Cálculo y matemáticas

Antes de la resta: quitar, comparar y completar

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min

Antes de la resta: quitar, comparar y completar

8 − 3 puede significar tres cosas muy distintas, y solo se enseña una. Cuando el problema viene con las otras dos, el niño no reconoce la resta aunque sepa restar.

Un niño que resuelve 8 − 3 sin pestañear se queda parado ante «Ana tiene ocho cromos y Luis tres, ¿cuántos tiene Ana de más?». Y la reacción típica es pensar que el problema es de comprensión lectora.

Casi nunca lo es. Lo que pasa es que la resta no es una sola operación: son tres situaciones distintas que se escriben igual y se piensan de maneras que no se parecen. En clase se enseña una, y las otras dos aparecen en los problemas sin que nadie las presente.

Las tres restas

Quitar. «Tenía ocho caramelos, me como tres.» Es la única que se enseña de entrada y la que todo el mundo tiene en la cabeza. Hay una cantidad inicial, desaparece una parte y queda el resto. Se resuelve tachando.

Comparar. «Ana tiene ocho y Luis tres, ¿cuántos más tiene Ana?» Aquí no desaparece nada: las dos cantidades siguen enteras. Hay que emparejarlas y ver qué sobra. Es la más difícil de reconocer con diferencia.

Completar. «Tengo tres y necesito ocho, ¿cuántos me faltan?» Tampoco se quita nada — se añade. Y sin embargo la operación es una resta, lo cual desconcierta a cualquiera.

Las tres dan 5, y para un niño de siete años son tres problemas sin parentesco. Reconocer que las tres son la misma operación es el aprendizaje real de este curso, y está por debajo de calcular bien — algo parecido a lo que se cuenta en Restar: por qué cuesta más.

Para la parte de calcular sin más, Restar jugando hace su trabajo; lo que no puede hacer un juego de operaciones es enseñar a reconocer cuál de las tres situaciones tiene delante.

Por qué comparar es la difícil

En «quitar» hay una acción que se puede hacer: se cogen ocho cosas y se apartan tres. El niño lo representa con las manos sin explicación.

En «comparar» no hay nada que hacer. Las dos cantidades están ahí, completas, y la respuesta no es ninguna de las dos: es la diferencia, que no está en ningún sitio hasta que uno la construye.

La manera de que se vea es emparejar físicamente. Ocho fichas en una fila, tres en otra justo debajo, cada una alineada con la de arriba. Lo que sobra al final de la fila larga es la respuesta, y ahí sí se ve.

Ese emparejar uno a uno es lo mismo que trabaja Mayor, menor o igual, y por eso conviene que esté cómodo antes de meterse en problemas de comparar.

Completar, que es una resta disfrazada

Es la tercera y tiene una particularidad útil: los niños la resuelven bien mucho antes de saber que es una resta.

«Tengo tres y quiero ocho» se resuelve contando hacia delante: cuatro, cinco, seis, siete, ocho — cinco. Ningún niño de seis años ve ahí una resta y todos la resuelven.

Aprovechar eso es lo que hace que la resta deje de dar miedo. Cuando 14 − 9 cuesta, se puede replantear como «de nueve a catorce, ¿cuántos faltan?» y sale sola. Es el mismo cálculo por un camino mucho más cómodo, y conviene enseñarlo como estrategia y no como truco.

De paso conecta con la suma: restar y completar son la misma relación mirada desde dos lados, que es exactamente lo que trabaja Descompón el número.

Cómo se enseñan las tres

Con objetos y con las tres situaciones en la misma sesión, que es lo que casi nunca se hace.

Quitar: ocho garbanzos, se apartan tres, se cuenta lo que queda.

Comparar: ocho en una fila y tres debajo, emparejados. Se cuenta lo que sobra.

Completar: tres en la mesa y se pide llegar a ocho. Se cuenta lo que se ha añadido.

Y al final, la pregunta que lo une todo: «¿te has fijado en que en las tres ha salido cinco?». Esa observación, hecha por el adulto una vez y descubierta por el niño la segunda, es el objetivo entero.

Las palabras que avisan de cuál es

En los problemas escritos hay pistas, y merece la pena señalarlas porque a los siete años nadie las ve solo.

«Se come», «se rompe», «se va», «regala» → quitar.
«Cuántos más», «cuántos menos», «de diferencia» → comparar.
«Cuántos faltan», «para llegar a», «cuántos necesita» → completar.

Leer el problema buscando esas palabras antes de calcular nada cambia bastante los resultados. Y hay un ejercicio que rinde mucho: leer un problema y no resolverlo, solo decir de cuál de los tres tipos es. Quita la prisa por operar, que es de donde vienen la mitad de los errores.

El error de la resta al revés

Aparece con las restas escritas en columna y es de los más comunes: para 34 − 18, el niño hace 8 − 4 en las unidades porque «del pequeño al grande no se puede».

No es un despiste. Es que ha aprendido que restar es quitar, y de cuatro no se pueden quitar ocho, así que hace la única resta que puede. Tiene su lógica.

Lo que lo resuelve no es repetir la regla de llevarse una: es que entienda qué significa esa llevada — que se rompe una decena en diez unidades — con material que se pueda romper de verdad. Diez palillos atados con una goma que se desatan.

Antes de eso conviene tener firme el paso previo, que es cruzar la decena en un solo número; está en Cruzar la decena.

Cómo practicarlo jugando

Restar jugando automatiza el cálculo, que es la mitad del trabajo: si restar cuesta diez segundos, no queda cabeza para pensar de qué tipo es el problema.

Mayor, menor o igual trabaja directamente la resta de comparar, que es la que no se enseña.

Y Descompón el número asienta la relación entre sumar y restar, que es lo que permite resolver una resta completando.

Cinco minutos al día. Y una vez por semana, un problema leído en voz alta sin resolverlo: solo decir si es de quitar, de comparar o de completar.

Qué imprimir

Restas hasta 20 es para la parte de calcular, y está hecha con las que de verdad cuestan: las que bajan del diez, como 14 − 6. En una hoja normal «hasta 20» la mayoría de las restas salen por encima del diez y lo que se dice entrenar no aparece.

Si el diez todavía no está firme, antes van Restas hasta 10 y Restas hasta 5.

Y Sumas y restas hasta 20 cuando las dos operaciones estén: ahí lo que se añade es tener que leer el signo antes de calcular, que es un ejercicio aparte y de los que más errores tontos evitan después.

Lo esencial

Restar no es una operación sino tres situaciones que se escriben igual: quitar, comparar y completar. Solo se enseña la primera, y por eso un niño que calcula bien se atasca cuando el problema viene con las otras dos. Comparar es la difícil porque no desaparece nada y la respuesta hay que construirla —se ve emparejando dos filas—; completar es la fácil, y se resuelve contando hacia delante mucho antes de saber que es una resta. Lo que más rinde es hacer las tres con objetos en la misma sesión y darse cuenta de que dan lo mismo.

Para practicarlo jugando

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