Grafomotricidad

Recortar con tijeras: a qué edad y cómo se enseña

Por El equipo de Kodomi Club · 31 de agosto de 2026 · 8 min

Recortar con tijeras: a qué edad y cómo se enseña

Abrir y cerrar unas tijeras usa exactamente los músculos que después sujetan el lápiz. Qué se puede pedir a cada edad y por qué la línea recta no es lo primero.

Si hubiera que elegir una sola actividad de mesa para preparar la mano de un niño de cuatro años antes de escribir, no sería una hoja de trazos: serían unas tijeras.

El motivo es anatómico y bastante directo. Abrir y cerrar unas tijeras usa los mismos músculos que después sujetan el lápiz —los del pulgar, el índice y el corazón— y los usa contra resistencia, que es como se fortalecen. Media hora recortando hace por la escritura más que media hora de trazos, y encima el niño no lo vive como un ejercicio.

Eso no quita lo otro: el recorrido y la dirección de cada letra hay que aprenderlos aparte, y para eso está Trazar letras. Son dos mitades distintas del mismo asunto.

Lo que hace la mano al recortar

Tres cosas a la vez, y ninguna es evidente mirando desde fuera.

Abrir y cerrar contra resistencia. El papel se resiste, y esa resistencia es lo que fortalece. Por eso recortar cartulina cunde más que recortar folio, aunque cueste más.

Girar el papel con la otra mano. Esta es la parte que casi nadie enseña y la que más cuesta: las tijeras no giran, gira el papel. Un niño que intenta seguir una curva torciendo las tijeras acaba con un recorte con picos. Coordinar las dos manos en tareas distintas —una corta, la otra guía— es una habilidad en sí misma.

Parar donde toca. Cerrar las tijeras justo en el punto donde acaba la línea, sin pasarse. Es exactamente el mismo control que después hace que una letra no se salga del renglón.

El orden que funciona

No se empieza por la línea recta, aunque parezca lo más fácil. Se empieza por algo más simple todavía:

Tres años y medio o cuatro: dar tijeretazos. Tiras de papel estrechas —tres o cuatro centímetros— y cada corte las parte del todo. Un movimiento, un trozo que cae. No hay que seguir nada, solo abrir y cerrar. Esta fase es la que más fortalece y la que más se salta.

Cuatro años: la línea recta. Una raya gruesa de rotulador y a seguirla. Aquí ya hay que hacer varios cortes seguidos sin sacar las tijeras del papel, que es más difícil de lo que parece.

Cuatro y medio o cinco: la línea quebrada. Zigzag. Obliga a parar y cambiar de dirección, que es donde entra en juego girar el papel.

Cinco años: las curvas. Círculos grandes primero. Aquí la mano que sujeta el papel trabaja más que la que corta.

Cinco y medio o seis: recortar figuras. Contornos con entrantes y salientes, que es lo que hace falta para cualquier recortable de verdad.

Qué tijeras comprar

Punta roma, hoja corta —unos doce centímetros— y de metal. Las tijeras de plástico entero no cortan: se doblan, el papel se arruga y el niño concluye que recortar es imposible. Es de los pocos casos en que el material barato arruina la actividad entera.

Si el niño es zurdo, tijeras de zurdo. No es un detalle menor: unas tijeras normales usadas con la izquierda tapan la línea de corte con la propia hoja y el papel se dobla en lugar de cortarse. Lo contamos en Niños zurdos: qué cambia de verdad.

Las tijeras con muelle —que se abren solas— sirven para el niño que aún no tiene fuerza para abrirlas, aunque conviene pasar a las normales en cuanto pueda: abrir es la mitad del ejercicio.

Cómo se sujetan y cómo se corrige

Hay una postura correcta y merece la pena instalarla desde el principio, porque después cuesta cambiarla igual que el agarre del lápiz.

El pulgar arriba, en el agujero pequeño. El corazón —y a veces el anular— abajo, en el grande. El índice se queda fuera, apoyado en el lateral, guiando. Y el pulgar mirando siempre al techo: si la mano se gira y el pulgar acaba mirando al suelo, las tijeras cortan de lado y el papel se dobla.

El fallo más común es meter todos los dedos en el agujero grande y cerrar con la fuerza del puño. Se corrige poniéndole una pegatina en la uña del pulgar y diciéndole que la pegatina tiene que verse siempre desde arriba. Funciona mejor que cualquier explicación, porque le da algo que mirar.

El otro fallo es de la mano que no corta: el niño la deja quieta o sujeta el papel demasiado cerca del corte. Se le dice que esa mano es la que gira el papel, y que agarre por la parte de lejos.

Los tres errores del adulto

Sujetarle el papel. Se hace con la mejor intención y quita justo la mitad del aprendizaje. Es mejor darle una hoja pequeña, que se maneja sola, que sujetarle una grande.

Pedir que quede bien. Un recorte de un niño de cuatro años tiene picos y se sale, y así es como tiene que ser. Lo que se está entrenando es la mano, no el resultado. Si el recorte va a servir para algo —un memori, un dominó—, conviene que el adulto recorte esas piezas y le deje al niño otras hojas para practicar.

Vigilar de más. Con tijeras de punta roma y a la vista, un niño de cuatro años puede recortar sin que haya nadie encima. Estar cerca sí; corregir cada corte, no.

Qué recortar cuando se acaban las fichas

Casi cualquier cosa, y esto tiene la ventaja de que no cuesta nada: publicidad del buzón, cajas de cereales —cartón fino, que se resiste bien—, revistas viejas. Recortar figuras de un catálogo y pegarlas en una hoja para hacer un collage es de las actividades que más aguanta un niño de cinco años seguido.

Y hay una versión con más miga: recortar y clasificar. Se recortan veinte cosas de una revista y se pegan en dos columnas, «lo que se come» y «lo que no». Se trabaja la mano y de paso la clasificación, que a esa edad es el trabajo mental principal.

Cómo practicarlo jugando

La pantalla no puede entrenar la fuerza de la mano —eso solo lo dan las tijeras, la plastilina y el lápiz—, pero sí la parte de precisión y de seguir un recorrido, que es la otra mitad.

Laberinto es seguir un camino sin salirse, que es exactamente lo que hace la mano al recortar por una línea. Une los puntos añade parar en un punto concreto antes de seguir, que es el control que falta cuando el niño se pasa del final de la línea.

Y Trazar letras para el recorrido concreto de la escritura, cuando ya toque.

Qué imprimir

Los recortables van directos: Dominó para imprimir y Memori para recortar tienen líneas de puntos rectas y largas, que es el mejor material de práctica para un niño de cinco o seis años — y encima, al terminar, hay un juego.

Para el niño más pequeño, cualquier hoja sirve como papel de práctica: los laberintos ya hechos se pueden recortar por la mitad, en tiras, en cuadrados. Una hoja usada vale exactamente lo mismo que una nueva para esto.

Y el marco general —qué prepara la mano y en qué orden— está en Grafomotricidad: por dónde empezar.

Y para cuando recortar ya salga bien, el tangram: siete piezas que hay que cortar con precisión porque después tienen que encajar unas con otras. Es de los pocos recortables donde el corte tiene consecuencias.

Lo esencial

Recortar fortalece exactamente los músculos que después sujetan el lápiz, y lo hace contra resistencia, que es como se ganan. Se empieza a los tres y medio o cuatro dando tijeretazos a tiras estrechas —sin seguir ninguna línea—, y de ahí a la recta, el zigzag, las curvas y las figuras. Hacen falta tijeras de metal con punta roma, y de zurdo si el niño lo es. El adulto no sujeta el papel y no exige que quede bien: lo que se entrena es la mano.

Para practicarlo jugando

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