Lectura y lenguaje

Los tiempos del verbo, en casa

Por El equipo de Kodomi Club · 4 de septiembre de 2026 · 8 min · actualizado el 14 de septiembre de 2026

Los tiempos del verbo, en casa

Un niño conjuga bien desde los cuatro años. Lo que le cuesta a los ocho es reconocer lo que ya sabe hacer y ponerle nombre.

Un niño de cuatro años dice «ayer fui al parque» sin haber estudiado ningún tiempo verbal. Conjuga perfectamente y no lo sabe. A los ocho le piden que identifique el pretérito perfecto simple y se bloquea con algo que hace cien veces al día.

Esa distancia entre saber hacer y saber nombrar es todo el asunto de la gramática en primaria, y conviene tenerla presente: no se está enseñando a conjugar, se está enseñando a reconocer. Poner en orden los hechos en el tiempo, que es el paso previo, es lo que hace Qué va antes con las viñetas de una historia.

La pregunta que lo resuelve casi todo

«¿Cuándo pasa?» Es la pregunta, y responde el noventa por ciento de los ejercicios de esta edad. Si la frase habla de ayer, el verbo va en pasado. Si habla de mañana, en futuro. Si habla de ahora, en presente.

Suena obvio y no lo es, porque muchos ejercicios presentan el verbo suelto —«canté»— y piden clasificarlo sin contexto. Ahí el niño tiene que fiarse de la forma, y las formas se parecen bastante entre sí.

Cuando el verbo va dentro de una frase con una marca de tiempo —ayer, mañana, la semana que viene— el ejercicio se vuelve razonable, y de paso enseña algo verdadero: el tiempo verbal concuerda con lo demás de la frase.

Las marcas de tiempo

Merece la pena hacer una lista con el niño de las palabras que avisan de cuándo pasa algo. Ordenadas por tiempo quedan así:

Las marcas de tiempo: palabras que dicen si algo es pasado, presente o futuro
Cuándo pasaPalabras que lo avisanEjemplo
pasadoayer, anoche, hace un rato, antes, el año pasadoayer comí pan
presenteahora, hoy, en este momentoahora como pan
futuromañana, luego, después, la semana que viene, cuando sea mayormañana comeré pan

Esa lista, pegada donde se hacen los deberes, resuelve muchas dudas sin tener que preguntar. Y tiene un efecto colateral bueno: al escribir, el niño empieza a usarlas, y sus textos ganan orden temporal casi solos.

Las palabras de tiempo también son las que sostienen media conversación sobre lo que ha pasado, y aparecen en Une las frases como conectores: cuando, hasta que, antes de, después de.

El futuro, que casi no se usa

Un detalle que despista a los niños y que conviene explicar: en español hablado apenas usamos el futuro con -ré. Decimos «mañana voy al cine», no «mañana iré al cine».

Así que cuando en clase le piden poner una frase en futuro y escribe «mañana voy», no está equivocado del todo: está usando el español real. Vale la pena decírselo así y después pedirle la forma con -ré como una segunda manera, no como la única correcta.

Esa honestidad evita que la gramática se perciba como un mundo aparte donde las reglas no coinciden con lo que se oye en casa, que es la sensación que hace que muchos niños la vivan como un trámite.

Los irregulares

Fui, hice, dije, tuve, puse, vine. No siguen ninguna regla y son los verbos que más se usan, que es la ley de todas las lenguas: lo más frecuente es lo más irregular, porque se dice tanto que aguanta sin regularizarse.

No se enseñan con reglas: se aprenden de oírlos. Un niño que dice «yo ponió» ha entendido perfectamente cómo se forma un pasado y lo está aplicando donde no toca, que es una señal excelente.

La corrección que funciona es devolver la forma buena dentro de una frase propia, sin señalar: «ah, ¿lo pusiste ahí?». Sin subrayarlo y sin reírse. En unos meses se coloca.

Estos son los que más se oyen en casa, junto a un verbo regular para comparar, en la forma de «yo»:

Pasado, presente y futuro de los verbos irregulares más usados
VerboPresente (hoy)Pasado (ayer)Futuro (mañana)
comer (regular)comocomícomeré
irvoyfuiiré
hacerhagohiceharé
decirdigodijediré
tenertengotuvetendré
ponerpongopusepondré
venirvengovinevendré

Clasificar, que es más fácil que producir

Hay dos tipos de ejercicio y conviene el orden. Clasificar —«¿esto es pasado o futuro?»— es mucho más fácil que producir —«pon esto en futuro»—, porque en el primero la forma ya está delante.

Empezar clasificando permite trabajar muchas formas en poco tiempo y sin frustración. Cuando la clasificación salga sola, la producción llega con el terreno hecho.

Y hay un tercer nivel, el más útil de todos y el que menos se practica: corregir. Dar una frase con el tiempo mal —«mañana fui al cine»— y pedir que la arregle. Obliga a detectar el error y a producir la forma correcta, las dos cosas.

El pasado que se cuenta

Contar algo que pasó es el ejercicio natural de los tiempos verbales y no necesita papel. La conversación de la cena —«¿qué has hecho hoy?»— es gramática aplicada, siempre que se deje al niño contarlo entero.

Un adulto que interrumpe, completa las frases o resume por él quita exactamente la parte que entrena. Merece la pena aguantar el relato largo y desordenado de un niño de siete años: ahí está aprendiendo a manejar los tiempos sin que nadie se lo enseñe.

Cuándo llega en el colegio

La distinción pasado, presente y futuro se trabaja desde segundo. Los nombres de los tiempos —pretérito imperfecto y compañía— llegan más tarde, y no hay ninguna prisa por adelantarlos en casa.

Lo que sí conviene tener antes de que lo pidan es la idea firme de que el verbo cambia según cuándo pasa y según quién lo hace. Con eso, aprender los nombres después es cuestión de un mes.

Escribir en pasado, que es donde se ve

El sitio donde los tiempos verbales se ponen a prueba de verdad no es un ejercicio de clasificar: es escribir un texto. Contar por escrito algo que pasó obliga a mantener el pasado durante diez frases seguidas, y ahí es donde aparecen los saltos.

El error típico y muy visible: empezar en pasado y deslizarse al presente a mitad del relato. «Fuimos al parque y entonces viene un perro y se pone a ladrar.» Es lo que se hace al hablar, y en la escritura chirría.

Se corrige leyendo el propio texto en voz alta después de escribirlo, que es un hábito que sirve para muchas más cosas que esta. El oído pilla el salto casi siempre, aunque el ojo no lo haya visto. Un resumen escrito de algo que pasó, como los que trabajamos en el artículo sobre resumir, es el formato ideal para practicarlo.

Un juego de dos minutos

Sirve para el coche y no necesita nada. Uno dice una frase en presente —«yo como pan»— y el otro tiene que devolverla en pasado y en futuro: «yo comí pan», «yo comeré pan».

Con verbos regulares es fácil y se hace rápido. Cuando se meten los irregulares —«yo hago los deberes»— aparece la dificultad de verdad, y la diversión: «yo hací» hace mucha gracia y se corrige sola en cuanto se oye la forma buena.

Se puede jugar al revés, que es más difícil: se dice una frase en futuro y hay que traerla al pasado. Y se puede complicar cambiando también quién lo hace, que es la segunda dimensión del verbo.

Cómo practicarlo jugando

Qué va antes ordena en el tiempo los hechos de una historia, que es la base sobre la que los tiempos verbales tienen sentido.

Une las frases trabaja los conectores temporales —cuando, hasta que, antes de— que obligan a mirar el tiempo del verbo para elegir bien. Y Cuánto tiempo ha pasado pone el tiempo en su versión medible, con relojes.

Qué imprimir

Los tiempos del verbo clasifica formas en pasado, presente y futuro, incluidos los irregulares más frecuentes, con las soluciones al final.

Antes conviene Nombres y verbos, para separar las dos clases. Y Ayer, hoy y mañana trabaja las marcas de tiempo dentro de la frase.

Lo esencial

  • Un niño conjuga bien desde los cuatro años. Lo que se enseña a los ocho no es a conjugar, es a reconocer.
  • La pregunta que resuelve casi todo: «¿cuándo pasa?». Y el verbo suelto, sin frase, es un ejercicio más difícil de lo que parece.
  • Una lista de marcas de tiempo pegada en la mesa de deberes resuelve muchas dudas sin preguntar.
  • En español hablado el futuro con -ré apenas se usa. Decirlo evita que la gramática parezca un mundo aparte.
  • Clasificar es más fácil que producir, y corregir una frase mal puesta es lo más útil de los tres.

Para practicarlo jugando

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