Antes de que llegue ninguna gramática, hay una clasificación que un niño de
seis años puede hacer entera: separar las palabras que nombran cosas de las que
dicen lo que se hace.
No hace falta llamarlas sustantivos ni verbos. Hacen falta dos preguntas y
diez minutos.
Las dos preguntas
¿Se puede señalar? Silla, pan, gato, ventana. Si se puede apuntar con el dedo, es un nombre.
¿Se puede hacer? Correr, comer, dormir, saltar. Si es algo que alguien hace, es un verbo.
Con eso se clasifica casi cualquier palabra corriente, y el niño lo hace solo después de dos ejemplos.
Separar por criterios es lo que entrena Clasifica en cestas con objetos, y aquí se aplica a palabras.
Las que no se pueden señalar
La pregunta del dedo falla con una parte de los nombres, y conviene tenerlo previsto porque el niño lo va a notar.
«Miedo», «idea», «hambre», «suerte» son nombres y no se pueden señalar. Y ahí el truco del dedo se queda corto.
La salida es el artículo: si se le puede poner «el» o «la» delante y suena bien, es un nombre. «El miedo» suena; «el correr» también, pero eso es otro caso.
A los seis años no hace falta llegar hasta aquí. A los ocho sí, y entonces el artículo sustituye al dedo como prueba.
Es lo que más despista: «correr», «corre», «corría» y «correrá» son el mismo verbo con cuatro caras.
Un niño que ha aprendido que los verbos acaban en -ar, -er o -ir se bloquea con «corre».
Por eso la prueba no es la terminación sino la pregunta: ¿alguien lo hace? Corre lo hace alguien; silla, no.
Y conviene meter formas conjugadas desde el segundo día, para que la idea no se construya sobre el infinitivo. Los tiempos vienen después, en Ayer, hoy y mañana.
Las que engañan, que son las buenas
«El baile» y «bailar». «La comida» y «comer». «El salto» y «saltar». Vienen de lo mismo y no son la misma clase de palabra.
Esas parejas son el mejor ejercicio del tema, porque obligan a aplicar la prueba en vez de fiarse del parecido.
Y la prueba funciona: «el baile» lleva artículo y se puede señalar en una fiesta; «bailar» es algo que alguien hace.
Buscar más parejas de estas es un juego que dura bastante y no necesita material: dibujo y dibujar, trabajo y trabajar, carrera y correr.
Para qué sirve la clasificación
Conviene saberlo, porque si no parece un ejercicio de etiquetar por etiquetar.
Sirve para entender la concordancia: un nombre en plural pide un verbo en plural. «Los perros corren», no «los perros corre».
Sirve para escribir mejor: una frase necesita al menos un nombre y un verbo, y muchas frases incompletas de niño son frases sin verbo.
Y sirve para el orden de las palabras, que es lo que hace que una frase se entienda — está en El orden de las palabras.
Cómo se practica sin ficha
Con la casa entera. Se dice un nombre y hay que señalar el objeto. Después al revés.
Con una acción por habitación. En la cocina se cocina, en la cama se duerme. Nombre y verbo emparejados.
Con frases mínimas. Un nombre y un verbo, nada más: «el gato duerme». Después se añade un adjetivo y se ve cómo crece.
Cazando en un libro. Se abre por cualquier página y se buscan tres de cada uno.
A qué edad
Cinco años. Oral y con objetos: cosas y cosas que se hacen. Sin nombres de clases.
Seis y siete. Clasificar por escrito, con la prueba de las dos preguntas.
Ocho. Formas conjugadas, las que engañan y la prueba del artículo.
Nueve. Ya con los nombres técnicos, cuando la idea lleva dos años funcionando.
Lo que no funciona
Empezar por la definición. «Sustantivo es la palabra que designa seres u objetos» no se puede aplicar a nada.
Enseñar los nombres de las clases primero. La etiqueta antes que la idea produce niños que dicen «sustantivo» sin saber reconocer uno.
Solo infinitivos. Deja fuera el noventa por ciento de los verbos que va a encontrar leyendo.
Corregir sin la prueba. Si coloca mal una palabra, la pregunta buena es «¿se puede hacer?», no «no, es un nombre».
El nombre propio, que es otra cosa
Hay una división dentro de los nombres que aparece pronto porque tiene una
consecuencia visible: la mayúscula.
«Perro» es cualquier perro; «Rufo» es uno concreto y se escribe con mayúscula.
Lo mismo con ciudad y Madrid, con río y Ebro, con niña y Ana.
La prueba es sencilla: si hay muchos y todos se llaman igual, va en minúscula;
si es el nombre de uno solo, va en mayúscula.
Merece trabajarse a la vez que la clasificación general, porque es la única
parte de esto que se nota al escribir y porque los nombres propios son las
palabras que un niño de seis años más escribe.
Las frases sin verbo
Hay una razón práctica para todo esto que se ve enseguida en cualquier
redacción de segundo: bastantes frases de niño no tienen verbo.
«Mi perro muy grande y peludo.» Suena a frase, tiene sujeto y tiene adjetivos,
y no dice nada porque falta lo que hace: «mi perro es muy grande».
Un niño que sabe que en toda frase tiene que haber un verbo puede repasar lo
que escribe buscándolo, y eso es una revisión concreta que sí sabe hacer.
Y funciona al revés como juego: escribir frases quitando el verbo y que el
otro adivine cuál falta. Al hacerlo se nota cuánto sostiene.
Contar cuántas hay
Hay un ejercicio de un minuto que sirve de repaso y de comprobación: coger una
frase y contar cuántos nombres y cuántos verbos tiene.
«El gato duerme en la silla» tiene dos nombres y un verbo. «Los niños corren y
saltan en el patio» tiene dos nombres y dos verbos.
Contar obliga a mirar palabra por palabra, que es justo lo que se está
practicando, y da un resultado comprobable: o coinciden los números o hay que
volver a mirar.
Y admite subir el nivel sin cambiar nada: frases más largas, o textos enteros
de tres renglones.
Cómo practicarlo jugando
Clasifica en cestas entrena separar por criterios, que es la operación entera.
En una palabra trabaja encontrar la categoría común, y Qué sobra justificar por qué algo no encaja.
Cinco minutos. Y una palabra clasificada al día, de las que salgan hablando.
Qué imprimir
Nombres y verbos tiene una hoja de cosas y acciones, otra con verbos ya conjugados y una tercera con las parejas que engañan.
Los adjetivos añade la tercera clase, y conviene hacerla después y no a la vez.
Y Ordenar las palabras para ver de qué sirve: una frase necesita las dos clases para sostenerse.
Lo esencial
Nombres y verbos se separan con dos preguntas —«¿se puede señalar?» y «¿se puede hacer?»— sin necesidad de ninguna definición ni de los nombres técnicos. La prueba del dedo falla con nombres como «miedo», y ahí entra el artículo como segunda prueba. Hay que meter formas conjugadas desde el principio, porque si la idea se construye sobre el infinitivo, «corre» descoloca. Y las parejas del tipo «el baile» y «bailar» son el mejor ejercicio, porque obligan a aplicar la prueba.