Se le pide a un niño de cinco años que señale el tercer coche de la fila y
señala tres coches. No ha entendido mal la palabra: ha entendido la que conoce.
«Tres» y «tercero» se parecen tanto que durante un par de años son la misma cosa
en su cabeza.
Y la diferencia no es un matiz de vocabulario. Una dice cuántos hay; la otra
dice en qué puesto va uno. Son dos maneras distintas de usar los números, y la
segunda casi nunca se enseña aparte.
Dos trabajos distintos del mismo número
El número cardinal —uno, dos, tres— responde a «¿cuántos?». Se refiere al
conjunto entero y no cambia si se reordenan las cosas: cinco manzanas son cinco
las coloques como las coloques.
El ordinal —primero, segundo, tercero— responde a «¿en qué puesto?». Se
refiere a un solo elemento, y cambia en cuanto se cambia el orden o el punto de
partida. El mismo coche es el segundo desde un lado y el cuarto desde el
otro.
Esa dependencia del punto de partida es lo que lo hace difícil, y también lo
que lo hace valioso: es la primera vez que un niño maneja un número cuyo valor no
está en la cosa sino en la relación. Qué va
antes trabaja justo debajo de esto — ordenar una secuencia — y conviene que
esté sólido antes de ponerle nombres a los puestos.
Puestos uno al lado del otro, los diez primeros de cada clase se ven así:
Números ordinales del 1 al 10: primero, segundo, tercero…
| Cifra | ¿Cuántos? (cardinal) | ¿En qué puesto? (ordinal) | En femenino |
| 1 | uno | primero | primera |
| 2 | dos | segundo | segunda |
| 3 | tres | tercero | tercera |
| 4 | cuatro | cuarto | cuarta |
| 5 | cinco | quinto | quinta |
| 6 | seis | sexto | sexta |
| 7 | siete | séptimo | séptima |
| 8 | ocho | octavo | octava |
| 9 | nueve | noveno | novena |
| 10 | diez | décimo | décima |
Cuándo llega cada cosa
Cuatro años. «Primero» y «último» funcionan bastante bien,
porque son los extremos y se ven. En medio no hay nada todavía: cualquier cosa
que no sea el primero ni el último es «el de en medio».
Cinco años. Entran «segundo» y «tercero», y ahí empieza la
confusión con los cardinales. Es la edad de trabajarlo a propósito.
Seis y siete años. Se sostiene la fila entera hasta el sexto o
el séptimo, y aparece lo importante: darse cuenta de que el puesto depende de
desde dónde se cuente.
Ocho años. Ya se usan sin pensar, y se cruzan con las fechas
—el día tres— y con las plantas de un edificio, que en España tienen su propia
trampa: entre la calle y el primero está el entresuelo o el principal, y eso
descoloca a cualquiera.
Los tres errores que se repiten
Contar en vez de señalar. Se pide el tercero y el niño cuenta
tres, o señala los tres primeros. Es el error central y significa que todavía no
ha separado los dos usos.
No fijar desde dónde se empieza. Un niño que responde «el
cuarto» cuando se esperaba «el segundo» muchas veces no se ha equivocado: ha
contado desde el otro lado. Conviene decir siempre en voz alta «desde la
izquierda», y sobre todo no dar por hecho que es evidente.
Empezar por el cero. Poco frecuente pero llamativo: hay niños
que llaman «primero» al segundo, porque cuentan el arranque como cero. Suele
venir de juegos o de escaleras, y se corrige contando en voz alta juntos una
vez.
Dónde aparece esto después
Los ordinales no se quedan en una hoja de infantil. Aparecen en cuanto se
empieza a leer y a escribir en serio.
Leer es una operación ordinal: las letras de una palabra tienen puesto, y
cambiarlo cambia la palabra. «Sal» y «las» tienen las mismas letras. Un niño que
maneja bien el orden entiende sin explicación por qué importa; el que no, escribe
las letras en el orden en que se le ocurren.
También está debajo de los problemas de matemáticas —«el segundo día compró
tres más»— y de cualquier instrucción de varios pasos. Y en música, en gimnasia,
en las normas de un juego de mesa: el orden es información en todas partes.
Cómo se enseña sin fichas
En la fila de cualquier cosa. El armario de los zapatos, la
cola del súper, los cinco coches del suelo. Se pregunta por puestos y se
responde señalando, no contando.
Contando desde los dos lados. Es el ejercicio que más rinde y
casi nadie hace: «este es el segundo desde aquí, ¿y desde el otro lado?». La cara
de sorpresa la primera vez es exactamente el aprendizaje.
Con el orden del día. «Primero nos vestimos, segundo
desayunamos, tercero cogemos la mochila.» Junta los ordinales con la secuencia
temporal, que es donde más falta hacen.
En las carreras y los juegos. Quedar primero, segundo o
tercero tiene una carga emocional que hace que la palabra se quede. Aquí se
aprende sin ningún esfuerzo y conviene aprovecharlo.
La trampa de los pisos y las fechas
Hay dos sitios donde los ordinales se usan a diario y donde España tiene sus
propias rarezas. Merece la pena contarlas, porque descolocan a los niños y nadie
se lo explica.
Los pisos: entre la calle y el primero puede haber un
entresuelo, un principal o los dos. De modo que el primero puede ser la tercera
planta contando de verdad. Un niño que ha aprendido a contar pisos en el ascensor
se encuentra con que los números no cuadran, y la explicación no es matemática
sino histórica.
Las fechas: en España se dice «el uno de mayo» y no «el
primero de mayo», aunque en buena parte de Hispanoamérica sea al revés. Así que
la única fecha ordinal que un niño español oye es la que precisamente no usa. No
es un problema, pero explica por qué las fechas no ayudan aquí a aprender los
ordinales como sí ayudan en otros sitios.
Donde sí funcionan a diario es en los deportes y en cualquier cosa con
clasificación: quedar primero, segundo o tercero se entiende sin explicar nada,
porque importa.
Cómo practicarlo jugando
Qué va antes es el cimiento: ordenar cuatro
escenas de un proceso. Sin la secuencia clara no hay puestos que nombrar, así que
va primero.
A contar asienta el otro uso del número, el
cardinal. Tenerlo firme es lo que permite después notar que el ordinal es otra
cosa: si contar todavía cuesta, la distinción no se puede ni plantear.
Y Recuerda la secuencia obliga a
retener un orden y reproducirlo, que es lo mismo que hay debajo de saber en qué
puesto iba cada uno.
Cinco minutos, y el resto en la cola del súper. Sobre por qué contar y recitar
no son lo mismo, hay más en Contar no es
recitar.
Qué imprimir
Primero, segundo,
tercero es la hoja hecha para esto, y la parte que la hace útil es la última:
la de los dos sentidos. Ahí una flecha señala un dibujo y hay que decir su puesto
desde la izquierda y desde la derecha, con dos cuadros para las dos
respuestas.
Es la idea entera en un ejercicio: el puesto no está en la cosa, depende de
desde dónde se mire. Y tiene dos filas en las que el señalado está justo en el
medio y el número coincide por los dos lados, que suele ser el momento en que se
entiende del todo.
Antes de esa hoja conviene tener Contar hasta 10: si contar
todavía cuesta, el orden se le hará cuesta arriba por el sitio equivocado.
Y Series y patrones para el
orden sin números, que es donde empieza todo.
Lo esencial
«Tres» dice cuántos hay y se refiere al conjunto; «tercero» dice en qué puesto
va y se refiere a uno solo. Confundirlos es lo normal a los cinco años y merece
trabajarse aparte. Lo que más rinde es fijar siempre desde dónde se empieza a
contar, y preguntar el puesto desde los dos lados: es la manera de entender que
el número no está en la cosa sino en la relación. Y no hace falta material — la
cola del súper y la fila de zapatos sirven igual.