Un gráfico de barras es un montón de cosas ordenadas por altura para poder compararlas de un vistazo. Dicho así parece poco y es exactamente lo que hace útil un gráfico: convierte una lista de números en una imagen que se lee sin contar.
Y hay tres tipos de pregunta, con dificultades muy distintas. Comparar dos cantidades es lo que entrena Mayor, menor o igual; el gráfico añade el paso de leer la altura.
Las tres preguntas
La primera es «¿cuántos tiene este?», y se contesta siguiendo la barra hasta la escala. Es la fácil y la que todos aciertan.
La segunda es «¿quién tiene más?», y se contesta sin leer ningún número: basta con mirar cuál es la barra más alta. Es la que demuestra para qué sirve un gráfico.
La tercera es «¿cuántos más tiene este que aquel?», y es una resta. Ahí falla mucha gente, porque hay que leer dos valores y operar con ellos.
La escala hay que mirarla
El error más común no es de lectura sino de escala: si cada raya vale dos, una barra que llega a la tercera raya vale seis y no tres.
Conviene señalarla antes de contestar nada, y decir en voz alta cuánto vale cada raya. Con esa comprobación hecha, la mitad de los errores desaparecen.
Y es una habilidad que después vale para cualquier gráfico de periódico, donde la escala está elegida a propósito para dar una impresión u otra.
Dibujar enseña lo que leer no enseña
Cuando hay que dibujar las barras a partir de una tabla, aparece algo que leyendo no aparece: la altura tiene que ser proporcional y hay que respetar la escala en todas.
El fallo típico es dibujar la primera bien y las demás a ojo, y que el conjunto no sea comparable. Ahí se ve si la idea de escala está.
Y aparece la decisión de qué escala usar: si el dato mayor es doce, cada raya no puede valer uno si sólo hay ocho rayas. Elegir la escala es la parte de diseño.
Los datos propios lo cambian todo
Un gráfico de «libros leídos por Ana, Luis y Marta» es un ejercicio. Un gráfico de cuántos hermanos tiene cada uno de la clase es otra cosa: los datos son verdad y él los ha recogido.
Con datos propios, las preguntas salen solas y son mejores: quién tiene más hermanos, cuántos son hijos únicos, si sale lo que esperábamos.
Y aparece el paso previo, que es el que menos se practica: recoger los datos. Preguntar a veinte personas y apuntar es un trabajo con su método.
De las marcas al gráfico
La forma más simple de recoger datos es una raya por cada caso, agrupadas de cinco en cinco. Eso ya es contar y ordenar a la vez.
Y con las rayas hechas, el gráfico es casi automático: la altura de cada barra es cuántas rayas hay. El niño ve de dónde sale cada barra.
Ese camino —contar, apuntar, dibujar, leer— es la cadena completa, y hacerla entera una vez enseña más que veinte gráficos ya dibujados.
Los datos que se pueden recoger
Cómo venimos al colegio, qué mascota tiene cada uno, cuántos días ha llovido este mes, qué merienda gana, de qué color son los coches que pasan en diez minutos.
Los mejores son los que tienen una pregunta detrás que a él le interesa: si gana el chocolate o la fruta, si llueve más en marzo o en abril.
Y los que se pueden repetir: los coches que pasan un martes y un domingo, y comparar los dos gráficos. Ahí ya se está haciendo una investigación.
Las barras y las categorías
Cada barra es una categoría y no un número, y eso no es evidente. Las barras no van en orden creciente por sí solas: se ordenan por lo que se quiera.
Ordenarlas de mayor a menor hace el gráfico más fácil de leer, y descubrir eso es un buen momento. No siempre conviene, pero saber que se puede elegir sí.
Y hay un detalle que se salta siempre: las barras tienen que tener el mismo ancho y estar separadas por lo mismo. Si no, el gráfico engaña sin querer.
El título y las etiquetas
Un gráfico sin título no dice nada, y un eje sin unidad tampoco. «Doce» no informa: doce libros, doce días, doce niños son cosas distintas.
Pedir siempre el título y la unidad convierte el dibujo en una comunicación, que es lo que un gráfico es.
Y es la primera vez que un niño produce algo pensado para que lo lea otro. Esa idea —que hay un lector— es la misma que hay detrás de escribir bien.
Cuando el gráfico no es de barras
El de barras es el primero y el más honesto. El de líneas viene después y sirve para otra cosa: lo que cambia a lo largo del tiempo.
Confundir los dos es común: un gráfico de líneas con categorías en vez de tiempo sugiere una continuidad que no existe.
No hace falta explicarlo a los ocho años, pero sí usar cada uno donde toca, para que la distinción se instale por el uso.
Los errores que dicen algo
Si lee mal las alturas, casi siempre es la escala. Se comprueba preguntando cuánto vale una raya.
Si acierta las lecturas y falla las comparaciones, lo que falla es la resta, no el gráfico. Y se trabaja aparte.
Y si dibuja barras de anchos distintos, no es descuido: es que todavía ve el gráfico como un dibujo y no como una medida. Ahí ayuda usar cuadrícula.
A qué edad
A los seis años, gráficos con objetos reales puestos en filas: los montones de la clasificación convertidos en columnas.
A los siete y ocho, leer y dibujar barras con escala de uno en uno. Es la edad de esta ficha.
De nueve en adelante, escalas de dos y de cinco, recogida de datos propios y comparación de dos gráficos. Y de ahí, a los gráficos de líneas.
Antes y después de esto
El primer gráfico está en el primer gráfico de barras, y sacar datos de una tabla, en leer una tabla de datos.
Las coordenadas, con el mismo cruce de dos direcciones, están en primero la letra y después el número. Y los datos del comedero, en un comedero en la ventana.
Cómo practicarlo jugando
Mayor, menor o igual entrena la comparación rápida que pide la segunda pregunta.
A contar asienta el conteo con el que se recogen los datos, y Compara las operaciones trabaja decidir sin calcular.
Qué imprimir
El gráfico de la clase trae dos gráficos para leer y uno con la tabla puesta para dibujar las barras.
Gráficos de barras añade más de lo mismo, y Tablas y gráficos conecta las dos representaciones.
Lo esencial
- Hay tres preguntas: cuánto tiene uno, quién tiene más y cuánto se diferencian. La tercera es una resta.
- El error más común es de escala: hay que decir en voz alta cuánto vale cada raya.
- Dibujar las barras enseña la proporción, que leerlas no enseña.
- Con datos propios las preguntas salen solas y el gráfico se entiende.
- Sin título y sin unidad, un gráfico no comunica nada.