«No salimos al patio ___ estaba lloviendo.» Con «porque» la frase explica algo. Con «aunque» dice justo lo contrario. Con «así que» se queda torcida.
Las tres encajan gramaticalmente y solo una tiene sentido, y por eso el ejercicio no es reconocer la palabra: es leer la frase entera con cada una y comprobar si lo que dice se sostiene. Es lo mismo que hace Une las frases en pantalla.
Leer la frase entera, tres veces
Es el método y hay que enseñarlo: se lee la frase completa con la primera opción, después con la segunda y después con la tercera. No se elige de un vistazo.
Muchos niños miran solo el hueco y eligen la palabra que les suena más, y aciertan lo justo para que nadie se dé cuenta de que están adivinando.
Leídas las tres, la buena se nota. Y de paso se ha leído la frase tres veces, que es un ejercicio de lectura en sí mismo.
En voz alta
Con «porque», «pero» y «aunque» la entonación cambia, y el oído suele acertar antes que el razonamiento.
Conviene dejar que primero decida por el oído y solo después preguntar por qué. Explicar antes de que lo note convierte una intuición correcta en una regla que se olvida.
Y con los conectores largos —«sin embargo», «aun así»— la lectura en voz alta es casi la única manera de que suenen a algo.
Los cuatro primeros
Porque, pero, aunque y así que. Con esos cuatro se cubre casi todo lo que un niño de ocho años necesita escribir.
«Porque» explica la causa, «pero» pone una pega, «aunque» dice que algo pasó a pesar de otra cosa y «así que» dice la consecuencia.
Conviene trabajarlos de dos en dos y con frases de su vida, no todos a la vez con ejemplos abstractos.
Porque y por qué
Es el lío ortográfico que viene con esto y conviene resolverlo pronto: «por qué» separado y con tilde pregunta; «porque» junto contesta.
La comprobación es rápida: si se puede sustituir por «ya que», va junto. Si la frase es una pregunta, va separado.
Aparece en cuanto se escriben explicaciones, que es justo lo que estas frases enseñan a escribir.
Los del tiempo
Antes de, después de, cuando, mientras. Ordenan lo que pasa y son los que más se usan al contar algo.
Un niño que solo usa «y después» cuenta una lista; con «mientras» y «antes de» puede decir que dos cosas pasaron a la vez o en otro orden del que las cuenta.
Eso es un salto grande al escribir, y se practica mejor contando algo que pasó de verdad que rellenando huecos.
Los que cuestan más
«Sin embargo», «es decir», «aun así», «si». Aparecen en los textos que va a leer y casi no se usan al hablar, y por eso hay que trabajarlos aparte.
«Es decir» es el más útil de todos para explicar, porque permite decir lo mismo de otra manera. Y es el que menos aparece en el lenguaje infantil.
Conviene meterlos de uno en uno y con muchos ejemplos, sin prisa. Son de tercero en adelante.
De la lista a la explicación
Aquí está el motivo de fondo de todo el tema. Un texto sin conectores es «pasó esto y después esto y después esto».
Con conectores, el texto dice por qué pasó, a pesar de qué, y qué vino como consecuencia. Deja de contar y empieza a explicar.
Y explicar es lo que se pide a partir de tercero en todas las asignaturas, no solo en lengua.
Al hablar también
Se puede trabajar sin papel: pedir que cuente algo usando «porque» y «aunque» al menos una vez cada uno.
Suena artificial y funciona: la palabra se instala usándola, y después aparece sola.
También funciona al revés: notar cuándo un adulto usa uno y señalarlo. Los niños los oyen todo el día sin fijarse.
Cuando escribe
Al corregir un texto suyo, una pregunta que rinde mucho: «aquí has puesto y, ¿podrías poner otra palabra que diga por qué?».
No se corrige nada: se sugiere. Y el niño suele encontrar la palabra solo, porque las conoce; lo que le falta es acordarse de usarlas.
Con una vez por texto basta. Corregir todos los «y» de un cuento es la manera de que no quiera escribir el siguiente.
Unir dos frases en una
Un ejercicio que va bien antes de los huecos: dar dos frases sueltas y pedir que las una con una palabra. «Llovía. No salimos.» → «No salimos porque llovía.»
Es más difícil que rellenar un hueco porque hay que elegir la palabra sin opciones, y además decidir el orden.
Y produce frases largas de verdad, que es lo que hace falta para dejar de escribir en frases de cinco palabras.
Al leer
Estas palabras son las que marcan la estructura de un texto. Quien las reconoce sabe si lo que viene es una causa, una pega o una consecuencia.
Subrayarlas en un texto de comprensión antes de contestar es un truco de estudio que sirve toda la vida y que se puede enseñar a los nueve años.
Y explica muchos fallos de comprensión: leer «aunque» como si fuera «porque» cambia el sentido de un párrafo entero.
Qué edad
Porque y pero, desde los seis o siete, hablando. Aunque y así que, desde los siete u ocho.
Los del tiempo, desde los ocho. Y sin embargo, es decir y aun así, desde los ocho o nueve.
Lo que no toca a ninguna edad de estas es clasificarlos por tipos: se usan, no se catalogan.
Cuánto por sesión
Seis frases, que es media hoja. Cada una hay que leerla tres veces, así que seis frases son dieciocho lecturas.
Va bien alternar una hoja de huecos con una sesión de unir frases sueltas: reconocer y producir son cosas distintas.
Y lo que más rinde, como siempre, es la pregunta suelta mientras se lee un cuento: «¿por qué crees que dice aunque y no porque?».
Antes y después de esto
Las palabras que sustituyen a un nombre, que es el otro trabajo con la frase entera, están en el artículo sobre los pronombres. Y una mirada más amplia a los conectores, en los conectores.
Cómo practicarlo jugando
Une las frases presenta tres opciones que encajan gramaticalmente y solo una con sentido, que es exactamente el ejercicio.
Qué va antes trabaja el orden de los sucesos y Qué se hace primero la idea de orden en otro terreno.
Qué imprimir
Las palabras que enlazan son tres hojas de huecos con tres opciones cada uno, de porque y pero a sin embargo y aun así.
Para trabajar la frase entera, Unir frases. Y para escribir con ellas, Escribir un cuento en tres partes.
Lo esencial
- Las tres opciones encajan gramaticalmente: hay que leer la frase entera con cada una.
- En voz alta, porque la entonación cambia y el oído acierta antes que el razonamiento.
- Cuatro para empezar: porque, pero, aunque y así que. Con esos se cubre casi todo.
- Sin conectores un texto cuenta una lista; con ellos empieza a explicar, que es lo que se pide desde tercero.
- Subrayarlos al leer un texto de comprensión es un truco de estudio que sirve toda la vida.