Juegos y actividades

Una rejilla de cinco

Por El equipo de Kodomi Club · 12 de septiembre de 2026 · 7 min

Una rejilla de cinco

Cinco nombres, cinco cosas y cuatro pistas. Lo que cambia respecto a la rejilla de cuatro y por qué es más que una fila más.

Pasar de cuatro filas a cinco no parece gran cosa y lo es: con cinco, la última casilla ya casi nunca sale de una pista, sale de haber descartado todo lo demás.

Ese razonamiento por eliminación se practica en pequeño en Qué sobra antes de llegar a la rejilla.

Dos marcas, no una

Cuando una pista dice que algo no puede ser, se pone una cruz. Cuando dice que sí, se pone un círculo y se tacha el resto de esa fila y de esa columna.

Ese barrido después del círculo es lo que hace avanzar la rejilla, y es lo que más se olvida.

Sin él, el niño lee todas las pistas, no saca nada y cree que faltan datos.

Cada cosa es de uno solo

La regla implícita del juego: si Uxía tiene la mochila roja, nadie más la tiene y ella no tiene ninguna otra.

Suena obvio y es la fuente de la mitad de las deducciones. Conviene decirlo en voz alta antes del primer acertijo.

Es la misma idea que en el sudoku, y quien ha hecho sudokus la reconoce enseguida.

Las pistas no van en orden

Se pueden leer en cualquier orden, y conviene volver a la primera cuando parece que no se puede seguir.

Casi siempre hay una pista que al principio no decía nada y que, con dos casillas ya tachadas, resuelve la rejilla entera.

Enseñar a releer es más útil que enseñar a deducir: la deducción sale sola cuando se relee.

Las pistas negativas también sirven

«Óscar no tiene el gato ni el conejo» no coloca a nadie y sin embargo quita dos casillas, y esas dos casillas pueden ser la clave.

Muchos niños se saltan las pistas que no dan una respuesta directa. Marcarlas igual es media técnica.

Después se ve que una fila con cuatro cruces coloca la quinta sin que nadie lo diga.

Marcar en lápiz

La rejilla se llena de cruces y a veces hay que rectificar. Con lápiz y goma se rectifica; con boli se convierte en un borrón.

Y permite volver a usar la hoja copiada, o repetir el acertijo al cabo de un mes cuando ya no se recuerda.

Es un detalle práctico y evita bastantes abandonos.

El descarte final

En una rejilla de cinco, la última pareja casi nunca la dice una pista: queda porque todo lo demás está tachado.

Ese momento es el que hay que señalar, porque es la primera vez que se llega a una conclusión sin que nadie la afirme.

Es la idea de demostración por eliminación, en pequeño y a los diez años.

Comprobar al final

Cuando la rejilla está completa, se releen las cuatro pistas comprobando que ninguna se incumple. Cuesta un minuto y caza los errores.

Si alguna falla, no hay que empezar de cero: se busca la casilla que la contradice y se sigue el hilo hacia atrás.

Esa comprobación es un hábito que después sirve en los problemas de matemáticas.

Cuando hay dos soluciones

Si al terminar quedan dos posibilidades, es que se ha usado mal una pista o que falta releer. Un acertijo bien hecho tiene solución única.

Conviene decirlo, porque el niño que llega a dos soluciones suele pensar que el acertijo está mal.

Y buscar el fallo es tan instructivo como resolverlo a la primera.

Pistas que comparan

«Pau entrena antes que Rosa» no coloca a ninguno de los dos por sí sola, pero con dos días libres los coloca a los dos.

Ese tipo de pista relacional es lo que distingue una rejilla de cinco de una de cuatro, donde casi todo es directo.

Merece la pena pararse en ella y preguntar qué dice y qué no dice.

La hoja de soluciones explica el camino

No basta con dar la respuesta: lo que enseña es el orden en que se llega, pista a pista.

Por eso conviene leerla incluso cuando el acertijo ha salido, para comparar el camino propio con otro posible.

Y cuando no ha salido, se lee solo la primera línea y se vuelve a intentar.

Inventar uno propio

El paso siguiente es fabricar una rejilla para otro: se decide la solución primero y después se escriben las pistas que la determinan.

Ahí se descubre lo difícil que es que la solución sea única, y esa dificultad enseña más que resolver diez.

Con tres filas basta para empezar; de cinco es un trabajo de verdad.

Leer bien el enunciado

Casi todos los fallos vienen de haber dado por supuesto algo que no ponía. Leer despacio y subrayar los nombres ayuda.

Conviene leer las cuatro pistas enteras antes de marcar nada, para tener el panorama.

Y releer en voz alta la que no se entiende, que muchas veces se aclara sola al oírla.

Con hermanos de edades distintas

La rejilla se presta a repartir el trabajo: el mayor lee las pistas y el pequeño marca las cruces, y después se cambian los papeles.

Al pequeño le llega la mecánica sin tener que sostener el enunciado entero, y al mayor le toca explicar, que es lo que más le hace pensar.

Es de los pocos ejercicios de lógica que funcionan igual de bien con dos niños de edades distintas delante.

Cuánto por sesión

Un acertijo por sesión. Son quince o veinte minutos de concentración alta y dos seguidos se hacen peor.

Si se atasca más de diez minutos, se deja y se vuelve al día siguiente: casi siempre sale a la primera con la cabeza fresca.

Abandonar sin resolverlo del todo también está bien; lo que no vale es que se lo resuelva el adulto.

Antes de esto

Hace falta haber hecho rejillas de tres y de cuatro, y hace falta la costumbre de marcar cruces y círculos.

También hace falta leer con atención un enunciado de cuatro líneas sin perderse.

Si la rejilla de cuatro todavía se resuelve por tanteo, esta se hace demasiado grande.

Qué edad

Con rejillas de cuatro, a los ocho o nueve.

Con cinco filas y pistas directas, a los nueve o diez.

Con pistas relacionales y descarte final, a los once o doce.

Los errores del adulto

Dar la pista que falta. Corregir sobre la marcha. Y presentar el acertijo como un examen de listura.

Lo que hay que enseñar es el método —marcar, barrer, releer—, y con el método resuelto la solución llega sola.

Y conviene resolver uno delante del niño, en voz alta y equivocándose, que es la mejor demostración de que se puede volver atrás.

Antes y después de esto

El razonamiento por descarte está en deducir en vez de adivinar, y el escalón anterior, en problemas de lógica de cuatro. Para seguir con acertijos sueltos, acertijos que no salen a la primera.

Cómo practicarlo jugando

Qué sobra entrena descubrir el criterio y descartar lo que no encaja.

Busca la casilla practica el cruce de fila y columna, que es la mecánica de la rejilla, y Recuerda y encuentra la memoria de trabajo que pide.

Qué imprimir

Tablas lógicas de cinco trae tres acertijos con su rejilla y la explicación paso a paso.

Antes conviene Tablas lógicas de cuatro, y para empezar de cero, Tablas lógicas.

Lo esencial

  • Cruz para lo que no puede ser, círculo para lo que sí, y después se barre fila y columna.
  • Las pistas negativas no colocan a nadie y muchas veces son las decisivas.
  • Releer desde la primera pista es lo que desatasca, no pensar más fuerte.
  • La última pareja sale por descarte: ese momento hay que señalarlo.
  • Al terminar se comprueban las cuatro pistas una por una.

Para practicarlo jugando

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