«Ana coge el libro. Ana abre el libro. Ana lee el libro.» Un niño de siete años nota que eso suena mal antes de que nadie le explique por qué, y esa es la mejor puerta de entrada.
Un pronombre es una palabra que se pone en el sitio de un nombre para no repetirlo. Con esa frase está dicho todo lo que hace falta para empezar. Las palabras que enlazan las dos mitades de una frase las trabaja Une las frases; estas sustituyen.
Empezar por el problema, no por la lista
La lista —yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros, ellos— se aprende de memoria en dos minutos y no cambia nada.
Lo que cambia algo es partir de un texto que repite un nombre cinco veces y pedir que lo arregle. Ahí el pronombre aparece porque hace falta, no porque toca.
Con esa experiencia hecha, la lista se aprende sola y además se sabe para qué sirve.
A quién se refiere
El ejercicio que más rinde y que casi nadie hace: leer un párrafo de un cuento y buscar a quién se refiere cada «él» y cada «ella».
Perder el hilo de a quién se refiere un pronombre es una de las causas de no enterarse de lo que se lee, y no se detecta con las preguntas de comprensión habituales.
Se hace en dos minutos con cualquier página, y cuando empieza a salir, la comprensión lectora sube sin haber trabajado la comprensión.
Cuando el pronombre confunde
«Pedro le dijo a Luis que él tenía razón.» ¿Quién tenía razón? No se sabe, y esa ambigüedad es real.
Merece la pena enseñar un caso así a propósito y preguntar. Descubrir que una frase puede no estar clara es un salto grande.
Y de ahí sale una regla de escritura útil: si no se entiende a quién se refiere, hay que repetir el nombre aunque suene peor.
Los que van pegados al verbo
«Me lo dio», «te espero», «se lo conté». Son pronombres también y son los que más se usan al hablar.
A los siete u ocho años no hace falta clasificarlos ni ponerles nombre. Basta con notar que esas palabritas también están sustituyendo algo: «me lo dio» es «me dio el libro».
Preguntar qué es «lo» en una frase concreta es un ejercicio de treinta segundos que se puede hacer con cualquier texto.
Yo, tú y él en las frases
El primer trabajo escrito que funciona es ordenar palabras para formar frases donde el pronombre va delante: «Yo leo el cuento», «Ellos juegan en casa».
Ordenar es más fácil que escribir de cero y obliga a fijarse en el orden de la frase, que es lo que hace falta a esta edad.
Y de paso se practica copiar bien, que a los siete y ocho años sigue haciendo falta.
El verbo cambia con el pronombre
«Yo leo», «tú lees», «él lee». Nadie tiene que explicarlo: un niño español lo hace bien desde los cuatro años al hablar.
Lo que sí hace falta es que lo note al escribir, porque ahí sí aparecen fallos: «nosotros juega» se escribe a veces aunque nunca se diga.
Leer la frase escrita en voz alta lo detecta al momento. Es la corrección más barata que existe.
Nosotros y nosotras
El femenino de los plurales —nosotras, vosotras, ellas— se usa menos y por eso se olvida al escribir.
Conviene meterlo en los ejercicios a propósito, con frases donde el sujeto sea claramente femenino, para que la forma exista.
Y conviene no meterse todavía en cuándo se usa el masculino para un grupo mixto: es una discusión que no toca a los ocho años.
Usted, que también existe
«Usted» es un pronombre y lleva el verbo como «él», que es lo que despista: «usted tiene», no «usted tienes».
No hace falta trabajarlo mucho a esta edad, pero sí que aparezca una vez, porque se lo van a encontrar en cuanto lean algo con un adulto formal.
Con un ejemplo basta. Lo importante es que no le pille de sorpresa.
Reescribir un párrafo
El ejercicio de escritura que cierra el tema: dar cuatro frases que repiten un nombre y pedir que las reescriba usando pronombres donde haga falta.
Lo difícil no es poner el pronombre: es decidir dónde sí y dónde no. Si se cambian todos, el párrafo deja de entenderse.
Ese equilibrio —repetir lo justo— es lo que de verdad se aprende, y se aprende leyendo el resultado en voz alta.
Al escribir un cuento
Es donde se nota. Un texto sin pronombres repite el nombre del protagonista en cada frase y se lee fatal.
Un texto con demasiados no se entiende, porque no se sabe quién hace qué. Y un texto bien hecho alterna.
Conviene señalarlo cuando pase, con el texto suyo delante y sin corregir nada: «aquí has puesto Ana cuatro veces, ¿cuál cambiarías?».
Con los diálogos
En un diálogo los pronombres son casi todo: «yo no fui», «tú lo dijiste», «él no estaba».
Escribir una conversación corta es la manera más natural de usarlos, porque no hay que forzarlos: aparecen solos.
Y ahí se ve si el niño distingue quién habla, que es la otra mitad del asunto.
Qué edad
Notar que repetir el nombre suena mal, desde los seis. Usar yo, tú, él y ellos al escribir, desde los siete.
Buscar a quién se refiere un pronombre en un texto, desde los ocho. Y reescribir un párrafo decidiendo dónde sí y dónde no, desde los ocho o nueve.
Clasificar tipos de pronombres puede esperar años: no aporta nada a esta edad y convierte algo útil en una lista.
Cuánto por sesión
Cinco o seis frases, que es media hoja. Ordenar palabras y copiar cansa la mano más de lo que parece.
Va bien alternar una sesión de ordenar frases con otra de buscar pronombres en un texto: una es escribir y la otra leer.
Y lo que más rinde no está en la hoja: preguntar «¿quién es ella aquí?» mientras se lee un cuento, dos veces por página.
Antes y después de esto
Qué es un nombre y qué es un verbo, que es lo que hay que tener antes, está en nombres y verbos. Y las palabras que unen las dos mitades de una frase, en la palabra que cambia la frase.
Cómo practicarlo jugando
Une las frases obliga a leer la frase entera para decidir qué palabra encaja, que es el mismo trabajo con otro tipo de palabra.
En una palabra afina el vocabulario preciso y Forma la palabra el orden de las letras, que sostiene el orden de las palabras.
Qué imprimir
Los pronombres son tres hojas de frases para ordenar y copiar, de las cortas a las de ocho palabras, con soluciones.
Para el paso previo, Nombres y verbos. Y para las palabras que enlazan, Las palabras que enlazan.
Lo esencial
- Un pronombre sustituye a un nombre para no repetirlo. Con esa frase está dicho todo lo que hace falta.
- La lista se aprende en dos minutos y no cambia nada: lo que cambia es arreglar un texto que repite.
- Buscar a quién se refiere cada «él» sube la comprensión lectora sin trabajar la comprensión.
- «Pedro le dijo a Luis que él tenía razón» no se entiende: a veces hay que repetir el nombre.
- Leer la frase escrita en voz alta detecta «nosotros juega» al momento.