La música parece un tema de sensibilidad y de gustos. Debajo tiene cuatro
ideas físicas muy concretas que un niño de ocho años entiende en una tarde y que
se comprueban con lo que hay en un cajón.
Y una vez entendidas, un instrumento deja de ser una caja mágica y pasa a ser
algo que se puede mirar por dentro.
Todo sonido es algo que vibra
Es la idea de fondo y sin ella no se entiende nada de lo demás: para que haya sonido, algo tiene que moverse muy deprisa de un lado a otro.
Se comprueba en cinco segundos poniendo la mano en la garganta mientras se habla: tiembla. Y al callarse, deja de temblar.
Esa vibración mueve el aire, el aire mueve más aire, y así hasta la oreja. Por eso en el espacio no se oye nada: no hay aire que lo lleve.
Escuchar con atención lo que suena es lo que entrena Qué suena, y aquí se le añade el porqué.
Grave o agudo: cuestión de velocidad
Si vibra deprisa, sale agudo. Si vibra despacio, sale grave. Con eso se explica media orquesta.
Por eso las cuerdas gordas y largas de una guitarra suenan graves y las finas suenan agudas. Y por eso un tambor grande suena más grave que uno pequeño.
Y explica lo que pasa al apretar una cuerda contra el mástil: vibra un trozo más corto, así que vibra más deprisa y el sonido sube.
El experimento es una goma elástica estirada entre dos dedos: se pellizca, y estirándola más el sonido sube. En diez segundos está demostrado.
Los vasos de agua
Es el experimento que más gusta y da para media tarde: cinco vasos iguales con distinta cantidad de agua, golpeados con una cuchara.
Suenan distinto, y ordenarlos de grave a agudo es un ejercicio completo de comparar sonidos.
Con paciencia se pueden afinar para tocar una canción sencilla, y ahí el niño ha construido un instrumento entero.
Y sirve para hablar de lo que vibra: aquí no vibra el agua, vibra el vidrio, y cuanta más agua tiene que arrastrar, más despacio va.
Las tres familias
Los instrumentos se agrupan por cómo hacen vibrar el aire, y con eso se ordenan todos.
Cuerda: vibra una cuerda al frotarla, pulsarla o golpearla. Guitarra, violín, piano.
Viento: vibra el aire de dentro porque alguien sopla. Flauta, trompeta.
Percusión: vibra algo al golpearlo. Tambor, triángulo.
El piano es el caso raro y por eso merece contarse: tiene cuerdas, pero se golpean con martillos. Discutir a qué familia pertenece es una buena conversación.
Las siete notas
Do, re, mi, fa, sol, la, si, y otra vez do. Siete que se repiten toda la vida.
Lo interesante es qué pasa al llegar al segundo do: suena igual pero más agudo, y vibra exactamente el doble de deprisa que el primero.
Ese «exactamente el doble» sorprende bastante, porque significa que hay números detrás de algo que parecía solo cuestión de oído.
Y escribir las notas permitió algo enorme: que una música compuesta hace trescientos años se toque hoy igual, aunque no quede nadie que la haya oído.
Qué hacer en casa
La goma elástica. Estirar y pellizcar. Es el experimento de cuerda entero.
Los vasos con agua. Ordenar de grave a agudo y afinarlos.
La regla en el borde de la mesa. Se pellizca sacando más o menos trozo, y el sonido cambia.
Un peine con papel de fumar. Se sopla y suena: es un instrumento de viento hecho en un minuto.
Arroz sobre un tambor. Se ve saltar cuando suena: la vibración deja de ser una palabra.
A qué edad
Cuatro y cinco años. Distinguir sonidos: fuerte y flojo, agudo y grave, rápido y lento.
Seis y siete. Que el sonido es algo que vibra, y las familias de instrumentos.
Ocho. Por qué unos suenan graves y otros agudos, con los experimentos.
Nueve. Las notas y por qué se repiten, y que escribir la música permitió conservarla.
Lo que no ayuda
Empezar por el solfeo. Aprender a leer notas antes de haber jugado con el sonido es como enseñar ortografía antes de hablar.
Explicar sin hacer ruido. Este tema entero se comprueba haciendo ruido, y hacerlo en silencio es tirarlo.
Corregir el gusto. Que a un niño le guste una canción repetitiva no es un problema que haya que arreglar.
Los nombres técnicos. Frecuencia, amplitud y timbre no aportan nada a los ocho años; deprisa, fuerte y distinto, sí.
El ritmo, que va aparte
Hay una mitad de la música que no tiene nada que ver con lo grave y lo agudo:
el ritmo, que es cuándo suena cada cosa.
Y es la parte que un niño pequeño maneja antes: dar palmas siguiendo una
canción se hace a los tres años, mucho antes de distinguir dos notas.
Se trabaja repitiendo patrones de palmas: el adulto hace tres golpes y una
pausa, y el niño lo repite. Después al revés, que es más difícil porque hay que
inventar y sostener.
Ese ejercicio es memoria de secuencia pura, del mismo tipo que escuchar sin mirar, y sirve
mucho más allá de la música.
Escuchar lo que no se ve
Hay un juego de dos minutos que se puede hacer en cualquier sitio y que
prepara todo lo demás: cerrar los ojos y contar cuántos sonidos distintos se
oyen.
Casi siempre salen más de los que nadie diría: la nevera, un coche lejos, un
reloj, alguien en otra habitación. Y ninguno se oía un minuto antes.
Lo que enseña es que oír y escuchar no son lo mismo, y que atender cambia lo
que llega.
Después se puede subir: ordenar los sonidos de más cerca a más lejos, o
adivinar qué los produce. Es el mismo trabajo que hace falta para distinguir dos
instrumentos dentro de una canción.
Tocar un instrumento, sin prisa
La pregunta de si apuntarlo a música aparece hacia los seis o siete años, y
conviene separarla de todo lo anterior: esto se puede hacer sin que nadie estudie
ningún instrumento.
Y si se estudia, lo que decide que dure no es el instrumento sino que haya
ratos de tocar por gusto, sin nadie corrigiendo. Media hora de estudio diaria sin
un solo minuto de tocar lo que le apetece acaba mal.
Los experimentos de esta hoja valen igual para quien toca algo: entender por
qué su instrumento suena como suena hace que practicar tenga otro sentido.
Y si no toca ninguno, no pasa nada. Escuchar con atención y distinguir lo que
se oye es la parte que sirve para todo lo demás.
Cómo practicarlo jugando
Qué suena y De quién es la voz entrenan escuchar con atención y distinguir sonidos, que es la base del tema.
Recuerda la secuencia trabaja retener una serie en orden, que es lo que hace falta para repetir un ritmo.
Cinco minutos. Y un experimento con la goma o los vasos, que es lo que de verdad enseña.
Qué imprimir
Leer sobre la música son cuatro textos con preguntas: de dónde sale el sonido, graves y agudos, las familias y las notas.
Conviene leerlos y comprobarlos enseguida: lo de las vibraciones se entiende en diez segundos tocando algo, y no se entiende leyendo.
Y Leer sobre el cuerpo encaja al lado, porque la voz y el oído son las dos puntas de todo esto.
Lo esencial
Debajo de la música hay cuatro ideas que se comprueban con lo que hay en un cajón. Todo sonido es algo que vibra, y se nota con la mano en la garganta. Grave o agudo depende de la velocidad de esa vibración, y una goma elástica lo demuestra en diez segundos. Los instrumentos se agrupan por qué vibra en cada uno. Y las siete notas se repiten porque el do siguiente vibra justo el doble de deprisa, que es donde aparecen los números detrás del oído.