Es el bingo de siempre con números de dos cifras, y ahí está toda la diferencia: hay que reconocer el setenta y cuatro escrito cuando alguien lo dice.
Los números sueltos ya se reconocen jugando en Repasar los números; aquí se reconocen al oído y a velocidad.
Oír y reconocer
Quien canta lee el número en voz alta y no enseña la ficha. Los demás tienen que encontrarlo escrito en su cartón.
Eso convierte el juego en un ejercicio de traducir sonido a cifra dieciséis veces por cartón, que es exactamente lo que se practica al aprender la numeración.
Si se enseña la ficha, el juego se convierte en comparar dos dibujos y no entrena nada.
El setenta y cuatro y el cuarenta y siete
El error clásico de la numeración hasta cien es invertir las cifras. En un bingo aparece enseguida y sin regañina: simplemente no se marca la casilla.
Tener los dos números en el mismo cartón es una trampa útil y conviene que ocurra.
Y al comprobar al final se ve dónde estuvo la confusión.
Decirlo despacio la primera vez
Con los que empiezan, el número se dice dos veces: la primera despacio y separando —«setenta… y cuatro»— y la segunda entera.
Después, a velocidad normal y una sola vez.
Esa graduación se hace sola según quién esté jugando y no necesita otro material.
Cartones de cuatro por cuatro
Dieciséis casillas hacen partidas más largas que las de nueve, y a partir de los siete años eso se aguanta bien.
Si se hacen pesadas, se canta línea además de bingo: así el que va por detrás sigue atento hasta el final.
Y se puede jugar a cartón lleno solo cuando hay tiempo.
Que el que canta vaya rotando
Leer números en voz alta para otros es otro ejercicio distinto: hay que decirlos bien y esperar a que los demás busquen.
Al que le cuesta leer números le viene especialmente bien, porque lee uno cada vez y con un motivo claro.
Y de paso aprende a marcar el ritmo, que es una responsabilidad pequeña que gusta.
Fichas para marcar
Garbanzos, monedas, trocitos de papel. Cualquier cosa que no escriba, para que el cartón se pueda volver a usar.
Marcar con lápiz gasta el cartón en dos partidas y obliga a imprimir otra vez.
Y las fichas permiten quitar una marca puesta por error, cosa que pasa.
Comprobar al cantar bingo
Cuando alguien canta, se repasan las casillas marcadas comparándolas con las fichas que han salido. Eso es otra ronda de lectura de números.
Y enseña que un resultado se comprueba, cosa que sirve mucho más allá del bingo.
Si hay un error, se quita la marca y sigue la partida.
Los números elegidos
En el bombo hay treinta y seis números repartidos por toda la centena, no los cien. Con cien, los cartones casi no se cruzan y la partida no acaba nunca.
Están los múltiplos de tres y unos cuantos capicúas —11, 22, 44—, que se reconocen antes y dan respiro.
Esa mezcla hace que haya números fáciles y difíciles en el mismo cartón.
«Setenta y cuatro» y no «siete cuatro». Parece obvio y en un bingo rápido se acaba diciendo la versión corta, que no entrena nada.
La forma larga es la que hay que reconocer, porque es la que se usa al hablar.
Conviene acordarlo antes de empezar, sobre todo si canta un niño.
Con el cuadro del cien al lado
Un cuadro de cien casillas colgado cerca permite comprobar dónde cae cada número cantado, y de paso enseña la estructura de la centena.
No es necesario para jugar y es un añadido barato para los que están aprendiendo.
Y se puede señalar el número cantado en el cuadro mientras los demás buscan.
Variantes que cambian el juego
Cantar «el anterior al setenta» o «el doble de treinta y cinco» en vez del número directo. Con eso el bingo se convierte en cálculo mental.
Es la versión para los que ya reconocen los números sin dudar y se aburrirían con la normal.
Y se puede mezclar: unas fichas se cantan directas y otras con pista.
Jugar con dos o con diez
Con dos jugadores basta y con una clase entera también. Es de los pocos juegos que escalan sin cambiar nada.
Con muchos, quien canta se pone de pie y va despacio.
Y se pueden repartir dos cartones por jugador cuando ya se domina, que dobla el trabajo.
Guardarlo entero
Los cartones en una funda y las fichas en una bolsita. Un bingo con las fichas perdidas no se saca nunca.
Pegados en cartulina duran un curso y se pueden llevar a casa de los abuelos.
Media hora de montaje y se juega veinte veces.
Las decenas y las unidades
Al buscar el setenta y cuatro, lo primero que hace el ojo es filtrar por la primera cifra: solo mira los que empiezan por siete.
Esa estrategia de dos pasos —primero la decena, después la unidad— es la que después sirve para ordenar y comparar números.
Conviene nombrarla una vez: «busca primero los que empiezan por siete».
Un cartón por edad
En una casa con hermanos de edades distintas se pueden repartir cartones distintos: unos con números hasta treinta y otros con dos cifras.
Se canta del bombo grande y cada uno marca lo que tiene. La partida es la misma y la dificultad, la de cada uno.
Es de los pocos juegos que permiten eso sin que se note.
Antes de esto
Hace falta leer números de dos cifras, aunque sea despacio, y saber esperar el turno.
Si todavía se confunden las decenas con las unidades, se juega la versión hasta treinta.
Y hace falta que alguien pueda cantar, que al principio será el adulto.
Qué edad
Con números hasta treinta y cartones de tres por tres, a los cinco o seis.
Con dos cifras y cuatro por cuatro, a los siete u ocho.
Con las variantes de cálculo, a los nueve.
Los errores del adulto
Enseñar la ficha al cantar, que es lo que carga el juego de lectura. Cantar demasiado rápido. Y no dejar que el niño cante nunca.
También conviene no corregir en voz alta a quien no encuentra el número: se repite y se espera.
Y no jugar diez partidas seguidas: tres y se guarda con ganas.
Antes y después de esto
Cómo montar un bingo está en el bingo en casa, y la lectura de números largos, en leer un número de seis cifras. Con palabras en vez de números, el bingo de leer palabras.
Cómo practicarlo jugando
Repasar los números asienta la forma escrita de cada cifra.
Mayor, menor o igual trabaja la comparación y Busca la casilla la búsqueda en una rejilla.
Qué imprimir
Bingo de los números hasta cien trae cartones de cuatro por cuatro y las fichas para cantar.
El escalón anterior es Bingo de números, y con palabras, Bingo de palabras.
Lo esencial
- Quien canta lee el número y no enseña la ficha: ahí está el ejercicio.
- El setenta y cuatro y el cuarenta y siete en el mismo cartón es una trampa útil.
- Se dice en forma larga: «setenta y cuatro», no «siete cuatro».
- Treinta y seis números en el bombo, no cien: si no, la partida no acaba.
- Se marca con garbanzos, nunca con lápiz.