Cálculo y matemáticas

Los problemas de comparar: la resta donde no se quita nada

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min

Los problemas de comparar: la resta donde no se quita nada

Es la misma resta y es otro problema. Aquí no desaparece nada, así que el niño busca la señal de quitar, no la encuentra y suma.

«Pablo tenía 12 cromos y ha dado 5. ¿Cuántos le quedan?» Se resuelve sin problema a los seis años.

«Pablo tiene 12 cromos y Ana tiene 5. ¿Cuántos cromos tiene Pablo más que Ana?» Misma resta, mismos números, y de repente muchos niños suman.

No es despiste. Es que el segundo problema es de otro tipo, y ese tipo es el que más se atasca de toda la primaria.

Por qué el segundo es más difícil

Porque no desaparece nada.

Un niño aprende la resta como «quitar»: había algo, se va una parte, queda el resto. Esa imagen funciona perfectamente en el primer problema y es la que lleva en la cabeza.

En el segundo no se va nada. Pablo sigue teniendo sus doce cromos y Ana sus cinco al terminar. No hay ninguna acción que se parezca a quitar, así que el niño busca la señal —«ha dado», «se ha comido», «se han ido»— no la encuentra, y recurre a lo que le queda: sumar los dos números que ve.

Y hay una trampa añadida: en «¿cuántos más tiene?» aparece la palabra más, que durante dos años ha significado sumar. Todo empuja en la dirección equivocada.

Antes de estos problemas conviene tener sólida la comparación pura, sin enunciado: Mayor, menor o igual entrena decidir cuál es mayor, que es lo que hay debajo.

Lo que lo resuelve: dos filas

La explicación no funciona. Lo que funciona es dibujarlo, y con una forma concreta.

Se dibujan dos filas, una debajo de otra: doce círculos arriba y cinco abajo, alineados uno bajo otro. Y se emparejan con una raya vertical.

Lo que sobra en la fila larga —los que no tienen pareja— es la respuesta. Y se ve. No hay que creerse nada ni recordar ninguna regla: está ahí dibujado.

Hecho tres o cuatro veces, la imagen se queda, y a partir de ahí el niño resuelve estos problemas sin dibujar porque sabe lo que está buscando: lo que sobra.

Las tres preguntas que son la misma

Conviene hacerlas las tres, porque suenan muy distintas y son la misma cuenta.

«¿Cuántos más tiene Pablo?» Se mira desde el que tiene más.

«¿Cuántos le faltan a Ana para tener los mismos?» Se mira desde el que tiene menos. Muchos niños resuelven esta y no la anterior, o al revés.

«¿Cuántos cromos se llevan?» Sin mirar desde ninguno de los dos. Es la más abstracta y la que se pide en los enunciados de clase.

Cuando las tres salen con los mismos números, la idea está. Si solo sale una, lo que hay es una fórmula memorizada para esa forma de pregunta.

La palabra que engaña

Merece un apartado porque es la causa concreta de la mitad de los errores.

Muchos niños aprenden —o deducen— que hay palabras que dicen qué operación hacer: «en total» es sumar, «le quedan» es restar. Funciona en los problemas fáciles y se rompe en cuanto aparece «cuántos más», donde la palabra más convive con una resta.

Por eso conviene no enseñar nunca las palabras clave como método. Enseñan a resolver sin leer, y en cuanto el enunciado se complica dejan de valer — hay más sobre esto en Problemas de matemáticas.

Lo que sí funciona es una pregunta previa: «¿va a haber más cosas que antes o menos?». Y para los de comparar, otra: «¿aquí se va algo?».

Cuándo toca esto

Hacia los siete años, y con dos condiciones.

Que los problemas de quitar salgan sin dudar. Si todavía se piensa cuál es la operación en «tenía 9 y da 4», este tipo no se sostiene.

Y que la resta esté automatizada. No se puede pensar en la forma del problema mientras se calcula con los dedos — es la misma razón por la que hay que automatizar el cálculo antes de cualquier problema.

Antes de esa edad se pueden hacer oralmente, con objetos delante y sin papel. La versión escrita es la difícil.

El caso que aparece después

Hay una variante que llega en tercero y conviene conocerla, porque produce el mismo atasco un nivel más arriba: los problemas donde el dato que falta está en medio.

«Ana tiene 5 cromos, que son 7 menos que los de Pablo. ¿Cuántos tiene Pablo?» Aquí hay que sumar aunque ponga «menos», que es exactamente lo contrario de lo que la palabra sugiere.

Se resuelve con las mismas dos filas. Y con la misma regla: dibujar antes de decidir.

Los objetos antes que el papel

Este tipo de problema es de los pocos que conviene hacer primero con cosas encima de la mesa, y no por ser pequeño el niño: por la forma del problema.

Se ponen doce garbanzos en una fila y cinco en otra, debajo y alineados. La pregunta «¿cuántos más tiene esta fila?» deja de necesitar explicación: se ve lo que sobra al final.

Lo importante es alinearlos. Dos montones desordenados con doce y cinco garbanzos no enseñan nada — hay que poder emparejar uno a uno, que es lo que convierte la comparación en algo visible.

Después se pasa al dibujo, que es lo mismo en papel, y por último al problema escrito sin dibujo. Saltarse los dos primeros pasos es lo que hace que este tipo se atasque durante meses.

Cómo se nota que está memorizado

Hay una comprobación rápida y conviene hacerla, porque este tipo se puede aprobar sin haberlo entendido.

Se le da el mismo problema con los números al revés: «Ana tiene 5 y Pablo 12». Si contesta 7 igual de rápido, bien. Si se bloquea o resta al revés, lo que tenía era una regla —«el primero menos el segundo»— y no la idea.

La otra señal es pedirle que lo explique. «Porque hay que restar» no es una explicación; «porque a Ana le faltan siete para tener los mismos» sí lo es.

Cómo practicarlo jugando

Mayor, menor o igual es la base: decidir cuál es mayor sin ningún enunciado de por medio. Si eso cuesta, los problemas de comparar son imposibles.

Encuentra la misma cantidad trabaja el emparejado uno a uno, que es literalmente lo que hacen las dos filas del dibujo.

Y Restar jugando automatiza el cálculo, que es lo que deja la cabeza libre para pensar en la forma del problema.

Cinco minutos al día, y los problemas en papel dos o tres por sesión —cansan mucho más que veinte cuentas.

Qué imprimir

Problemas de comparar está dedicada entera a este tipo, con las tres formas de pregunta —cuántos más, cuántos faltan, cuánto se llevan— en hojas separadas. Cada problema tiene su hueco para la operación, y al final van las soluciones.

Antes de esa, si los problemas de un paso todavía se atascan, Problemas de sumar y restar, donde sí hay algo que se junta o algo que se va.

Y para empezar de cero, con números hasta diez y para leer con el adulto al lado, Problemas para empezar.

Sobre por qué la resta cuesta más que la suma en general, Restar: por qué cuesta más.

Lo esencial

«¿Cuántos más tiene?» es la misma resta que «¿cuántos le quedan?» y un problema completamente distinto: aquí no desaparece nada, así que el niño busca la señal de quitar, no la encuentra y suma. Encima aparece la palabra «más», que durante dos años ha significado sumar. Lo que lo resuelve no es explicarlo sino dibujar dos filas y emparejar: lo que sobra en la larga es la respuesta, y se ve. Conviene hacer las tres formas de la pregunta, porque suenan distintas y son la misma cuenta. Y no enseñar nunca palabras clave: enseñan a resolver sin leer.

Para saber más, las fuentes

Para practicarlo jugando

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