Cálculo y matemáticas

Restar en columna: pedir prestado

Por El equipo de Kodomi Club · 4 de septiembre de 2026 · 7 min

Restar en columna: pedir prestado

Cuando arriba hay menos que abajo hay que pedir prestado. Es el momento en que muchos niños empiezan a inventarse la resta.

Hay un error en las restas en columna tan común que casi parece una regla alternativa. El niño ve 52 menos 27, mira la columna de las unidades, ve un 2 arriba y un 7 abajo, y como no puede quitar siete de dos hace lo único que se le ocurre: le da la vuelta y resta 2 de 7. Escribe 5. Después resta 2 de 5 y escribe 3. Resultado: 35.

Lo llamativo es que este error es estable. No es un despiste que aparezca un día: el niño lo repite en toda la hoja, con seguridad, porque ha construido una regla propia que le permite seguir adelante cuando la de verdad le falla. Y eso es exactamente lo que hace un cerebro razonable cuando no entiende una regla: se inventa otra que funcione.

Una regla inventada es una buena señal

Merece la pena detenerse en esto antes de corregir nada. Cuando un niño inventa una regla para salir del paso, está haciendo algo bastante sofisticado: ha detectado que el método que le enseñaron no cubre este caso y ha construido un remiendo que le permite terminar la hoja. El remiendo está mal, pero el impulso no.

Eso cambia la manera de intervenir. No sirve repetir «está mal» ni mandar otra hoja igual: el niño hará lo mismo, porque su regla le funciona en el sentido de que le deja acabar. Hay que ir a la raíz y enseñar qué se hace cuando arriba hay menos que abajo, que es justamente el caso que su método no cubría.

Mientras tanto conviene mantener viva la resta suelta, que es distinta y más fácil. Restar jugando la trabaja con apoyo visual y sin la carga de la colocación, así que un niño atascado con la columna puede seguir avanzando por ahí sin sentir que todo se ha parado.

La suma en columna, que va antes, tiene su propia versión de este problema y está contada en el artículo sobre sumar en columna. Si aquella no está sólida, esta no puede estarlo: la colocación se aprende una vez y sirve para las dos operaciones.

Lo primero es mirar

La resta en columna tiene un paso que la suma no tiene: antes de calcular hay que comprobar si se puede. Mirar la columna de las unidades y preguntarse si arriba hay bastante. Ese vistazo es el que muchos niños se saltan, y de ahí viene todo lo demás.

Conviene decirlo con esas palabras y convertirlo en un gesto: el dedo va a la columna de la derecha, se leen los dos números en voz alta, «dos y siete», y se decide. Si arriba hay más, se resta. Si arriba hay menos, hay que pedir prestado a la izquierda.

Al principio ese paso hay que hacerlo despacio y en voz alta en cada columna. Es lento y no importa: lo que se está instalando no es velocidad, es un hábito de comprobación previa. La velocidad viene después sola, y el hábito no.

Qué es pedir prestado, con monedas

La explicación de clase —«tacha el cinco y pon cuatro, y el dos se convierte en doce»— es correcta y no explica nada. Funciona mucho mejor con monedas de un euro y de diez céntimos, o con palillos sueltos y atados de diez.

Poned 52 encima de la mesa: cinco atados de diez y dos sueltos. Ahora hay que dar 27, es decir dos atados y siete sueltos. Los dos atados se dan sin problema. Los siete sueltos no, porque solo hay dos. Entonces se deshace un atado: ahora hay cuatro atados y doce sueltos. Y de doce sí se pueden dar siete.

Ahí está todo. El niño ha visto que el número no ha cambiado —sigue habiendo 52— pero está repartido de otra manera. Cuando después escriba el tachón encima del 5 y el 12 en la columna de las unidades, estará anotando algo que ya ha hecho con las manos. Sin ese paso, el tachón es magia.

Apuntar el préstamo, siempre

Igual que en la suma, lo que se pide prestado se escribe. En las fichas hay un recuadro pequeño de puntos encima de cada columna para eso. Muchos niños intentan llevarlo en la cabeza y a la tercera columna ya no se acuerdan de si el 7 de al lado era 7 o ya lo habían convertido en 6.

Cuando hay dos préstamos seguidos —por ejemplo en 400 menos 178— la cosa se complica de verdad, porque hay que pedir a una columna que también está vacía. Ese caso conviene dejarlo para cuando el préstamo sencillo salga sin pensar, y presentarlo aparte, no mezclado en una hoja normal.

Cuánto tarda en asentarse

Conviene tener expectativas realistas, porque la resta con préstamo es de las cosas que tardan. Un niño puede entender la explicación de las monedas en una tarde y seguir fallando dos semanas después, no por no haberla entendido sino porque en el momento de calcular tiene tres cosas en la cabeza a la vez: mirar si se puede, tocar la columna de al lado y acordarse de lo que ha tocado.

Con dos hojas por semana durante un mes, la mayoría lo automatiza. Lo que no funciona es concentrarlo: cuatro hojas seguidas un sábado dejan al niño harto y no dejan nada instalado. El cálculo se asienta con sesiones cortas y repetidas, igual que las tablas.

Y hay una señal que conviene saber leer. Si falla solo en las restas que llevan préstamo y acierta todas las demás, el método está a medio hacer y hay que seguir. Si falla también en las que no llevan préstamo, el problema es otro —cansancio, prisa, o restas sueltas que no salen— y la hoja de columna no lo va a arreglar.

La comprobación que vale la pena enseñar

Hay una comprobación de la resta que es rápida y que además refuerza justo la idea que interesa: sumar el resultado con el número de abajo y ver si sale el de arriba. Si 52 menos 27 son 25, entonces 25 más 27 tienen que ser 52.

Es la misma idea de la que hablamos en el artículo sobre deshacer una suma: la resta y la suma son la misma relación en dos direcciones. Aquí, además, tiene un uso práctico inmediato, y un niño que se acostumbra a comprobar así se corrige solo antes de entregar.

Cómo practicarlo jugando

Restar jugando mantiene rápidas las restas de un dígito, que son las que hay que resolver dentro de cada columna; si esas se atascan, la columna entera se atasca. Descompón el número trabaja la idea de que un número se puede repartir de varias maneras, que es literalmente lo que pasa cuando se deshace una decena.

Y Resuelve la operación obliga a mirar el signo antes de calcular, que es el otro descuido clásico de esta edad: hacer una suma en una hoja de restas porque las anteriores eran sumas.

Qué imprimir

Las Restas en columna traen la rejilla dibujada y el recuadro para apuntar el préstamo: doce restas por hoja, primero de dos cifras y después de tres, con soluciones. Conviene haber hecho antes las Sumas en columna, porque la colocación se aprende una vez y sirve para las dos.

Si el problema está más atrás, en la resta suelta, las Restas hasta 20 son el material al que volver.

Lo esencial

  • El error de restar la cifra pequeña de la grande no es un despiste: es una regla inventada por el niño para poder seguir. Se corrige explicando la de verdad, no repitiendo la hoja.
  • Antes de calcular hay que mirar: ¿arriba hay bastante? Ese vistazo es el paso que falta.
  • El préstamo se entiende con monedas o palillos: se deshace una decena y el número sigue valiendo lo mismo, repartido de otra forma.
  • Lo prestado se apunta encima de la columna. Nadie lo recuerda tres columnas después.
  • Comprobar sumando el resultado con el número de abajo: rápido, y refuerza que restar deshace lo que la suma hizo.

Para saber más, las fuentes

Para practicarlo jugando

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