Si a un niño de siete años se le pregunta «¿cuánto le falta a cinco para
llegar a doce?», contesta. Si se le escribe «x + 5 = 12», se bloquea.
Es la misma pregunta. Lo único que ha cambiado es que hay una letra, y esa
letra asusta bastante más de lo que debería.
Qué es la x, dicho de verdad
Un número que todavía no se sabe. Nada más. No es una incógnita misteriosa ni una cosa de mayores: es el hueco de un ejercicio, con nombre.
Antes de escribir ninguna letra conviene hacerlo con un hueco dibujado: 5 + ___ = 12. Eso lo resuelve cualquiera que sepa restar.
Y después se dice, sin ceremonia: «a ese hueco vamos a llamarlo x, porque escribir una raya cada vez cansa». Presentado así, la letra deja de ser un tema.
El trabajo de fondo —ver un número como suma de otros dos— es el de Descompón el número, y conviene tenerlo rodado antes.
El método, que es uno solo
Se deshace la operación. Si a la x le suman siete, para encontrarla se resta siete. Si le restan, se suma.
Esa frase —«se deshace»— vale más que cualquier regla con nombre, porque el niño ya tiene la idea: deshacer un nudo, deshacer los pasos para volver.
Y hay una imagen que ayuda mucho: la balanza. Los dos lados del igual pesan lo mismo, y lo que se quita de un lado hay que quitarlo del otro.
No hace falta llegar a la balanza a los ocho años. Con «se deshace» se resuelven todas las de esta edad.
Comprobar, que aquí es gratis
Es lo mejor de este tema y por eso merece la pena hacerlo desde el primer día: el resultado se puede verificar solo.
Se pone el número encontrado donde estaba la x y se mira si la cuenta cuadra. Si x + 7 = 12 y sale x = 5, entonces 5 + 7 tiene que dar 12. Da.
Ese gesto enseña algo que casi ningún ejercicio de cálculo enseña: que uno puede saber si ha acertado sin preguntar a nadie.
Y elimina la pregunta «¿está bien?» de la mesa, que es una mejora considerable para todos.
x + b = c. La más fácil: 5 + x = 12. Se resta.
b + x = c. La misma, con la x en otro sitio. Conviene meterla pronto para que no aprenda «la x va delante».
x − b = c. La difícil: x − 5 = 12. Aquí hay que sumar, y el niño resta por inercia porque ve un menos.
Esa tercera es donde se ve si ha entendido el método o está copiando el signo contrario. Merece practicarse aparte y con calma.
El error que aparece siempre
Mirar el signo de la ecuación y hacer lo contrario, sin pensar. En x + 7 = 12 resta y acierta; en x − 7 = 12 resta también y falla.
No es un fallo de cálculo: es piloto automático, el mismo que hace sumar una resta en una hoja mezclada — está en Mirar el signo.
Se corrige con la comprobación, no con la explicación. Si comprueba, ve solo que 5 no puede ser: 5 − 7 no da 12.
Y ahí es donde aprende de verdad, porque el error lo ha encontrado él.
Cuándo tocan
Cuando sume y reste hasta veinte sin dificultad, y sepa que restar deshace sumar. Suele ser hacia los ocho años.
Antes de eso se puede hacer todo esto con huecos y sin letras, que es igual de útil y no exige nada nuevo.
Y hay una señal clara para saber si toca: si ante «5 + ___ = 12» va contando de cinco hasta doce con los dedos, todavía no. Falta que la resta sea una herramienta.
Con nueve años ya se pueden meter multiplicaciones: 3 × x = 12. El método es el mismo, se deshace dividiendo.
De dónde salen las de verdad
Esto no es un ejercicio de papel: aparece a diario y conviene señalarlo cuando pasa.
«Tengo 8 euros y el juego cuesta 15, ¿cuánto me falta?» es x + 8 = 15. «Éramos 24 y ahora quedamos 17, ¿cuántos se han ido?» es 24 − x = 17.
Traducir esas frases a una ecuación escrita es el ejercicio siguiente y el más útil, porque es lo que después hará falta en cualquier problema.
Y se puede hacer al revés, que gusta más: se da una ecuación y hay que inventar una historia que encaje.
Lo que no ayuda
Llamarlo álgebra. La palabra pesa y no aporta nada a los ocho años.
Explicar la balanza antes de tiempo. Es una buena imagen para los diez u once; antes, complica algo que ya se entendía.
Dar la regla «lo que pasa al otro lado cambia de signo». Es un atajo que se memoriza y se aplica mal. «Se deshace» se entiende.
Saltarse la comprobación. Es la mitad del valor del tema, y la que se cae siempre por prisa.
Los huecos antes de la letra
Hay un año entero de trabajo antes de que aparezca ninguna x, y es el que
decide si después cuesta o no.
Consiste en poner el hueco en sitios distintos: 5 + ___ = 12, ___ + 5 = 12,
12 − ___ = 5, ___ − 5 = 7. Los mismos números y cuatro ejercicios distintos.
Lo que se aprende ahí es que una cuenta se puede leer al revés, y que sumar y
restar son la misma cosa mirada desde dos lados. Sin eso, la ecuación es un truco
que se memoriza.
Y se puede hacer con objetos encima de la mesa antes que en papel: doce
garbanzos, cinco tapados con un vaso, ¿cuántos hay debajo?
Los que se resuelven probando
Hay un método que aparece solo y que conviene no prohibir: probar números
hasta que salga.
Ante x + 7 = 12 el niño prueba con cuatro, ve que da once, prueba con cinco y
acierta. Ha resuelto la ecuación, y ha entendido perfectamente qué se pedía.
No es el método bueno porque no escala —con números grandes probar es
imposible—, pero es una señal excelente: significa que sabe qué está buscando.
La manera de ir sustituyéndolo no es prohibirlo sino subir los números. Con
x + 47 = 112, probar deja de compensar y el niño busca el atajo por su cuenta.
Cómo practicarlo jugando
Descompón el número es el más directo: ver el doce como siete y cinco es exactamente lo que hace falta aquí.
Sumar jugando mantiene el cálculo suelto, y Resuelve la operación obliga a mirar el signo antes de actuar.
Cinco o diez minutos. Y una pregunta al día de las de «¿cuánto te falta para…?».
Qué imprimir
El número que falta tiene el modelo resuelto en un recuadro al principio de cada hoja, con la comprobación incluida, y va de las de sumar a las de restar.
Sumas y restas hasta 20 es el paso previo: sin ese cálculo automático, la ecuación no se puede pensar.
Y Problemas de comparar para el paso siguiente, que es reconocer la ecuación dentro de un enunciado.
Lo esencial
Un niño de siete años resuelve «¿cuánto le falta a cinco para doce?» sin pestañear y se bloquea con «x + 5 = 12»: es la misma pregunta con una letra delante. La x se presenta como lo que es —un hueco con nombre— después de haber trabajado con huecos dibujados. El método es uno solo, «se deshace la operación», y la comprobación es gratis: se pone el número donde estaba la x y se mira si cuadra. La forma difícil es x − b = c, donde el signo invita a hacer lo contrario de lo que toca.