Pedidle a un niño de ocho años que resuma una película. Lo que sale casi
siempre es la película entera, contada más deprisa, con todos los personajes
y sin ninguno de los momentos importantes destacado.
No es que no sepa hablar: es que resumir no es lo que él cree. Cree que es
contar lo mismo en menos tiempo. Y en realidad es otra cosa: elegir qué se
queda y qué se va. Poner los hechos en orden, que es el paso anterior, lo
trabaja Qué va antes con viñetas.
La pregunta que hace el trabajo
Solo hay una y hay que hacerla muchas veces: «si quitas esto, ¿se entiende
igual?»
Se aplica frase por frase. El protagonista se llama Ana: ¿se entiende
igual sin el nombre? Depende de la historia. Ana lleva un abrigo rojo: casi
seguro que sí se entiende sin eso. Ana pierde la llave: no, eso no se puede
quitar.
Con seis o siete aplicaciones de la pregunta, un niño empieza a hacérsela
solo, y ahí ya sabe resumir. No hace falta ninguna teoría sobre ideas
principales y secundarias: esa distinción es el resultado de la pregunta, no
su punto de partida.
El límite, que es lo que obliga a elegir
Sin límite no hay resumen. Si se dice «cuéntalo más corto», el niño quita
dos adjetivos y se queda tan ancho. Si se dice «cuéntalo en cuatro frases»,
tiene que elegir, y elegir es todo el ejercicio.
Cuatro frases es un buen número para empezar a los ocho años. Da para
contar quién, qué quería, qué se lo impedía y cómo acabó, que es la estructura
de casi cualquier historia.
Conviene ser estricto con el límite aunque proteste, porque la protesta es
la señal de que está funcionando: significa que hay algo que le duele
quitar, y decidir qué duele menos es exactamente lo que se está
aprendiendo.
Primero en voz alta
Escribir y resumir a la vez son demasiadas cosas. Si el niño se pone
directamente a escribir, gasta toda la atención en la ortografía y la letra,
y el resumen sale como salga.
El orden que funciona: contarlo en voz alta primero, negociar qué sobra en
la conversación, y después escribir lo acordado. Escribir se convierte en
copiar lo que acaba de decir, que es una tarea muy distinta y mucho más
llevadera.
Con el tiempo la fase oral se acorta sola. Pero durante bastantes meses es
lo que separa un ejercicio que sale de uno que acaba en llanto.
Resumir no es empezar por el principio
Aquí está el error más interesante y el que más cuesta corregir. Casi todos
los resúmenes infantiles empiezan por el principio cronológico: «me levanté,
desayuné, fui al colegio».
Un resumen bueno empieza por lo importante, no por lo primero. «Hoy me he
caído en el patio y me han llevado a enfermería» es un resumen del día;
«me levanté a las siete» es el principio de una lista.
Es la misma estructura de una noticia, y por eso los dos ejercicios se
apoyan: quien ha visto cómo se construye un titular entiende enseguida por
qué el resumen no va en orden de reloj.
Qué resumir
Lo que ya conoce, al principio. Una película que ha visto tres veces, un
libro que le gusta, el argumento de su serie. Resumir algo conocido permite
concentrarse en elegir, sin la carga de comprender.
Después, textos leídos hace poco. Y por último, textos que acaba de leer
una sola vez, que es lo que le van a pedir en el colegio y lo más difícil,
porque hay que comprender y elegir a la vez.
Un formato que funciona muy bien y no parece un ejercicio: contar por
teléfono a un abuelo qué ha hecho en la excursión. Hay límite natural —el
abuelo se cansa—, hay destinatario real y no hay papel de por medio.
El resumen que engancha
Cuando lo básico funcione, hay una vuelta de tuerca que gusta mucho:
resumir un libro sin destripar el final, de manera que el que escuche tenga
ganas de leerlo.
Eso añade una restricción nueva —qué no se puede contar— y una intención
—convencer—, y las dos cosas obligan a pensar en el lector. Es el primer paso
hacia escribir para alguien, que es lo que convierte un texto escolar en un
texto de verdad.
Corregir un resumen
Dos preguntas bastan, y ninguna es sobre ortografía. La primera: si yo no
hubiera visto la película, ¿la entendería con esto? La segunda: ¿sobra
alguna de las cuatro frases?
La ortografía se corrige aparte y en otro momento. Mezclar las dos
correcciones hace que el niño recuerde solo la de las tildes, que es la que
llega marcada en rojo, y no la del contenido, que es la que enseñaba
algo.
El resumen y el estudio
A partir de cuarto, resumir deja de ser un ejercicio de lengua y se
convierte en la herramienta principal para estudiar. Subrayar y resumir son
lo que separa a un niño que estudia de uno que relee cinco veces.
Conviene empezar a conectar las dos cosas antes de que haga falta. Después
de leer un texto de ciencias del libro, pedir cuatro frases. Es exactamente
el mismo ejercicio que con la película, y de repente tiene una utilidad
visible.
La diferencia con los textos de estudio es que ahí lo importante no es la
historia sino la explicación, y elegir se hace de otra manera: se queda lo
que responde a la pregunta del título. En el artículo sobre leer textos
que explican algo está contado cómo se sigue esa cadena.
Cuántas veces y con qué frecuencia
Un resumen por semana, hecho con calma, hace más que cinco hechos
deprisa. Es un ejercicio corto —diez minutos con la parte oral incluida— pero
exige concentración, y encadenarlos lo convierte en un trámite.
Vale la pena guardarlos. Leer en junio el resumen que escribió en octubre
es la mejor manera de que vea cuánto ha mejorado, y una de las pocas pruebas
tangibles de progreso que existen en lengua.
Y conviene variar el material. Tres resúmenes seguidos de cuentos hacen
que el niño aprenda la fórmula del cuento y la aplique sin pensar. Alternar
una película, un día suyo, un texto del libro y una noticia obliga a decidir
cada vez qué es lo importante, que es justo lo que no queremos que se vuelva
automático.
Cómo practicarlo jugando
Qué va antes ordena los hechos, que es
lo previo a decidir cuáles importan.
En una palabra entrena condensar
varios elementos en un término, que es lo mismo que hace un titular. Y Qué sobra pide decidir qué elemento no pertenece
al grupo, que es la versión con dibujos de la pregunta central de este
artículo.
Qué imprimir
Escribir un resumen son
tres hojas con consigna, ayuda y palabras de apoyo: resumir una película, un
día y un libro, siempre en cuatro frases.
Para el paso previo de ordenar los hechos, Ordenar lo que pasa. Y Comprensión: una noticia
enseña la estructura donde lo importante va primero.
Lo esencial
- Resumir no es acortar, es elegir. Un niño que quita adjetivos no está
resumiendo.
- La pregunta, aplicada frase por frase: si quitas esto, ¿se entiende
igual?
- Sin límite no hay resumen. Cuatro frases, y estrictas: la protesta es la
señal de que funciona.
- Primero en voz alta y después escribir. Escribir y elegir a la vez son
demasiadas cosas.
- Un resumen no empieza por lo primero, empieza por lo importante. Es la
estructura de una noticia.