La circular del colegio llega con quince días y una palabra: disfraz. En muchas casas eso se traduce en una compra de urgencia o en una tarde de costura que nadie tenía prevista.
Hay un camino más corto y da mejor resultado: hacer la cara y resolver el resto con lo que ya hay en el armario. Una careta coloreada por el niño identifica el personaje mejor que un disfraz comprado, y de paso entrena la mano igual que Colorea como el modelo.
La cara es lo que identifica
Cuando alguien mira a un niño disfrazado, mira la cara. Un antifaz de gato con un jersey negro se lee como un gato; un traje entero de gato sin nada en la cara se lee como un niño con pijama.
Eso simplifica el problema entero: hay que resolver bien una sola cosa. Y esa cosa es de papel, cuesta una tarde y la hace él.
Además, la careta permite ser otro y dejar de serlo en un segundo. Con niños a los que el disfraz les incomoda, poder quitársela y ponérsela cambia por completo la disposición.
Qué se decide antes
Tres cosas y por escrito: qué personaje, qué prenda del armario y qué objeto lleva en la mano. Con esa lista de tres, el día de Carnaval no falta nada.
La prenda se elige por color más que por forma: negro para el gato, marrón para el león, verde para el monstruo. Un jersey y unos leotardos del mismo color resuelven el cuerpo entero.
El objeto es el que remata: una cesta, una varita, una cola de tela metida en la goma del pantalón. Es lo que menos cuesta y lo que más se nota en la foto.
Sin coser nada
Casi todo se hace con cartulina, celo y gomas del pelo. Una cola es una tira de tela doblada y sujeta con un imperdible; unas orejas son dos triángulos pegados a una diadema.
Las capas salen de una funda de almohada o de una manta pequeña, atada con un cordón por los dos extremos. Con eso hay superhéroe, rey y vampiro sin tocar una aguja.
Y hay un material infravalorado: el papel de embalar marrón. Una túnica recortada en una hoja grande, con un agujero para la cabeza, aguanta perfectamente una mañana y se pinta encima.
Recortar es el trabajo de verdad
Una careta pide recortar un contorno curvo largo, y eso es lo que más cuesta con la tijera: hay que girar el papel con una mano mientras la otra abre y cierra.
Los ojos son más delicados todavía, porque el corte empieza por dentro. Se dobla el papel por la mitad del ojo, se hace un corte pequeño y desde ahí se recorta el óvalo.
Con cuatro y cinco años el adulto hace los ojos y el niño el contorno. Con siete lo hace todo él, y si sale torcido, sale torcido: es su careta.
Los disfraces que dan problemas
Los que tapan la cara entera y no dejan ver bien acaban en el suelo a los diez minutos. Si la careta no permite ver de reojo, no se va a usar.
Los que dan calor, igual: un colegio con la calefacción puesta y un disfraz de peluche es media mañana de queja. Mejor algo ligero que algo espectacular.
Y los que necesitan las dos manos ocupadas fastidian el recreo. Todo lo que haya que sujetar acaba perdido o roto antes del mediodía.
Cuando lo pide el colegio con tema
Muchos colegios ponen tema: los oficios, los animales del mar, los años sesenta. Eso, que parece una complicación, en realidad ayuda: reduce las opciones y evita la discusión de una semana.
Conviene mirar el tema con el niño y hacer una lista de cinco posibilidades antes de elegir. Elegir de una lista propia se acepta mucho mejor que aceptar una idea del adulto.
Y conviene comprobar qué van a llevar los demás sólo para lo contrario de lo que se suele hacer: para no repetir. Ser el tercer pirata de la clase decepciona más que ir de algo raro.
Lo que se aprende de un disfraz
Ser otro un rato es una de las cosas más serias que hace un niño de cinco años. Ensaya cómo se comporta un león, cómo habla un rey, qué hace alguien que da miedo.
De ahí sale vocabulario, sale imitación de gestos y sale la idea de que las expresiones de la cara se pueden fabricar, que es lo que trabaja Adivina la emoción desde otro lado.
Y sale un juego que dura semanas después de Carnaval, si la careta se guarda a mano. Un disfraz que se usa una vez es una compra; uno que se queda en la caja de juguetes es material.
Guardar y reutilizar
Una caja de disfraces con cuatro cosas —una capa, una careta, un sombrero, una tela— vale más que cualquier disfraz completo, porque se combina de veinte maneras.
Las caretas del año pasado sirven de punto de partida: se miran, se decide si se repite o se cambia y se ve cuánto ha mejorado el coloreado. Esa comparación gusta mucho.
Y merece la pena una foto de cada año con el disfraz puesto, siempre en el mismo sitio de la casa. Al cabo de cinco años es la serie que todo el mundo quiere ver.
El día antes, la prueba
Un disfraz que se estrena en la puerta del colegio da problemas garantizados: la goma que aprieta, la capa que se pisa, la careta que no deja ver. Todo eso se descubre en un minuto de prueba la tarde anterior.
La prueba tiene que ser completa: puesto entero, andando por el pasillo, sentándose en una silla y quitándoselo solo. Ese último punto es el que más falla y el que nadie comprueba.
Y si algo no funciona, hay tiempo de arreglarlo con celo y tijeras. Lo que no hay manera de arreglar es una goma que aprieta a las nueve de la mañana con el niño ya llorando.
Antes y después de esto
Cómo se enseña la tijera está en recortar con tijeras, y el juego de siluetas que va bien con las caretas, en la sombra de las cosas.
La careta de octubre, con el mismo trabajo detrás, está en una careta hecha en casa. Y para las letras del cartel de la fiesta, letras grandes en el pasillo.
Cómo practicarlo jugando
Colorea como el modelo entrena pintar siguiendo un modelo, que es lo que pide una careta de un animal concreto.
Simetría trabaja las dos mitades iguales de una cara, y Adivina la emoción, las expresiones que después se imitan disfrazado.
Qué imprimir
Las caretas de Carnaval trae el antifaz, el león y la mariposa, con los ojos marcados y los agujeros de la goma.
Recortar figuras prepara el contorno curvo, y Las medallas de fin de curso sirve para premiar el mejor disfraz de la casa.
Lo esencial
- La cara es lo que identifica el personaje: resuelta esa, el resto sale del armario.
- Se decide antes: personaje, prenda por color y objeto en la mano.
- Cartulina, celo y gomas del pelo bastan; no hace falta coser nada.
- Si la careta no deja ver bien o da calor, acaba en el suelo.
- Una caja con cuatro prendas sueltas rinde más que un disfraz completo.