Repasar un círculo y repasar una seta son dos ejercicios distintos. El círculo es una línea continua sin sorpresas; la seta tiene una curva grande, un cambio de dirección donde empieza el pie y unos puntos pequeños que hay que rodear sin comerse el borde.
Ese es el escalón siguiente al de las figuras: el mismo trazo con una exigencia nueva. Y sigue siendo el mismo recorrido guiado que enseña Traza las letras, sólo que con un objeto reconocible al final.
Por qué grande
Quince centímetros no es para que se vea mejor: es para que no se pueda trazar con los dedos. A ese tamaño hay que mover el antebrazo, y ese es el movimiento que se está construyendo.
Con un dibujo pequeño, la mano se queda quieta y trabajan sólo las falanges, que es justo el orden inverso al que conviene.
Además, un contorno grande deja sitio para colorear después sin que la hoja se convierta en un ejercicio de precisión imposible.
El punteado tiene que ser fino
Un detalle técnico que decide si la hoja sirve: la línea de puntos tiene que ser más fina que el trazo del lápiz, no más gorda.
Si el punteado es grueso, el niño pinta encima y no se ve lo que ha hecho; y si además está impreso muy oscuro, el resultado no se distingue del original.
Por eso el contorno va en gris claro y en línea fina. Lo que tiene que verse al terminar es el trazo del niño, no la plantilla.
Qué se mira mientras repasa
Tres cosas, y ninguna es la belleza del resultado. Si sigue la línea o va por libre, si levanta el lápiz muchas veces y si respeta los cambios de dirección.
Levantar el lápiz cada dos centímetros es la señal más clara de que el tamaño le viene grande, y entonces conviene bajar a figuras más simples una temporada.
Y el punto donde se sale siempre dice algo: casi todos se salen en las curvas cerradas, que es donde hay que girar la muñeca y no sólo avanzar.
Girar el papel
El truco que resuelve la mitad de los problemas es el mismo que en la tijera: para una curva difícil, se gira el papel y no la mano.
Los adultos lo hacemos sin darnos cuenta y los niños no lo descubren solos. Decirlo una vez y hacerlo delante cambia el trazo del mismo día.
Con niños que trabajan con la hoja fija con celo —que a veces se hace para que no se mueva— este recurso desaparece, y conviene tenerlo en cuenta.
Colorear después
El color viene al final y es libre: la manzana puede ser azul. La parte que se está trabajando es el trazo, y el color está para que la hoja se termine con ganas.
Aun así, colorear dentro del contorno recién repasado tiene su propio valor: obliga a respetar un borde que uno mismo acaba de hacer.
Y da una comprobación bonita: si el contorno quedó abierto en algún punto, al colorear se escapa por ahí. El error se ve solo.
De aquí a las letras
Una letra es un contorno con reglas: se empieza en un punto concreto, se va en una dirección y se cierra donde toca. Todo eso ya se ha practicado aquí sin la presión de que signifique algo.
El orden que funciona es líneas, figuras, contornos de objetos y letras. Saltarse el tercer paso es lo que hace que la letra salga temblorosa y a trocitos.
Y las letras que más se parecen a estos contornos son las redondas: la o, la a, la e. Empezar por ellas después de repasar setas y flores es casi continuidad.
Cuánto rato
Dos contornos por sesión y se guarda. Una hoja de seis seguidos convierte un ejercicio corto en una tarea larga y la mano se cansa antes del cuarto.
La mano cansada traza peor, y una hoja que empieza bien y acaba mal deja peor recuerdo que una hoja corta terminada entera.
Dos o tres veces por semana es suficiente a esta edad. Lo que hace avanzar es la frecuencia, no la cantidad de una vez.
El mismo trazo sin papel
Repasar en el aire con el dedo, en la espalda de un adulto, en la arena, en el cristal empañado. Todo eso construye el mismo recorrido con más cuerpo y sin la exigencia de la puntería.
Y hay una versión que gusta mucho: repasar con el dedo mojado sobre una superficie oscura, porque el trazo se ve y desaparece.
Con niños que se bloquean ante el papel, empezar por ahí durante una semana suele desatascar la cosa sin que haya que insistir.
Cuando el contorno no le sale
Si se sale mucho, casi siempre falta velocidad y no le sobra: los trazos muy lentos tiemblan más que los que van a ritmo.
Ayuda hacerlo primero rápido con el dedo, dos o tres veces, y sólo después despacio con el lápiz. La mano ya sabe el camino y lo repite mejor.
Y si se sale siempre por el mismo sitio, el problema es de esa curva concreta: se practica sola, suelta, cinco veces en un papel aparte.
Los objetos que funcionan
Los que tienen una silueta clara y pocos detalles: una pelota, una flor, una seta, un abeto, un pato. Nada con partes finas ni con muchos huecos.
Y conviene que sean cosas que el niño reconozca sin ayuda. Repasar el contorno de algo que no sabe qué es le quita la mitad del sentido.
Los que peor funcionan son los que tienen elementos separados —dos ojos, unas patas finas—, porque obligan a levantar el lápiz y el trazo se fragmenta.
A qué edad
A los tres años, líneas y figuras muy simples. Un contorno con detalles todavía no.
A los cuatro y cinco, contornos de objetos grandes con pocas partes. Es la edad de esta ficha.
De seis en adelante, contornos con detalles interiores y tamaños más pequeños, ya en camino de la letra. Y de vez en cuando uno grande, como calentamiento antes de escribir.
Antes y después de esto
El mapa de la etapa está en grafomotricidad: por dónde empezar, y el trabajo de rellenar, en rellenar y colorear.
Las figuras grandes que van antes están en figuras del tamaño de un palmo. Y elegir el color, en elegir el lápiz antes de pintar.
Cómo practicarlo jugando
Traza las letras practica el recorrido guiado, que es lo mismo con otra forma.
Une los puntos pide trazos largos y continuos, y Colorea como el modelo trabaja el color de después.
Qué imprimir
Repasar y colorear trae seis contornos grandes en línea de puntos fina.
Trazos y líneas prepara la mano, y Cenefas para empezar añade el patrón que se repite.
Lo esencial
- Un objeto tiene curvas y cambios de dirección que una figura geométrica no tiene.
- El tamaño grande no es para verlo mejor: es para que trabaje el antebrazo.
- El punteado va fino y gris, o el trazo del niño no se distingue de la plantilla.
- Para las curvas difíciles se gira el papel, no la mano.
- Un trazo muy lento tiembla más: primero rápido con el dedo, después con el lápiz.