Lectura y lenguaje

Cómo se llama cada cosa que rueda

Por El equipo de Kodomi Club · 4 de septiembre de 2026 · 8 min

Cómo se llama cada cosa que rueda

Los transportes están llenos de palabras que un niño oye a diario y no sabe decir. Y se prestan al mejor ejercicio de vocabulario que hay.

Un niño de siete años se monta en el autobús todas las semanas y puede no saber cómo se llama el andén, la parada, el conductor o el billete. No es que no los conozca: no ha tenido nunca que nombrarlos.

Ese es el patrón del vocabulario cotidiano: como todos sabemos de qué hablamos, señalamos en vez de nombrar. Y lo que no se nombra no se aprende. Agrupar por dónde va cada cosa, que es la clasificación de fondo, lo trabaja Dónde vive cada uno.

Tres grupos que se entienden solos

Los transportes se clasifican solos y por eso son un campo cómodo: los que van por tierra, los que van por el agua y los que van por el aire.

Esa división da una estructura donde colgar las palabras, y las palabras colgadas se recuperan mucho mejor que las sueltas. Preguntar «¿de qué grupo es un helicóptero?» es más útil de lo que parece.

Y aparecen enseguida los casos que no encajan del todo —el hidroavión, el anfibio, el ferry que lleva coches— y esos son los interesantes, porque obligan a justificar.

Las partes, que es lo que falta

Casi todos los niños saben decir «coche» y bastantes no saben decir «volante», «maletero», «matrícula» o «intermitente».

Las partes son la capa de vocabulario que se salta siempre y la que más precisión da. Un niño que puede decir «se ha roto el retrovisor» comunica algo que otro solo puede señalar.

Se aprenden nombrándolas en el momento, sin lección: «pásame la llave que está en la guantera», «baja la ventanilla». Cinco segundos y a la tercera vez está.

Las paradas y los sitios

El andén, el puerto, el aeropuerto, la estación, el semáforo, el túnel. Son palabras de sitio y tienen una ventaja: se pueden visitar.

Una estación de tren es una clase de vocabulario de veinte minutos: andén, vía, vagón, taquilla, revisor, horario, retraso. Y todo con la cosa delante.

Cuando no se puede ir, funciona bastante bien mirar un plano de metro o un horario de autobuses. Son textos discontinuos —tablas, mapas— y leerlos es una habilidad aparte que se practica poco.

Definir por lo que hace

El ejercicio que más rinde con este campo es el de un crucigrama: la pista dice para qué sirve y hay que llegar al nombre.

«Se abre y entra el aire» es la ventanilla. «Se compra antes de subir» es el billete. Ese rodeo de la función al nombre es lo contrario de una lista de vocabulario, y es como funciona hablar cuando no encuentras la palabra.

En casa se juega sin papel: uno describe y el otro adivina. Dos minutos en el coche, que además es el sitio temático.

Contar las casillas

Al hacer el crucigrama aparece la dificultad que da vocabulario de regalo: la palabra que se le ocurre no cabe.

«Coche» y «automóvil» significan lo mismo y ocupan distinto. «Bici» y «bicicleta» también. Descubrir que hay varias maneras de decir una cosa, y que no son intercambiables en cualquier situación, es una idea fina para los siete años.

Conviene decirle que cuente antes de escribir: es una comprobación de dos segundos que evita medio borrado.

Usar los cruces

Lo que convierte un crucigrama en un puzle y no en un cuestionario son las letras compartidas. Si una palabra se resiste, se salta y se vuelve con la letra que regale la que la cruza.

Hay que enseñarlo explícitamente, porque casi ningún niño lo descubre solo. Y es una manera de trabajar que sirve más allá: dejar algo a medias a propósito, avanzar por otro lado y volver con más información.

El vocabulario de moverse

Además de los nombres, hay verbos que se usan mucho y se dicen mal: arrancar, frenar, adelantar, aparcar, atracar, despegar, aterrizar.

Algunos son específicos de un medio —un avión despega y un barco atraca— y eso da una conversación bonita sobre por qué cada cosa tiene su palabra.

Es vocabulario de acción, que suele ser más pobre que el de objetos, y se aprende igual: usándolo en el momento en que pasa.

Los que ya no se usan

Diligencia, tranvía, vapor, zepelín. Algunos han desaparecido y otros solo de algunas ciudades, y aparecen en los cuentos sin explicación.

Merece la pena resolverlos cuando salgan, porque un niño que no sabe qué es una diligencia se pierde media página de un cuento sin decir nada.

Y da pie a hablar de cómo se viajaba antes, que a esta edad suele interesar bastante más de lo que uno espera.

Una o dos palabras nuevas por hoja

Es la proporción que funciona. Si de siete palabras conoce cinco, las dos nuevas se aprenden apoyadas en las conocidas y en los cruces.

Si no conoce ninguna, el crucigrama se convierte en adivinar, y adivinar frustra sin enseñar. Al elegir una hoja conviene mirar antes la lista de soluciones.

Escribirlas fija la ortografía

Un efecto secundario que conviene aprovechar: las palabras que se han rellenado letra a letra en un crucigrama se escriben mejor después.

Si hay alguna que se le resiste —«bicicleta» con sus tres íes— meterla en un crucigrama la arregla mejor que copiarla cinco veces.

Clasificar de otras maneras

Cuando el vocabulario esté, la pregunta que abre el tema: ¿de qué otras maneras se pueden agrupar estos transportes? Por si llevan motor, por cuánta gente caben, por si son públicos o privados, por si contaminan.

Ahí las respuestas dejan de ser únicas y hay que justificar, que es donde está el aprendizaje. En una palabra trabaja esa misma flexibilidad desde el lado del término que engloba.

Del vocabulario a la conversación

El cierre que más rinde no está en la hoja: hablar de un viaje. Cómo se llega al pueblo de los abuelos, cuántos medios se usan, qué se tarda con cada uno.

Ahí se usan de golpe treinta palabras del campo, con un motivo, y se practica además contar en orden, que es otra cosa entera.

El mismo campo en inglés

Los transportes son de los primeros temas que aparecen en inglés, y tienen la ventaja de que varias palabras se parecen: taxi, bus, tren y avión son reconocibles.

Eso permite empezar por lo fácil y dar confianza, que es lo que hace falta al principio de una lengua nueva. Y las que no se parecen —car, plane, ship— se aprenden como cualquier otra: viéndolas muchas veces, como contamos en el artículo sobre repasar inglés jugando.

Cómo practicarlo jugando

Dónde vive cada uno agrupa cosas por su sitio, que es la clasificación que mejor sostiene este vocabulario.

En una palabra trabaja el término que engloba a varios objetos, y Qué sobra pide decidir qué no pertenece al grupo.

Qué imprimir

El Crucigrama de los transportes son tres crucigramas —por la carretera, por el aire y por el agua, y las partes y las paradas— con soluciones.

Para leer sobre ellos, Comprensión: los transportes. Y para el vocabulario de casa, el Crucigrama de la casa.

Lo esencial

  • Un niño usa el autobús cada semana y puede no saber decir «andén». Lo que falta no es el concepto, es el nombre.
  • Las partes —volante, maletero, ventanilla— son la capa que se salta siempre y la que más precisión da.
  • La pista de un crucigrama dice para qué sirve, no cómo se llama. Ese rodeo es el ejercicio.
  • Contar las casillas antes de escribir descubre que «coche» y «automóvil» no son intercambiables.
  • Una o dos palabras nuevas por hoja. Con ninguna conocida, deducir se convierte en adivinar.

Para practicarlo jugando

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