Cálculo y matemáticas

Repasar tablas sin que lo parezca

Por El equipo de Kodomi Club · 4 de septiembre de 2026 · 8 min

Repasar tablas sin que lo parezca

Cinco minutos al día rinden más que media hora el sábado. Lo difícil no es explicar las tablas: es conseguir las repeticiones.

Las tablas no se entienden mejor por explicarlas más veces. Se automatizan por el número de veces que se ven, y ese número es alto: varios cientos de encuentros con cada producto antes de que salga sin pensar.

Así que el problema real no es didáctico, es logístico: cómo conseguir cientos de repeticiones sin que el niño abandone a la tercera hoja. Tablas de multiplicar resuelve una parte con partidas de cinco minutos; el resto hay que buscarlo en otros formatos.

Cinco minutos al día

Es la regla que más rinde y la que menos se sigue. Cinco minutos diarios durante un mes son ciento cincuenta minutos repartidos en treinta sesiones. Media hora un sábado durante cinco semanas son los mismos minutos en cinco sesiones.

Los primeros funcionan y los segundos no, y la diferencia no es de voluntad: la memoria consolida entre sesiones, no dentro de ellas.

La consecuencia práctica es que conviene elegir formatos cortos. Cualquier cosa que dure cinco minutos y se pueda repetir todos los días vale más que una actividad estupenda que se hace una vez al mes.

Cuáles cuestan de verdad

No todas las tablas son iguales, y tratarlas como si lo fueran gasta tiempo. La del 1, la del 2, la del 5 y la del 10 se aprenden casi solas. La del 3 y la del 4 cuestan poco.

Lo difícil es el 6, el 7, el 8 y el 9. Y dentro de esas, unos pocos productos concretos: 6×7, 6×8, 7×8, 7×9, 8×9. Si se cuentan, son cinco.

Concentrar el esfuerzo en esos cinco en vez de recitar las diez tablas enteras cambia mucho el rendimiento del tiempo invertido. Está desarrollado en el artículo sobre las tablas difíciles.

El truco del nueve

La tabla más temida tiene un patrón que la vuelve la más fácil de comprobar: las cifras de sus resultados suman nueve. 18, 27, 36, 45, 54, 63, 72, 81.

Y hay más: la primera cifra es siempre uno menos que el multiplicador. 9×6 empieza por 5, y la otra cifra es lo que falta para nueve, o sea 4: cincuenta y cuatro.

Enseñarlo produce bastante entusiasmo y tiene un efecto colateral bueno: el niño empieza a buscar patrones en las otras tablas. Los hay.

La mitad del trabajo ya está hecha

Una cosa que casi nadie dice y que ahorra la mitad del esfuerzo: 6×7 y 7×6 son lo mismo.

Eso significa que de los productos que quedan por aprender, la mitad son repeticiones. Decirlo explícitamente y comprobarlo con puntos —tres filas de cuatro y cuatro filas de tres— quita bastante peso.

Y da una estrategia: cuando no salga 7×8, se puede intentar 8×7, que a veces está más disponible por haberse practicado en otro orden.

Reconstruir desde una cercana

Un producto olvidado no está perdido si se sabe reconstruirlo. 6×7 es 6×6 más seis. 7×8 es 7×7 más siete. 8×9 es 8×10 menos ocho.

Esa última es especialmente útil, porque multiplicar por diez es inmediato. Cualquier producto por nueve es el producto por diez menos el número.

Reconstruir es más lento que recordar y es infinitamente mejor que quedarse en blanco. Y con el tiempo, el camino corto acaba imponiéndose solo.

Los dos sentidos

Recitar la tabla entrena ir de la cuenta al resultado. Falta el otro sentido: ver 56 y saber que es 7×8.

Es el que hace falta para dividir, para simplificar fracciones y para casi todo lo que viene después, y casi no se practica. Los formatos que lo trabajan son el bingo —resultados en el cartón—, el memori y los laberintos de múltiplos.

Divisiones con resto es donde se cobra: buscar el múltiplo más cercano por debajo es exactamente esa habilidad.

El laberinto, que da treinta comprobaciones

Un laberinto donde el camino solo pisa múltiplos de siete obliga a comprobar unas treinta casillas para llegar a la salida. Treinta comprobaciones hechas por voluntad propia.

La diferencia con una lista de treinta preguntas es todo: aquí el cálculo es el peaje y lo que se quiere es salir. Y si se mete por una rama equivocada, tiene que volver, que también entrena algo.

Conviene decir que el camino es único y que los números de fuera nunca cumplen la regla. Así puede fiarse de lo que deduce.

Formatos que caben en cinco minutos

Media docena, y conviene rotarlos para que ninguno se agote. Preguntas sueltas en el coche. Una partida de memori. Un cartón de bingo. Media hoja de laberinto. Cinco minutos de juego en pantalla. Las tablas dichas mientras se suben escaleras.

Lo importante no es cuál, es que sea corto y que se repita. Un niño que hace tres formatos distintos en una semana ve las mismas tablas desde tres sitios, y eso consolida mejor que treinta repeticiones iguales.

Con o sin tabla a la vista

Al principio, a la vista. El objetivo de las primeras sesiones es que no se atasque, no evaluar.

Después se pasa a tenerla boca abajo en la mesa: se puede consultar pero cuesta un gesto, así que solo se hace cuando hace falta de verdad. Y por último se retira.

Retirarla demasiado pronto produce bloqueos y frustración; dejarla demasiado tiempo impide que la memoria trabaje. El punto medio es cuando la consulte cada vez menos por su cuenta.

Medir sin exámenes

Una manera sencilla de ver si avanza: seis productos difíciles preguntados sueltos, cronometrando mentalmente. Se apunta cuántos salen en menos de tres segundos.

Repetir la prueba cada tres semanas con otros seis da una idea bastante clara y no se vive como un examen. Y ver que el número sube es lo que convence al niño de que el rato invertido servía.

Lo que no funciona

Recitar la tabla entera de corrido como única práctica: produce una canción que solo se puede cantar desde el principio.

Y las sesiones largas de castigo, que garantizan que el niño asocie las tablas con algo desagradable. Un tema que da pereza se practica menos, y lo que se practica menos se olvida más: es un círculo que conviene no empezar.

Cómo practicarlo jugando

Tablas de multiplicar hace partidas de cinco minutos con opciones falsas que son productos vecinos, así que no se acierta por descarte.

Divisiones con resto trabaja el sentido inverso, y Encuentra la pareja mantiene la mecánica del memori, que es el otro formato corto que funciona.

Qué imprimir

El Laberinto de las tablas difíciles son tres laberintos de múltiplos de 6, de 8 y de 9, con las soluciones sombreadas.

Para el repaso directo, las Tablas mezcladas y las Tablas del 6 al 9. Y para jugar, el Bingo de multiplicar.

Lo esencial

  • Las tablas se automatizan por número de veces que se ven. El problema no es explicarlas: es conseguir las repeticiones.
  • Cinco minutos al día durante un mes rinden mucho más que media hora los sábados. La memoria consolida entre sesiones.
  • Lo difícil son cinco productos: 6×7, 6×8, 7×8, 7×9 y 8×9. Concentrar el esfuerzo ahí.
  • 6×7 y 7×6 son lo mismo: la mitad del trabajo está hecha, y decirlo quita bastante peso.
  • Falta el sentido inverso —ver 56 y saber que es 7×8— y es el que hace falta para dividir.

Para practicarlo jugando

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