Un niño de cuatro años dice «ayer fui al parque» sin haber estudiado
ningún tiempo verbal. Conjuga perfectamente y no lo sabe. A los ocho le piden
que identifique el pretérito perfecto simple y se bloquea con algo que hace
cien veces al día.
Esa distancia entre saber hacer y saber nombrar es todo el asunto de la
gramática en primaria, y conviene tenerla presente: no se está enseñando a
conjugar, se está enseñando a reconocer. Poner en orden los hechos en el
tiempo, que es el paso previo, es lo que hace Qué va antes con las viñetas de una
historia.
La pregunta que lo resuelve casi todo
«¿Cuándo pasa?» Es la pregunta, y responde el noventa por ciento de los
ejercicios de esta edad. Si la frase habla de ayer, el verbo va en pasado. Si
habla de mañana, en futuro. Si habla de ahora, en presente.
Suena obvio y no lo es, porque muchos ejercicios presentan el verbo suelto
—«canté»— y piden clasificarlo sin contexto. Ahí el niño tiene que fiarse de
la forma, y las formas se parecen bastante entre sí.
Cuando el verbo va dentro de una frase con una marca de tiempo —ayer,
mañana, la semana que viene— el ejercicio se vuelve razonable, y de paso
enseña algo verdadero: el tiempo verbal concuerda con lo demás de la
frase.
Las marcas de tiempo
Merece la pena hacer una lista con el niño de las palabras que avisan de
cuándo pasa algo. Ordenadas por tiempo quedan así:
Las marcas de tiempo: palabras que dicen si algo es pasado, presente o futuro
| Cuándo pasa | Palabras que lo avisan | Ejemplo |
| pasado | ayer, anoche, hace un rato, antes, el año pasado | ayer comí pan |
| presente | ahora, hoy, en este momento | ahora como pan |
| futuro | mañana, luego, después, la semana que viene, cuando sea mayor | mañana comeré pan |
Esa lista, pegada donde se hacen los deberes, resuelve muchas dudas sin
tener que preguntar. Y tiene un efecto colateral bueno: al escribir, el niño
empieza a usarlas, y sus textos ganan orden temporal casi solos.
Las palabras de tiempo también son las que sostienen media conversación
sobre lo que ha pasado, y aparecen en Une las frases como conectores: cuando,
hasta que, antes de, después de.
El futuro, que casi no se usa
Un detalle que despista a los niños y que conviene explicar: en español
hablado apenas usamos el futuro con -ré. Decimos «mañana voy al cine», no
«mañana iré al cine».
Así que cuando en clase le piden poner una frase en futuro y escribe
«mañana voy», no está equivocado del todo: está usando el español real. Vale
la pena decírselo así y después pedirle la forma con -ré como una segunda
manera, no como la única correcta.
Esa honestidad evita que la gramática se perciba como un mundo aparte
donde las reglas no coinciden con lo que se oye en casa, que es la sensación
que hace que muchos niños la vivan como un trámite.
Los irregulares
Fui, hice, dije, tuve, puse, vine. No siguen ninguna regla y son los
verbos que más se usan, que es la ley de todas las lenguas: lo más frecuente
es lo más irregular, porque se dice tanto que aguanta sin regularizarse.
No se enseñan con reglas: se aprenden de oírlos. Un niño que dice «yo
ponió» ha entendido perfectamente cómo se forma un pasado y lo está aplicando
donde no toca, que es una señal excelente.
La corrección que funciona es devolver la forma buena dentro de una frase
propia, sin señalar: «ah, ¿lo pusiste ahí?». Sin subrayarlo y sin reírse. En
unos meses se coloca.
Estos son los que más se oyen en casa, junto a un verbo regular para comparar,
en la forma de «yo»:
Pasado, presente y futuro de los verbos irregulares más usados
| Verbo | Presente (hoy) | Pasado (ayer) | Futuro (mañana) |
| comer (regular) | como | comí | comeré |
| ir | voy | fui | iré |
| hacer | hago | hice | haré |
| decir | digo | dije | diré |
| tener | tengo | tuve | tendré |
| poner | pongo | puse | pondré |
| venir | vengo | vine | vendré |
Clasificar, que es más fácil que producir
Hay dos tipos de ejercicio y conviene el orden. Clasificar —«¿esto es
pasado o futuro?»— es mucho más fácil que producir —«pon esto en futuro»—,
porque en el primero la forma ya está delante.
Empezar clasificando permite trabajar muchas formas en poco tiempo y sin
frustración. Cuando la clasificación salga sola, la producción llega con el
terreno hecho.
Y hay un tercer nivel, el más útil de todos y el que menos se practica:
corregir. Dar una frase con el tiempo mal —«mañana fui al cine»— y pedir que
la arregle. Obliga a detectar el error y a producir la forma correcta,
las dos cosas.
El pasado que se cuenta
Contar algo que pasó es el ejercicio natural de los tiempos verbales y no
necesita papel. La conversación de la cena —«¿qué has hecho hoy?»— es
gramática aplicada, siempre que se deje al niño contarlo entero.
Un adulto que interrumpe, completa las frases o resume por él quita
exactamente la parte que entrena. Merece la pena aguantar el relato largo y
desordenado de un niño de siete años: ahí está aprendiendo a manejar los
tiempos sin que nadie se lo enseñe.
Cuándo llega en el colegio
La distinción pasado, presente y futuro se trabaja desde segundo. Los
nombres de los tiempos —pretérito imperfecto y compañía— llegan más tarde, y
no hay ninguna prisa por adelantarlos en casa.
Lo que sí conviene tener antes de que lo pidan es la idea firme de que el
verbo cambia según cuándo pasa y según quién lo hace. Con eso, aprender los
nombres después es cuestión de un mes.
Escribir en pasado, que es donde se ve
El sitio donde los tiempos verbales se ponen a prueba de verdad no es un
ejercicio de clasificar: es escribir un texto. Contar por escrito algo que
pasó obliga a mantener el pasado durante diez frases seguidas, y ahí es donde
aparecen los saltos.
El error típico y muy visible: empezar en pasado y deslizarse al presente a
mitad del relato. «Fuimos al parque y entonces viene un perro y se pone a
ladrar.» Es lo que se hace al hablar, y en la escritura chirría.
Se corrige leyendo el propio texto en voz alta después de escribirlo, que
es un hábito que sirve para muchas más cosas que esta. El oído pilla el salto
casi siempre, aunque el ojo no lo haya visto. Un resumen escrito de algo que
pasó, como los que trabajamos en el
artículo sobre resumir, es el formato ideal para practicarlo.
Un juego de dos minutos
Sirve para el coche y no necesita nada. Uno dice una frase en presente —«yo
como pan»— y el otro tiene que devolverla en pasado y en futuro: «yo comí
pan», «yo comeré pan».
Con verbos regulares es fácil y se hace rápido. Cuando se meten los
irregulares —«yo hago los deberes»— aparece la dificultad de verdad, y la
diversión: «yo hací» hace mucha gracia y se corrige sola en cuanto se oye la
forma buena.
Se puede jugar al revés, que es más difícil: se dice una frase en futuro y
hay que traerla al pasado. Y se puede complicar cambiando también quién lo
hace, que es la segunda dimensión del verbo.
Cómo practicarlo jugando
Qué va antes ordena en el tiempo los
hechos de una historia, que es la base sobre la que los tiempos verbales
tienen sentido.
Une las frases trabaja los conectores
temporales —cuando, hasta que, antes de— que obligan a mirar el tiempo del
verbo para elegir bien. Y Cuánto tiempo ha pasado pone el
tiempo en su versión medible, con relojes.
Qué imprimir
Los tiempos del verbo
clasifica formas en pasado, presente y futuro, incluidos los irregulares más
frecuentes, con las soluciones al final.
Antes conviene Nombres y
verbos, para separar las dos clases. Y Ayer, hoy y mañana trabaja las
marcas de tiempo dentro de la frase.
Lo esencial
- Un niño conjuga bien desde los cuatro años. Lo que se enseña a los ocho
no es a conjugar, es a reconocer.
- La pregunta que resuelve casi todo: «¿cuándo pasa?». Y el verbo suelto,
sin frase, es un ejercicio más difícil de lo que parece.
- Una lista de marcas de tiempo pegada en la mesa de deberes resuelve
muchas dudas sin preguntar.
- En español hablado el futuro con -ré apenas se usa. Decirlo evita que la
gramática parezca un mundo aparte.
- Clasificar es más fácil que producir, y corregir una frase mal puesta es
lo más útil de los tres.