Cálculo y matemáticas

Primero, segundo, tercero: los números que no cuentan

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min · actualizado el 14 de septiembre de 2026

Primero, segundo, tercero: los números que no cuentan

«Tres» son tres cosas y «tercero» es una sola. Es la misma palabra haciendo dos trabajos distintos, y hasta que eso no se separa, media clase de matemáticas se entiende a medias.

Se le pide a un niño de cinco años que señale el tercer coche de la fila y señala tres coches. No ha entendido mal la palabra: ha entendido la que conoce. «Tres» y «tercero» se parecen tanto que durante un par de años son la misma cosa en su cabeza.

Y la diferencia no es un matiz de vocabulario. Una dice cuántos hay; la otra dice en qué puesto va uno. Son dos maneras distintas de usar los números, y la segunda casi nunca se enseña aparte.

Dos trabajos distintos del mismo número

El número cardinal —uno, dos, tres— responde a «¿cuántos?». Se refiere al conjunto entero y no cambia si se reordenan las cosas: cinco manzanas son cinco las coloques como las coloques.

El ordinal —primero, segundo, tercero— responde a «¿en qué puesto?». Se refiere a un solo elemento, y cambia en cuanto se cambia el orden o el punto de partida. El mismo coche es el segundo desde un lado y el cuarto desde el otro.

Esa dependencia del punto de partida es lo que lo hace difícil, y también lo que lo hace valioso: es la primera vez que un niño maneja un número cuyo valor no está en la cosa sino en la relación. Qué va antes trabaja justo debajo de esto — ordenar una secuencia — y conviene que esté sólido antes de ponerle nombres a los puestos.

Puestos uno al lado del otro, los diez primeros de cada clase se ven así:

Números ordinales del 1 al 10: primero, segundo, tercero…
Cifra¿Cuántos? (cardinal)¿En qué puesto? (ordinal)En femenino
1unoprimeroprimera
2dossegundosegunda
3trestercerotercera
4cuatrocuartocuarta
5cincoquintoquinta
6seissextosexta
7sieteséptimoséptima
8ochooctavooctava
9nuevenovenonovena
10diezdécimodécima

Cuándo llega cada cosa

Cuatro años. «Primero» y «último» funcionan bastante bien, porque son los extremos y se ven. En medio no hay nada todavía: cualquier cosa que no sea el primero ni el último es «el de en medio».

Cinco años. Entran «segundo» y «tercero», y ahí empieza la confusión con los cardinales. Es la edad de trabajarlo a propósito.

Seis y siete años. Se sostiene la fila entera hasta el sexto o el séptimo, y aparece lo importante: darse cuenta de que el puesto depende de desde dónde se cuente.

Ocho años. Ya se usan sin pensar, y se cruzan con las fechas —el día tres— y con las plantas de un edificio, que en España tienen su propia trampa: entre la calle y el primero está el entresuelo o el principal, y eso descoloca a cualquiera.

Los tres errores que se repiten

Contar en vez de señalar. Se pide el tercero y el niño cuenta tres, o señala los tres primeros. Es el error central y significa que todavía no ha separado los dos usos.

No fijar desde dónde se empieza. Un niño que responde «el cuarto» cuando se esperaba «el segundo» muchas veces no se ha equivocado: ha contado desde el otro lado. Conviene decir siempre en voz alta «desde la izquierda», y sobre todo no dar por hecho que es evidente.

Empezar por el cero. Poco frecuente pero llamativo: hay niños que llaman «primero» al segundo, porque cuentan el arranque como cero. Suele venir de juegos o de escaleras, y se corrige contando en voz alta juntos una vez.

Dónde aparece esto después

Los ordinales no se quedan en una hoja de infantil. Aparecen en cuanto se empieza a leer y a escribir en serio.

Leer es una operación ordinal: las letras de una palabra tienen puesto, y cambiarlo cambia la palabra. «Sal» y «las» tienen las mismas letras. Un niño que maneja bien el orden entiende sin explicación por qué importa; el que no, escribe las letras en el orden en que se le ocurren.

También está debajo de los problemas de matemáticas —«el segundo día compró tres más»— y de cualquier instrucción de varios pasos. Y en música, en gimnasia, en las normas de un juego de mesa: el orden es información en todas partes.

Cómo se enseña sin fichas

En la fila de cualquier cosa. El armario de los zapatos, la cola del súper, los cinco coches del suelo. Se pregunta por puestos y se responde señalando, no contando.

Contando desde los dos lados. Es el ejercicio que más rinde y casi nadie hace: «este es el segundo desde aquí, ¿y desde el otro lado?». La cara de sorpresa la primera vez es exactamente el aprendizaje.

Con el orden del día. «Primero nos vestimos, segundo desayunamos, tercero cogemos la mochila.» Junta los ordinales con la secuencia temporal, que es donde más falta hacen.

En las carreras y los juegos. Quedar primero, segundo o tercero tiene una carga emocional que hace que la palabra se quede. Aquí se aprende sin ningún esfuerzo y conviene aprovecharlo.

La trampa de los pisos y las fechas

Hay dos sitios donde los ordinales se usan a diario y donde España tiene sus propias rarezas. Merece la pena contarlas, porque descolocan a los niños y nadie se lo explica.

Los pisos: entre la calle y el primero puede haber un entresuelo, un principal o los dos. De modo que el primero puede ser la tercera planta contando de verdad. Un niño que ha aprendido a contar pisos en el ascensor se encuentra con que los números no cuadran, y la explicación no es matemática sino histórica.

Las fechas: en España se dice «el uno de mayo» y no «el primero de mayo», aunque en buena parte de Hispanoamérica sea al revés. Así que la única fecha ordinal que un niño español oye es la que precisamente no usa. No es un problema, pero explica por qué las fechas no ayudan aquí a aprender los ordinales como sí ayudan en otros sitios.

Donde sí funcionan a diario es en los deportes y en cualquier cosa con clasificación: quedar primero, segundo o tercero se entiende sin explicar nada, porque importa.

Cómo practicarlo jugando

Qué va antes es el cimiento: ordenar cuatro escenas de un proceso. Sin la secuencia clara no hay puestos que nombrar, así que va primero.

A contar asienta el otro uso del número, el cardinal. Tenerlo firme es lo que permite después notar que el ordinal es otra cosa: si contar todavía cuesta, la distinción no se puede ni plantear.

Y Recuerda la secuencia obliga a retener un orden y reproducirlo, que es lo mismo que hay debajo de saber en qué puesto iba cada uno.

Cinco minutos, y el resto en la cola del súper. Sobre por qué contar y recitar no son lo mismo, hay más en Contar no es recitar.

Qué imprimir

Primero, segundo, tercero es la hoja hecha para esto, y la parte que la hace útil es la última: la de los dos sentidos. Ahí una flecha señala un dibujo y hay que decir su puesto desde la izquierda y desde la derecha, con dos cuadros para las dos respuestas.

Es la idea entera en un ejercicio: el puesto no está en la cosa, depende de desde dónde se mire. Y tiene dos filas en las que el señalado está justo en el medio y el número coincide por los dos lados, que suele ser el momento en que se entiende del todo.

Antes de esa hoja conviene tener Contar hasta 10: si contar todavía cuesta, el orden se le hará cuesta arriba por el sitio equivocado.

Y Series y patrones para el orden sin números, que es donde empieza todo.

Lo esencial

«Tres» dice cuántos hay y se refiere al conjunto; «tercero» dice en qué puesto va y se refiere a uno solo. Confundirlos es lo normal a los cinco años y merece trabajarse aparte. Lo que más rinde es fijar siempre desde dónde se empieza a contar, y preguntar el puesto desde los dos lados: es la manera de entender que el número no está en la cosa sino en la relación. Y no hace falta material — la cola del súper y la fila de zapatos sirven igual.

Para saber más, las fuentes

Para practicarlo jugando

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