Cálculo y matemáticas

Las tablas difíciles: menos de las que parecen

Por El equipo de Kodomi Club · 2 de septiembre de 2026 · 8 min

Las tablas difíciles: menos de las que parecen

Las cuatro tablas que asustan tienen en realidad diez operaciones nuevas. Saber cuáles cambia por completo lo que hay por delante.

Del seis al nueve son cuatro tablas de diez operaciones cada una: cuarenta cosas que aprender. Dicho así, cualquiera se desanima.

Y es falso. Contando bien quedan unas diez operaciones nuevas de verdad, y saber cuáles son antes de empezar cambia por completo la sensación.

La cuenta de verdad

Y todo esto solo tiene sentido si multiplicar ya se entiende. Tablas de multiplicar pregunta en desorden, que es la comprobación: si hay que recitar desde el principio para llegar a 7 × 6, lo que falta no es memoria.

De las cuarenta, se van cayendo solas.

Las del 10 ya están. 6 × 10, 7 × 10, 8 × 10, 9 × 10 son mover un cero. Menos cuatro.

Las del 1 y el 0 también. Menos ocho más.

Las del 2 y el 5 se saben. Si se aprendieron primero, 6 × 2 y 7 × 5 ya están hechas. Menos ocho.

Las del 3 y el 4, igual. Menos ocho.

Y el orden no importa. 7 × 6 y 6 × 7 son la misma, así que la mitad de lo que queda está duplicado.

Lo que sobrevive: 6×6, 6×7, 6×8, 6×9, 7×7, 7×8, 7×9, 8×8, 8×9, 9×9. Diez.

Merece la pena hacer esta cuenta con el niño delante y escribir las diez en un papel. Ver que el enemigo son diez y no cuarenta es media batalla.

El truco del nueve

La del nueve tiene dos regularidades que la convierten en la más fácil de las difíciles, y casi nunca se enseñan.

Las dos cifras suman nueve siempre. 18: uno y ocho. 27: dos y siete. 45, 63, 81. Todas.

La primera cifra es uno menos que el multiplicador. 9 × 4 empieza por 3. Y la segunda es lo que falta para nueve: 36.

Con esas dos, la tabla del nueve se saca entera sin memorizar nada. Y hay además el truco de los dedos, que funciona y que a los ocho años encanta: se bajan diez dedos, se dobla el que corresponde al multiplicador, y los de la izquierda son las decenas y los de la derecha las unidades.

El seis y el ocho, doblando

Quien tenga las tablas fáciles no empieza de cero en estas.

La del seis es la del tres doblada: 3 × 7 son 21, así que 6 × 7 son 42. La del ocho es la del cuatro doblada, o la del dos doblada tres veces.

Es más lento que recordarlo, y sirve para dos cosas: salir del paso cuando no sale, y ver que las tablas están relacionadas en vez de ser diez listas independientes.

Todo esto se apoya en tener los dobles automáticos, que es de lo primero que se aprende — contado en La mitad y el doble.

Las que de verdad hay que memorizar

Después de todos los trucos, quedan cuatro o cinco que no tienen atajo: 6×7, 6×8, 7×8, 7×7, 8×8.

Esas son las que merecen tarjetas, repetición y todo el esfuerzo. Escribirlas aparte en un papel y atacarlas solo esas es mucho más eficiente que repasar las cuatro tablas enteras.

Y ayuda que tengan algo que las haga memorables. 7 × 8 = 56 tiene la particularidad de que las cuatro cifras van seguidas: 5, 6, 7, 8. Es una tontería y funciona.

Cómo se practican

En desorden, siempre. Recitada de arriba abajo, una tabla sale siempre; salteada se ve lo que hay. Y salteada es como aparece en un problema.

Poco y a diario. Cinco minutos todos los días rinden mucho más que media hora el sábado.

En las dos direcciones. «7 por 8» y «¿cuánto por 8 da 56?». La segunda es la que después sirve para dividir.

Sin cronómetro al principio. La velocidad es la consecuencia de tenerlo automatizado, no el método para conseguirlo.

Cuándo están de verdad

No cuando las recita: cuando contesta una suelta, sacada de contexto, en menos de tres segundos y sin empezar por el principio de la tabla.

Un niño que para saber 7 × 6 recita «siete, catorce, veintiuno…» no las tiene automatizadas. Llega al resultado y gasta en ello toda la atención, que es exactamente lo que no puede permitirse en un problema de dos pasos.

La comprobación es rápida y merece hacerla de vez en cuando en vez de dar por buena una recitación.

Lo que no funciona

Empezar por las difíciles. El orden importa: primero las que ya se saben, para que la sensación sea de avanzar.

Recitarlas de arriba abajo. Crea una cadena de la que no se puede salir por el medio.

Darlas antes de entender qué es multiplicar. Se memorizan sonidos sin nada debajo y se olvidan en verano — está contado en Multiplicar.

Todas a la vez. Una tabla por semana como mucho, y volviendo siempre sobre las anteriores.

La tabla escrita, que sirve de mapa

Hay un material que ayuda mucho y casi nadie usa: la tabla entera de diez por diez, escrita en un papel y colgada.

No para consultarla —eso quita la práctica— sino para verla. En cuanto se tachan las filas del 1, del 2, del 5 y del 10, y se tacha la mitad de abajo porque está repetida, lo que queda sin tachar es un triángulo pequeño.

Ese triángulo son las diez operaciones difíciles, dibujadas. Y verlas ocupar tan poco sitio hace más por la moral que cualquier explicación.

Además esconde regularidades que a los ocho años sorprenden: la diagonal son los cuadrados, las filas van creciendo de manera regular, y la tabla es simétrica respecto a esa diagonal — que es lo mismo que decir que el orden no importa.

Cuando una se resiste

Casi siempre hay dos o tres que no entran por mucho que se repitan, y conviene tratarlas aparte en vez de seguir repasando todo.

Lo que funciona es aislarlas: escribirlas en tres tarjetas y trabajar solo esas durante una semana, dos minutos al día. Repasar las cuarenta para atacar tres es gastar el rato en lo que ya se sabe.

Y ayuda buscarles un gancho, aunque sea tonto. Una imagen, una rima, una frase. No hace falta que tenga lógica: lo que hace que algo se quede es que sea distinto de lo demás.

Si aun así se resiste, no pasa nada por dejar que la saque doblando o sumando mientras tanto. Tener un camino lento es infinitamente mejor que bloquearse.

Cómo practicarlo jugando

Tablas de multiplicar pregunta en desorden y con un poco de prisa, que es exactamente lo que distingue lo automatizado de lo recitado.

Sumar jugando mantiene el cálculo pequeño en forma, y A contar la idea de grupo, que es lo que hay debajo de multiplicar.

Cinco minutos al día. Y contar de seis en seis por la calle de vez en cuando.

Qué imprimir

Tablas de multiplicar del 6 al 9 las trabaja de dos en dos y después mezcladas, que es donde se ve si están de verdad.

Antes de esas, Tablas del 2 al 5, por el orden que se explica arriba.

Y Colorea con las tablas para practicar sin que parezca practicar: cada resultado dice de qué color va una zona del dibujo.

Lo esencial

Las cuatro tablas difíciles parecen cuarenta operaciones y son diez: descontando el 10, el 1, el 0, las que ya se saben y el orden que no importa, sobrevive una lista corta. Hacer esa cuenta con el niño delante cambia la sensación de lo que hay por delante. La del nueve se saca entera con dos regularidades, la del seis es la del tres doblada y la del ocho la del cuatro. Y al final quedan cuatro o cinco sin atajo, que son las que merecen todo el esfuerzo.

Para practicarlo jugando

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