Cálculo y matemáticas

Cuánto pesa cada figura

Por El equipo de Kodomi Club · 5 de septiembre de 2026 · 8 min

Cuánto pesa cada figura

Si los dos platos están igual, lo que hay en uno vale lo que hay en el otro. Eso es el signo igual, y aquí se ve.

En una balanza dibujada hay tres triángulos en un plato y una pesa de doce kilos en el otro. La pregunta es cuánto pesa un triángulo, y casi cualquier niño de siete años la contesta.

Lo interesante es qué acaba de hacer: ha resuelto 3x = 12 sin haber oído nunca la palabra incógnita. El mismo hueco en una operación lo trabaja El número que falta, y la balanza es su versión dibujada.

Lo único que hay que explicar

Una frase, y solo una vez: los dos platos están igualados, así que lo que hay en uno pesa exactamente lo mismo que lo que hay en el otro.

Con eso está todo dicho. No hace falta hablar de ecuaciones, ni de despejar, ni de nada: la imagen contiene la regla entera.

De hecho conviene no explicar más. Cada palabra que se añade convierte un dibujo evidente en una lección, y entonces deja de ser evidente.

Qué es de verdad el signo igual

Muchos niños leen el igual como «aquí viene el resultado». Es lo que enseña una hoja de sumas: 3 + 4 = y detrás el hueco.

Esa lectura da problemas más tarde, cuando aparece 3 + _ = 9 y hay que entender que el igual no anuncia nada: dice que los dos lados valen lo mismo.

La balanza enseña esa segunda lectura sin discutir la primera. Los dos platos son los dos lados, y están igualados; no hay resultado por ninguna parte.

Contar antes de calcular

El fallo más común no es de razonamiento: es que no ha contado bien las figuras del plato. Cuatro triángulos vistos deprisa son tres.

La pregunta que desatasca casi siempre es «¿cuántas figuras iguales hay ahí?». Contarlas en voz alta y señalarlas resuelve la mitad de los errores.

Conviene decirlo la primera vez y no repetirlo: a la tercera balanza ya cuenta solo.

De la multiplicación a la división

Un plato con cuatro círculos contra quince kilos no sale, y eso también enseña algo: los problemas están hechos para que salgan redondos.

Cuando sale, la operación que hace el niño es una división disfrazada. Doce entre tres, aunque él lo piense como «tres veces cuatro son doce».

Ese ir y venir entre multiplicar y dividir es exactamente lo que hace falta después, y aquí se practica sin que aparezca ningún signo.

Encadenar dos balanzas

El nivel siguiente pone dos: en una, un cuadrado vale tres triángulos; en la otra, un triángulo pesa cuatro kilos. La pregunta es cuánto pesa el cuadrado.

Lo difícil aquí no es calcular, es el orden. Una de las dos se puede resolver sola y la otra no, y encontrar cuál es el ejercicio entero.

La pista, si hace falta: «empieza por la que tiene kilos escritos». Con eso arranca, y a la segunda hoja ya no la necesita.

Apuntar el paso intermedio

Conviene apuntar el resultado de la primera balanza al lado del dibujo, aunque no haya casilla para ello.

Guardarlo en la cabeza mientras se hace el segundo paso es lo que falla, y no por no saber: la memoria de trabajo a los ocho años se llena enseguida.

Es además el hábito que salva los problemas de dos pasos en el colegio, donde el error casi nunca está en las cuentas sino en haber perdido el número de en medio.

Con objetos de verdad

Si hay una balanza de cocina en casa, media hora con ella vale por muchas hojas. Pesar tres manzanas, dividir y comprobar cierra el círculo.

Y si no la hay, una percha colgada con dos bolsas hace el papel. Lo que importa es ver que se inclina cuando no está igualada.

Ese detalle —que la balanza torcida significa que no son iguales— es el que hace que el dibujo recto signifique algo.

Inventar las suyas

Cuando salgan con soltura, el ejercicio que sube el nivel no cuesta nada: que invente él una pareja de balanzas para que la resuelva otro.

Para inventarla tiene que ir del resultado hacia atrás, que es bastante más difícil que resolverla, y obliga a comprobar antes de entregarla.

Con papel cuadriculado y cuatro figuras dibujadas a mano basta. No hace falta que quede bonito.

Qué edad

Las de un solo paso desde los siete, en cuanto las tablas del 2 al 5 empiecen a estar. Antes se puede, con números pequeños y sumas en vez de productos.

Las encadenadas desde los ocho, y no antes: no por el cálculo, sino porque hay que sostener dos ideas a la vez.

Si a los nueve siguen costando las de un paso, el problema casi nunca es la balanza: son las tablas, y se arreglan en otro sitio.

Lo que prepara

Dentro de unos años va a ver 3x = 12 escrito en una pizarra, y la imagen que le va a venir a la cabeza es la de este plato con tres triángulos.

Eso no es poco. El álgebra se atasca casi siempre por no tener ninguna imagen debajo de las letras, y esta hoja la deja puesta años antes.

No hace falta decirlo. Basta con que las balanzas hayan existido.

Por qué las figuras y no los números

Podría ponerse una letra en el plato, o un interrogante, y sería lo mismo. Con una figura no es lo mismo, y la diferencia importa.

Un círculo es una cosa, y a un niño le resulta natural preguntarse cuánto pesa una cosa. Una equis es un símbolo vacío y hay que explicar antes qué significa.

Por eso el orden es figura primero y letra después, con años de por medio. Cuando llegue la equis, ya sabrá qué se pregunta.

Cuánto por sesión

Cuatro balanzas, que es una hoja. Es un ejercicio de pensar y en cuanto se alarga se convierte en una lista.

Y va muy bien de entrada, antes de algo más pesado: son cinco minutos, se aciertan casi todas y se empieza la sesión con la sensación de que las mates salen.

Alternar una hoja de balanzas con una de pirámides o de cuadrados mágicos mantiene la idea sin que ninguna se agote.

Cuando se equivoca

Vale más preguntar «¿cómo lo has sacado?» que corregir. Casi siempre la explicación revela el fallo y lo corrige él mientras habla.

Y si el fallo fue contar mal las figuras, conviene decirlo así: no se equivocó pensando, se equivocó contando. Son dos cosas distintas y confundirlas desanima.

El resultado se comprueba multiplicando: si el triángulo pesa cuatro y hay tres, doce. Que la comprobación la haga él es media hoja de valor añadido.

Antes y después de esto

El mismo hueco puesto dentro de una operación, sin balanza, está en el artículo sobre el número que falta. Y la idea de deshacer una cuenta para encontrar lo que falta, en deshacer una suma.

Cómo practicarlo jugando

El número que falta es la misma idea en formato de operación: el hueco cambia de sitio y no vale sumar por costumbre.

Mayor, menor o igual asienta qué significa que dos cosas valgan lo mismo, y Compara las operaciones obliga a resolver los dos lados antes de decidir.

Qué imprimir

Las Balanzas y pesos son tres hojas de cuatro problemas de un solo paso, con las soluciones explicadas.

Cuando esas salgan, las Balanzas difíciles encadenan dos por problema. Y para el mismo razonamiento con números, El número que falta.

Lo esencial

  • Una sola frase basta: los dos platos pesan lo mismo, así que lo de un lado vale lo del otro.
  • Enseña que el igual no anuncia el resultado: dice que los dos lados valen lo mismo. Eso salva el álgebra años después.
  • El fallo más común es contar mal las figuras, no razonar mal. Contarlas en voz alta lo arregla.
  • En las encadenadas, lo difícil es el orden: se empieza por la balanza que tiene kilos escritos.
  • Apuntar el resultado del primer paso al lado del dibujo: la memoria de trabajo se llena enseguida.

Para practicarlo jugando

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