Lectura y lenguaje

Ayer, hoy y mañana: los verbos sin nombres de tiempos

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min

Ayer, hoy y mañana: los verbos sin nombres de tiempos

Jugué, juego, jugaré. Lo que hay que entender es cuándo pasa cada cosa, y eso no necesita ningún nombre de tiempo verbal.

Un niño de ocho años cuenta lo que pasó ayer y a mitad del relato se pasa al presente: «y entonces me caí, y viene la profesora y me dice…».

Eso no es un error de gramática: es cómo se habla. El problema aparece al escribir, donde ese salto queda raro y hay que aprender a no darlo.

Lo que hay que entender, y lo que no

Lo que hay que entender es cuándo pasa lo que dice el verbo: ya pasó, está pasando o va a pasar. Tres cajas y nada más.

Lo que no hace falta a los ocho años son los nombres —pretérito perfecto simple, pretérito imperfecto— ni las conjugaciones enteras.

Esos nombres llegarán en el colegio y se aprenderán entonces. Aprenderlos antes de entender la idea es memorizar etiquetas de algo que no se ve.

Ordenar lo que pasa antes y después es la base, y eso se entrena mucho antes con Qué va antes.

Las tres cajas

Ya pasó: jugué, comí, salté. También jugaba, comía, saltaba.

Está pasando: juego, como, salto.

Va a pasar: jugaré, comeré, saltaré. Y también «voy a jugar», que es lo que de verdad se dice.

Con eso ya se puede clasificar cualquier verbo, y clasificar es el primer ejercicio: se dan doce formas y hay que ponerlas donde toca.

Las dos maneras de contar el pasado

Hay un detalle que merece señalarse porque en español hay dos formas de pasado y las dos se usan mucho: «jugué» y «jugaba».

«Jugué» es algo que pasó y se acabó. «Jugaba» es algo que se hacía a menudo o que estaba pasando cuando pasó otra cosa.

No hace falta la explicación técnica. Basta con el ejemplo: «ayer jugué al fútbol» y «cuando era pequeño jugaba al fútbol».

Un niño castellanohablante las usa bien sin saber por qué, y con oír la diferencia una vez le sobra.

Las palabras que avisan

Antes de llegar al verbo suele haber una palabra que ya dice cuándo pasa, y reconocerlas es la ayuda más práctica que hay.

Ayer, antes, hace un rato, el año pasado. Ahora, hoy, en este momento. Mañana, luego, pronto, el año que viene.

Al escribir sirven de comprobación: si la frase empieza por «ayer», el verbo tiene que ir en pasado.

Y al leer sirven para orientarse en un texto largo, que es donde muchos niños se pierden.

El error que de verdad importa

No es equivocarse en una forma verbal: es cambiar de tiempo a mitad de un texto.

Un niño empieza contando algo en pasado y a las cuatro líneas está en presente. Al leerlo en voz alta chirría, pero al escribirlo no se nota.

Por eso la corrección útil es esa y no otra: leer lo escrito en voz alta y preguntarse si todo pasó, está pasando o va a pasar.

Es la misma comprobación que hace falta al contar algo con orden, en Contar lo que ha pasado.

Transformar, que es el ejercicio bueno

Clasificar está bien para empezar. Lo que de verdad demuestra que se ha entendido es transformar.

Se da una frase en presente —«el perro corre por el parque»— y hay que decirla en pasado y en futuro.

Se puede hacer oralmente, en cualquier sitio y sin material, y admite frases cada vez más largas.

Y hay una versión que gusta más: contar el mismo día tres veces, como si fuera ayer, como si fuera hoy y como si fuera mañana.

Los verbos que cambian entero

Hacia los ocho años aparece la sorpresa: algunos verbos no siguen ninguna regla.

Ir da «fui». Ser da «fui» también, lo cual es desconcertante y bastante divertido. Tener da «tuve». Hacer da «hice».

Conviene decir que son irregulares y que hay que aprendérselos, en vez de dejar que el niño busque una regla que no existe.

Y conviene celebrar los errores del tipo «yo poní» o «yo sabo»: son señal de que ha entendido la regla general y la está aplicando. Eso es un avance, no un retroceso.

A qué edad

Cinco y seis años. Solo oral: contar qué hiciste ayer y qué harás mañana.

Siete. Clasificar formas verbales en las tres cajas, y las palabras que avisan.

Ocho. Transformar frases, y mantener el tiempo en un texto entero.

Nueve. Los irregulares frecuentes, y notar la diferencia entre «jugué» y «jugaba».

Lo que no conviene

Las conjugaciones enteras de memoria. Cantar «amo, amas, ama» no enseña a usar el verbo.

Los nombres de los tiempos. A esta edad son etiquetas de algo que todavía no se ve claro.

Corregir los irregulares con dureza. «Yo sabo» es una buena señal y merece una corrección amable: se repite bien dicho y ya está.

Trabajar con verbos sueltos. El tiempo verbal se ve en la frase, y sobre todo en el texto entero.

Los tiempos en los cuentos

Hay una manera de ver todo esto sin ninguna ficha y es abrir cualquier libro que el niño esté leyendo.

Casi todos los cuentos están escritos en pasado —«había una vez», «el lobo llegó»— y mantienen ese tiempo hasta el final. Señalarlo una vez basta para que lo note siempre.

Y hay excepciones que dan juego: algunos libros están escritos en presente, y suenan distinto, más como si estuviera pasando ahora mismo.

Comparar dos libros por cómo cuentan es un ejercicio de nueve años y enseña más que cualquier lista de conjugaciones, porque el tiempo verbal se ve haciendo su trabajo.

Cuando el futuro no lleva verbo en futuro

Merece decirse porque es lo que de verdad se habla: casi nadie usa el futuro del tipo «jugaré» en una conversación normal.

Lo que se dice es «voy a jugar». Y para lo que pasa muy pronto, hasta el presente sirve: «mañana vamos al parque».

Eso puede confundir a un niño que acaba de clasificar «vamos» en la caja del presente. Conviene decirlo en vez de dejarlo pasar: la palabra que avisa manda sobre la forma del verbo.

Y es una buena lección de fondo: la lengua que se habla y la que se ordena en cajas no siempre coinciden, y lo que decide es lo que se entiende.

Cómo practicarlo jugando

Qué va antes y Qué viene después trabajan el orden temporal, que es la idea que hay debajo de todo esto.

Clasifica en cestas entrena separar por criterios, que es el primer ejercicio de la ficha.

Cinco minutos. Y una pregunta al día: ¿qué hiciste ayer? ¿qué harás mañana?

Qué imprimir

Ayer, hoy y mañana tiene tres hojas: ya pasó o va a pasar, ahora o antes, y las palabras que avisan. Sin nombres de tiempos verbales.

Ordenar lo que pasa es el paso previo, para cuando el orden de los hechos todavía se le escapa.

Y Escribir una noticia para la aplicación real: un texto entero en pasado sin cambiar de tiempo.

Lo esencial

A los ocho años no hacen falta los nombres de los tiempos verbales: hace falta saber si lo que dice el verbo ya pasó, está pasando o va a pasar. Las palabras que avisan —ayer, ahora, mañana— son la ayuda más práctica, porque sirven de comprobación al escribir. El error que de verdad importa no es una forma mal puesta sino cambiar de tiempo a mitad del texto, y se detecta leyendo en voz alta. Y «yo sabo» es una buena señal: significa que la regla general está.

Para practicarlo jugando

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