Grafomotricidad

Niños zurdos: qué cambia de verdad y qué no

Por El equipo de Kodomi Club · 31 de agosto de 2026 · 8 min

Niños zurdos: qué cambia de verdad y qué no

La mano no es el problema. El problema es que todo —el papel, las tijeras, la luz, el sitio en la mesa— está pensado para diestros. Qué se ajusta y cómo.

Uno de cada diez niños escribe con la izquierda, y en casi todas las casas donde eso pasa aparece la misma inquietud: si le va a costar más, si hay que hacer algo, si conviene «probar» con la derecha.

La respuesta corta es que ser zurdo no complica escribir. Lo que complica son unos cuantos detalles del entorno —la inclinación del papel, el sitio en la mesa, las tijeras— que están pensados para la otra mano y que se ajustan en un minuto cada uno. En pantalla, de hecho, la diferencia desaparece: en Trazar letras el dedo va por el mismo recorrido sea cual sea la mano, sin que nada se manche ni se tape.

Cuándo se sabe de qué mano es

Antes de los tres años, un niño usa las dos indistintamente y no significa nada. Entre los tres y los cuatro empieza a preferir una, y hacia los cinco o seis la preferencia se asienta.

Conviene no forzar la elección en ningún sentido, y hay una manera sencilla de no influir sin darse cuenta: dejar el lápiz, las tijeras o la cuchara en el medio de la mesa, delante del niño, y ver con qué mano lo coge. Si se le pone a un lado, lo coge con la mano de ese lado y no se sabe nada.

Hay niños que dudan más tiempo, que escriben con una y comen con otra, o que cambian durante meses. Todo eso entra dentro de lo normal. Lo único que conviene evitar es empujarle a usar la derecha «porque es más cómodo»: la comodidad no la decide la estadística, la decide su mano.

Lo único que de verdad importa: la inclinación del papel

Si hubiera que quedarse con un solo consejo de todo este artículo, sería este.

Un diestro escribe de izquierda a derecha alejándose de la mano: ve lo que escribe y no lo pisa. Un zurdo va hacia la mano: la mano tapa lo que acaba de escribir y arrastra el trazo si aún está fresco.

Se arregla girando el papel. Para un zurdo, la hoja se inclina con la esquina superior derecha hacia arriba —unos veinte o treinta grados, girada hacia la derecha—, que es exactamente el espejo de cómo la pone un diestro. Con eso, la mano queda por debajo de la línea de escritura y deja de taparla.

Es un ajuste de dos segundos y es lo que evita el mayor problema de los zurdos, que no es escribir mal sino escribir con la muñeca doblada en gancho por encima de la línea. Esa postura —que aparece cuando el papel está recto y no hay otra forma de ver— cansa muchísimo la mano y es difícil de quitar después.

El lápiz y el punto de agarre

El agarre correcto es el mismo para las dos manos: pinza de tres dedos. Lo que cambia es una cosa concreta, y es dónde se cogen los dedos.

Un zurdo necesita coger el lápiz un poco más arriba de lo habitual —a unos tres centímetros de la punta en lugar de dos—, porque si lo agarra muy abajo, los propios dedos le tapan la letra que está haciendo. Con un centímetro más de distancia ve lo que escribe sin doblar la muñeca.

Sobre el resto del agarre no hay nada especial que decir: lo mismo que para cualquiera, y está contado en Cómo coger bien el lápiz.

La mesa, la luz y las tijeras

El sitio. Si escribe al lado de otro niño, el zurdo va a la izquierda. Así los codos no chocan, que parece una tontería y arruina una tarde entera de deberes.

La luz. Un diestro necesita la luz por la izquierda para no hacerse sombra; un zurdo, por la derecha. Es el mismo ajuste al revés y casi nadie lo hace.

Las tijeras. Aquí sí hay un problema real y con solución comprable. Unas tijeras normales tienen las hojas montadas de modo que, usadas con la izquierda, el corte queda tapado por la propia hoja y el papel se dobla en vez de cortarse. No es torpeza: es que la herramienta no encaja. Las tijeras para zurdos cuestan poco y cambian por completo la experiencia de recortar.

Los cuadernos de espiral. La espiral queda justo debajo de la mano. Con cuadernos cosidos o de hojas sueltas se acabó el problema.

Lo que no hay que hacer

Cambiarle la mano. Ni de pequeño ni «solo para escribir». No hay ninguna ventaja que compense escribir toda la vida con la mano que no es la suya.

Tampoco conviene tratarlo como un tema. Un niño al que se le recuerda cada tarde que es zurdo y que por eso le cuesta acaba creyéndose que le cuesta. Los ajustes se hacen y ya está — se inclina el papel, se compran las tijeras, se cambia de sitio en la mesa, y no hace falta comentarlo más.

Y no hay que atribuir a la mano cualquier dificultad que aparezca. Si le cuesta el trazo, la solución es la misma que para cualquier niño al que le cuesta el trazo: más trabajo de mano y menos exigencia de letra bonita.

Cómo practicarlo jugando

La ventaja de la pantalla aquí es que quita de en medio todo lo que complicaba: no hay tinta que se corra, ni mano que tape, ni papel que colocar.

Trazar letras entrena el recorrido y la dirección de cada letra, que es lo mismo para las dos manos. Simetría trabaja algo especialmente útil para un zurdo: darse cuenta de que una figura y su reflejo son cosas distintas, que es justo lo que hay detrás de escribir alguna letra al revés.

Y Dictado en cuadrícula asienta izquierda y derecha como direcciones del papel y no del cuerpo, que a un niño zurdo le sirve tanto como a cualquier otro y a veces se le enseña peor.

Qué imprimir

Exactamente las mismas hojas que para un diestro; no hacen falta materiales distintos. Trazos y líneas para empezar y Sombrear sin salirse después, que además tiene una ventaja concreta: al rayar se ve enseguida si la mano está tapando la zona, y ahí se corrige la inclinación del papel sin discusión.

Un detalle práctico con las hojas de trazo: si el modelo está impreso a la izquierda y hay que repetirlo a la derecha, un zurdo lo tapa con su propia mano mientras escribe. Se resuelve doblando la hoja o poniendo el modelo arriba. Es el tipo de cosa que nadie piensa al diseñar una ficha y que se arregla en un segundo.

El marco general de por dónde empezar está en Grafomotricidad: por dónde empezar.

Lo esencial

Ser zurdo no complica escribir: lo complica el entorno, y se ajusta en unos minutos. Lo más importante con diferencia es inclinar el papel hacia la derecha, al revés que un diestro, para que la mano no tape la línea ni se doble en gancho. Después vienen coger el lápiz un centímetro más arriba, sentarse a la izquierda de los demás, la luz por la derecha y unas tijeras de zurdo, que sí son necesarias. Nunca se cambia de mano, y conviene no convertirlo en un tema de conversación diaria.

Para practicarlo jugando

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