En un problema de lógica de cuatro por cuatro, ninguna pista da una respuesta directa. Casi todas dicen lo que no es, y la solución sale de tachar hasta que en una fila queda una sola casilla libre.
Es el primer problema de la vida escolar donde el resultado no está en ningún dato sino en el cruce de varios. Y la cuadrícula no es decoración: es lo que impide perderse. Descartar por una regla se entrena en ¿Qué sobra?.
Leer las cuatro pistas antes de marcar
Aquí hay pistas que no sirven hasta que otra ha despejado el terreno. Quien va marcando según lee se atasca en la primera.
Leer las cuatro y después decidir por cuál empezar es media solución.
Y casi siempre hay una que es directa —«Diego tiene la azul»—: por esa se empieza.
Cruz para descartar, círculo para confirmar
Dos símbolos y nada más. La cruz dice «esto no», el círculo dice «esto sí».
Usar siempre los mismos es importante, porque el niño tiene que poder leer su propia cuadrícula diez minutos después.
Y conviene hacerlos pequeños y a lápiz: se van a corregir.
El paso que se olvida
En cuanto se confirma una casilla, hay que tachar el resto de su fila y de su columna. Ese segundo paso es el que casi siempre se olvida.
Sin él, la cuadrícula no avanza y el problema parece que no tiene solución.
Enseñarlo como una regla mecánica —confirmar y tachar ocho— funciona mejor que explicarlo.
Las pistas indirectas
«Quien tiene la tortuga tiene la mascota que vive más años». Hay que saber algo del mundo para usarla.
Ese tipo de pista es lo que hace que el problema no sea puramente formal, y a algunos niños les cuesta más que la lógica.
Si se atasca ahí, la ayuda es de conocimiento y no de razonamiento: se le dice qué animal vive más y sigue solo.
Las pistas de comparación
«El que hace judo es más bajo que Teresa» no dice quién hace judo: dice que Teresa no lo hace.
Traducir la pista a lo que descarta es el paso que hay que enseñar explícitamente.
Preguntar «¿qué casilla puedes tachar con esto?» después de cada pista convierte el problema en una rutina.
Cuando queda una sola libre
Si en una fila hay tres cruces, la cuarta casilla es la respuesta aunque ninguna pista lo diga.
Ese razonamiento —lo que queda cuando se ha descartado todo— es el corazón del ejercicio.
Y es el mismo que se usa en un sudoku y en cualquier examen de opción múltiple.
Comprobar al final
Con la solución completa, releer las cuatro pistas y ver que todas se cumplen.
Si una no se cumple, hay un error en algún paso y hay que rehacerlo, no forzarlo.
Es la única comprobación posible y hay que hacerla siempre, porque un error temprano se propaga sin avisar.
De tres a cuatro
Con tres personas y tres cosas se puede resolver de cabeza. Con cuatro, no.
Ese es justamente el valor del salto: obliga a usar la cuadrícula y a aceptar que hay problemas que necesitan soporte.
Conviene hacer varios de tres primero, y decir en voz alta cuándo llega el momento de coger papel.
Apuntar para pensar
Es la lección más importante de todo el ejercicio y va mucho más allá de la lógica.
Un problema que no cabe en la cabeza no se resuelve pensando más fuerte: se resuelve escribiendo.
Quien lo aprende a los nueve años lo aplica después en matemáticas, en estudiar y en organizarse.
Contarlo en voz alta
«Como Berta no tiene la roja ni la azul, le quedan verde o amarilla». Decirlo mientras se marca hace visible el razonamiento.
Y permite corregir el paso concreto donde se pierde, en vez de decirle que está mal.
Es además la mejor manera de que un adulto vea si está deduciendo o adivinando.
Los errores típicos
No tachar la fila y la columna al confirmar. Es el número uno con diferencia.
Marcar una casilla por intuición sin que ninguna pista lo justifique.
Y abandonar en la tercera pista porque no dice nada nuevo, sin ver que sí dice algo cuando se cruza con la primera.
Cuando no sale
La ayuda que sirve es preguntar por una pista concreta: «¿qué te dice la tres?».
Nunca dar una casilla resuelta: eso quita el problema entero, porque cada casilla arrastra a las demás.
Y si se ha bloqueado del todo, mejor empezar de cero con la cuadrícula limpia que arreglar una llena de marcas dudosas.
Escribir uno propio
Se elige la solución primero y después se escriben pistas que la determinen sin decirla.
Es difícil y sale mal las dos primeras veces: o sobran pistas o falta información.
Ajustarlo es donde se entiende de verdad cómo funciona la deducción, y es un ejercicio para los diez u once años.
El orden en que se colocan los nombres
La cuadrícula viene con las personas en las filas y las cosas en las columnas, pero podría ser al revés y sería el mismo problema.
Hacerlo notar quita la idea de que hay una forma correcta de dibujarla y ayuda cuando tenga que hacer una él.
Lo único que no puede cambiar es que cada persona esté en una sola fila y cada cosa en una sola columna.
Leer la solución razonada
La hoja de soluciones no da solo el resultado: da el orden en que se deduce cada cosa.
Leerla después de haberlo resuelto enseña casi más que resolverlo, porque muestra un camino más corto.
Y con un problema que no ha salido, leerla paso a paso parando en cada línea es la mejor manera de recuperarlo.
Qué edad
Problemas de tres por tres con pistas directas, desde los siete u ocho.
De cuatro por cuatro con pistas de descarte, a partir de los ocho o nueve.
Con pistas de comparación e indirectas, a los nueve o diez.
Por qué son distintos de un sudoku
En un sudoku la información está toda en el tablero. Aquí está repartida entre el texto y la cuadrícula.
Eso añade una dificultad de lectura que un sudoku no tiene, y por eso conviene tener el sudoku cogido antes.
A cambio, aquí la deducción es más corta y la satisfacción llega antes.
Cuánto por sesión
Uno. Un problema de cuatro por cuatro bien hecho, con su comprobación, son quince o veinte minutos.
Dos seguidos rinden peor porque el segundo se hace con la cabeza ya cansada.
Y va bien alternarlos con acertijos, que trabajan lo mismo sin cuadrícula.
Antes y después de esto
Los problemas de lógica más sencillos, de tres por tres, están en los primeros problemas de lógica. Y por qué a partir de cierto punto hay que escribir para poder pensar, en cuando hay que apuntar para pensar.
Cómo practicarlo jugando
¿Qué sobra? entrena descartar por un criterio, que es lo que hace cada pista.
¿Quién falta? trabaja la deducción por eliminación y Sudoku para niños el mismo razonamiento en cuadrícula.
Qué imprimir
Tablas lógicas difíciles trae tres problemas de cuatro por cuatro con la cuadrícula y la solución razonada paso a paso.
Si aún cuesta, antes Tablas lógicas. Y para el cruce de dos datos sin pistas, Tablas de doble entrada.
Lo esencial
- Se leen las cuatro pistas antes de marcar nada, y se empieza por la que da algo directo.
- Al confirmar una casilla hay que tachar el resto de su fila y de su columna: ese paso es el que se olvida.
- Las pistas de comparación no dicen quién es: dicen quién no es, y hay que traducirlas.
- Cuando en una fila quedan tres cruces, la cuarta casilla es la respuesta aunque nadie lo diga.
- Al terminar se releen las cuatro pistas para comprobar que todas se cumplen.