
hechos, que es la habilidad de fondo: si no se sostiene qué pasó primero, tampoco
se sostiene qué día va antes.
Cinco minutos. Y un calendario colgado a su altura, que hace más que las tres
cosas juntas.
Qué imprimir
Los días de la semana
tiene series con huecos que empiezan por miércoles o por viernes a propósito:
son las que obligan a moverse por la lista en vez de recitarla desde el lunes.
Y una hoja entera hacia atrás.
Los meses del año hace lo
mismo con los doce, y añade las estaciones.
Después, Escribir el
calendario, con rejillas vacías para colocar los números sabiendo en qué día
empieza el mes.
Y cuando eso salga, Leer el
calendario: el mes ya escrito y preguntas sobre él, que es para lo que sirve
un calendario de verdad.
Lo esencial
Recitar los días y manejarlos son dos cosas distintas: la comprobación es
preguntar qué va antes del sábado y ver si recita desde el lunes. El tiempo
cuesta porque no se ve, así que lo que ayuda es convertirlo en espacio —un
calendario colgado, una tira de papel, casillas que se tachan—. Los meses tardan
dos o tres años más que los días porque vuelven una vez al año en vez de cada
semana, y se anclan en cumpleaños y fiestas. Y el calendario es la primera tabla
de doble entrada que maneja un niño, años antes de que nadie le hable de
coordenadas.