«Ana no tiene el perro ni la tortuga.» Esa frase, sola, no dice qué tiene
Ana. Junto con «Marta le tiene miedo a los perros» y «Luis saca a su mascota
a pasear», sí lo dice, y además dice lo que tienen los otros dos.
Ese es el mecanismo de una tabla lógica, y es el primer problema escolar
donde la respuesta no está en ningún dato sino en el cruce de varios.
Descartar lo que no encaja, que es la operación básica, es lo que pide Qué sobra con dibujos.
Es la idea que hay que instalar y no es obvia. A un niño le suena raro que
«Ana no tiene el perro» sirva para algo: no le han dicho qué tiene, le han
dicho qué no tiene.
Pero si hay tres opciones y se caen dos, queda una. Esa aritmética de
descartar es lo que hace funcionar el problema entero, y conviene decirlo con
esas palabras: «cada vez que tachas algo, te acercas».
Es también un hábito mental muy útil fuera de aquí: buscar unas llaves
descartando dónde no están, elegir entre opciones eliminando las
imposibles.
La cuadrícula es la herramienta
Sin la cuadrícula, el niño intenta llevar tres pistas en la cabeza, se
pierde a la tercera y abandona. No es falta de capacidad: son tres relaciones
simultáneas y eso no cabe en la memoria de trabajo de nadie a los ocho
años.
La cuadrícula guarda lo deducido. Una cruz donde algo es imposible, un
círculo donde es seguro, y lo que ya se sabe deja de tener que recordarse.
Aprender que un problema puede necesitar un soporte donde apuntar es tan
valioso como el razonamiento en sí. Es exactamente lo mismo que hace un
adulto cuando escribe una lista antes de decidir.
La regla de la fila y la columna
Hay una segunda regla que hay que enseñar y que muchos niños no descubren:
cuando una casilla se marca como segura, todas las demás de su fila y de su
columna se tachan.
Si Ana tiene el gato, entonces Ana no tiene nada más —se tacha su fila— y
nadie más tiene el gato —se tacha su columna—. Una sola deducción llena
cuatro casillas.
Esa cascada es lo que hace que el problema se abra de golpe a partir de
cierto punto, y es la parte más satisfactoria. Merece la pena señalarla la
primera vez: «mira todo lo que has averiguado con una sola pista».
Leer todas las pistas antes de marcar
La primera pista casi nunca es la más informativa. Un niño que empieza por
ella y se queda ahí concluye que el problema es imposible.
El método es leerlas todas, decidir cuál permite tachar algo de entrada, y
empezar por esa. Suele ser una que dice «no» de manera muy concreta, o una
que nombra a alguien dos veces.
Es el mismo gesto que en los cuadrados mágicos y en los nonogramas: mirar
el problema entero y elegir por dónde entrar en vez de empezar por el
principio.
Las pistas que no lo parecen
Algunas pistas informan sin nombrar a nadie directamente. «El que tiene el
gato se sienta al lado de Luis» dice, sobre todo, que Luis no tiene el gato:
nadie se sienta al lado de sí mismo.
Esas son las interesantes y las que más cuestan. Cuando aparezca una, vale
la pena pararse y preguntar: «entonces, ¿qué sabemos seguro?». La respuesta
suele estar escondida en una frase que parecía de adorno.
Con dos o tres de estas, el niño empieza a leer las pistas buscando qué
implican y no solo qué dicen. Eso es comprensión lectora aplicada.
Tres es el tamaño para empezar
Con tres personas y tres cosas hay nueve casillas y el problema se resuelve
en cinco minutos. Es el tamaño que permite ver el método funcionando entero
sin agotarse.
Con cuatro, el salto es de estrategia y no de tamaño, y conviene esperar a
que los de tres salgan solos. De eso va el artículo sobre los de
cuatro.
No hay ninguna prisa por subir. Tres problemas de tres bien hechos enseñan
más que uno de cuatro abandonado a la mitad.
Cómo ayudar sin resolver
La ayuda que funciona es una pregunta, no un dato. «¿Qué pista todavía no
has usado?» desatasca casi siempre, porque el bloqueo suele ser haber
olvidado una.
La segunda: «¿hay alguna fila con un solo hueco?». Y la tercera, para
cuando ha marcado un círculo y no ha seguido: «¿y qué pasa con el resto de su
fila?».
Lo que no ayuda es dar una respuesta. En un problema de nueve casillas,
dar una es dar tres, y entonces lo ha resuelto el adulto.
Comprobar al final
Un hábito que conviene instalar: cuando esté resuelto, releer las pistas
una por una y comprobar que la solución las cumple todas.
Es rápido —tres frases— y cierra el ejercicio de una manera muy
satisfactoria. Además enseña algo que vale para los problemas de matemáticas:
la solución tiene que encajar con todos los datos, no solo con el último que
se usó.
Qué edad
Ocho o nueve años para los de tres. Antes de eso, el problema de fondo no
es la lógica sino la lectura: hay que leer tres frases largas, retenerlas y
relacionarlas, y a los siete eso ya es bastante trabajo por sí solo.
Hay una versión previa que sí funciona antes, y es oral: el adulto dice
las pistas y el niño va contestando. Sin lectura de por medio, la parte
lógica se puede trabajar desde los seis.
Inventar uno es otro ejercicio
Cuando resuelva tres o cuatro sin ayuda, hay una vuelta de tuerca que vale
por diez: que escriba él un problema para otro.
Ahí aparece la dificultad de verdad. Hay que elegir la solución primero,
después redactar pistas que lleven hasta ella, y comprobar que no sobra
ninguna ni falta ninguna. Un problema con una pista de más se resuelve igual;
uno con una de menos no tiene solución única, y descubrir esa diferencia es
una lección de lógica entera.
Se hace con muchas ganas porque el destinatario es alguien de casa. Y como
tiene que funcionar de verdad, el niño acaba comprobando su propio problema
con el mismo método con el que resuelve los ajenos.
Cómo practicarlo jugando
Sudoku para niños es el
entrenamiento más directo de la deducción por descarte: la casilla vacía se
saca mirando qué falta en su fila y en su columna.
Qué sobra trabaja decidir qué no pertenece
a un grupo, y Clasifica en cestas
practica aplicar un criterio, que es la base de todo esto. En el artículo sobre encontrar lo que no
encaja está el recorrido completo.
Qué imprimir
Las Tablas lógicas son tres
problemas de tres por tres —las mascotas, la merienda y los deportes— con la
cuadrícula, un hueco para apuntar y las soluciones explicadas paso a
paso.
Cuando salgan solos, las Tablas lógicas de cuatro
son el escalón siguiente. Y para deducción sin lectura, los Nonogramas para empezar.
Lo esencial
- Es el primer problema donde la respuesta no está en ningún dato: sale de
cruzar varios.
- Una pista negativa informa. Cada vez que se tacha algo, se está más
cerca.
- La cuadrícula no es adorno: guarda lo deducido y evita que se pierda a la
tercera pista.
- Cuando una casilla se marca segura, se tacha toda su fila y toda su
columna. Esa cascada es lo que abre el problema.
- Se leen todas las pistas antes de marcar nada: la primera casi nunca es
la más útil.