Cálculo y matemáticas

Acertijos con números pequeños

Por El equipo de Kodomi Club · 10 de septiembre de 2026 · 7 min

Acertijos con números pequeños

Las patas de la granja, los apretones de manos, los postes de la valla. Doce acertijos donde lo difícil no es calcular.

Aquí no hay ninguna cuenta grande. Lo que hay que encontrar es qué cuenta hacer, que es lo contrario de una hoja de operaciones.

El hábito de descartar lo que no encaja se entrena antes en Qué sobra y aquí se usa entero.

Los números son fáciles a propósito

Cinco cabezas y catorce patas. Doce caramelos. Cuatro amigos. Todos los números caben en una mano, y eso está elegido.

Si los números fueran grandes, el niño se pelearía con el cálculo y no llegaría nunca al planteamiento, que es lo que se entrena.

Conviene decirlo: si te sale una cuenta difícil, has planteado mal.

Dibújalo antes de contestar

Las patas de la granja, los apretones de manos, los postes de la valla y la escalera se caen solos con un dibujo.

Dibujar obliga a poner los datos en el sitio, y muchas veces la respuesta aparece al terminar el dibujo, sin pensar nada más.

Es la instrucción que hay que repetir siempre y la que casi nadie sigue la primera vez.

Los postes y los tramos

Una valla con seis tramos tiene siete postes. Es el clásico de contar mal por uno y aparece en mil sitios: los árboles de una calle, las paradas de una línea.

Se ve dibujando cinco rayas y contando los puntos entre ellas, y ya no se olvida.

El mismo error al revés está en los cortes de la cuerda: tres cortes dan cuatro trozos.

Empezar por lo que se sabe

En el de la granja, si todos fueran gallinas habría diez patas. Sobran cuatro, y cada conejo añade dos: dos conejos.

Ese razonamiento —suponer y ajustar— es potentísimo y se puede enseñar a los nueve años sin ninguna ecuación.

Conviene hacerlo en voz alta la primera vez y dejar que lo repita solo la segunda.

Los apretones de manos

Cuatro personas dan seis apretones, no doce: cada apretón lo dan dos. Contar de más por no fijarse en eso es el error esperado.

Se resuelve dibujando cuatro puntos y uniéndolos todos con todos. Las líneas se cuentan y ya está.

Ese dibujo es un grafo, y a los diez años se hace sin saber que tiene nombre.

Pensar un número y deshacerlo

«Lo multiplico por tres y le resto cuatro, y me da veinte». Se resuelve yendo hacia atrás: sumar cuatro y dividir entre tres.

Es una ecuación en toda regla y se resuelve sin escribir una sola equis. Cuando llegue el álgebra, el gesto ya está.

Conviene señalar que se hacen las operaciones contrarias y en orden inverso: es la regla entera.

La escalera y el caracol

Subir tres y bajar uno parece que avanza dos por vuelta, y el último tramo rompe la cuenta: cuando llega arriba, ya no baja.

Es el mismo truco que el caracol del pozo, y verlo dos veces en contextos distintos es lo que lo fija.

Dibujar los últimos escalones, y no todos, es lo que resuelve.

Cuando se falla, se relee

Casi siempre se ha dado por supuesto algo que no ponía. Leerlo otra vez en voz alta, despacio y subrayando los datos, resuelve más de la mitad.

Un enunciado de acertijo se lee de otra manera que un cuento: cada palabra cuenta.

Esa lectura lenta es una habilidad y se practica aquí mejor que en ningún sitio.

No mirar la respuesta

La respuesta va impresa debajo y hay que resistir. Un acertijo mirado a los diez segundos no enseña nada.

Conviene pactar antes un tiempo mínimo, y que lo diga el niño: si lo propone él, lo cumple.

Cinco minutos pensando sin resolverlo dejan más que un minuto y la solución leída.

Explicarlo después

Cuando sale, se pide que lo explique con sus palabras. Ahí se ve si lo ha resuelto o lo ha adivinado.

Y explicarlo lo consolida: es la diferencia entre haber acertado y saber hacerlo.

Con dos por sesión explicados basta.

En parejas funciona mejor

Dos niños con el mismo acertijo discuten, y discutir obliga a decir el razonamiento en voz alta, que es donde se ven los agujeros.

Funciona incluso mejor si uno ya lo sabe y solo puede hacer preguntas, sin dar la respuesta.

Hacer preguntas sin resolver es también una habilidad, y se aprende ahí.

Escribir el razonamiento

En estos acertijos la respuesta es un número corto y el razonamiento es largo. Escribir dos líneas de cómo se ha llegado vale más que el número.

Y sirve para corregir de verdad: un acierto sin razonamiento puede ser una casualidad, y se nota enseguida.

No hace falta en los doce; con tres o cuatro por hoja es suficiente.

Inventar uno parecido

Después de resolver el de la valla, cambiar los números e inventarlo con árboles. Es fácil y demuestra que se ha entendido la estructura.

Los que se pueden reinventar son los que se han comprendido; los que no, se han memorizado.

Con dos o tres inventados por el niño se llena una sesión entera.

Cuánto por sesión

Dos acertijos, no más. Son de pensar mucho en poco rato y el tercero se hace ya sin ganas.

Dos días por semana, antes de cenar, es un ritmo que aguanta meses.

Y no pasa nada por dejar uno sin resolver y volver la semana siguiente.

No es un examen de listura

Un acertijo que no sale no dice nada de nadie. La mayoría dependen de haber visto antes ese truco, y por eso se llaman clásicos.

Decirlo evita la sensación de fracaso que hace que se abandonen para siempre.

Y conviene que el adulto se atasque delante del niño, cosa que pasa sola si no se los ha leído antes.

Antes de esto

Hace falta sumar y restar hasta veinte y tener la costumbre de apuntar mientras se piensa.

También hace falta tolerar el atasco unos minutos sin frustrarse, que a los siete años todavía cuesta.

Si cada acertijo acaba en enfado, es pronto y no pasa nada por esperar.

Qué edad

Con los cuatro primeros, a los ocho.

Con los apretones y los cortes de cuerda, a los nueve.

Con la escalera y el número pensado, a los diez u once.

Los errores del adulto

Dar la respuesta a los dos minutos. Reírse de la solución intuitiva. Y explicar el truco antes de que haya intentado nada.

La ayuda buena es una pregunta: ¿lo has dibujado? ¿qué pasa en el último paso?

Y cuando sale, pedir que lo explique él, que es la manera de que se quede.

Antes y después de esto

Los acertijos de lógica están en los acertijos de lógica, y la costumbre de escribir mientras se piensa, en cuándo hay que apuntar para pensar. Los más difíciles, en acertijos que no salen a la primera.

Cómo practicarlo jugando

Qué sobra entrena descartar lo que no encaja, que es la base de casi todos.

Sumar jugando deja el cálculo automático y Qué se hace primero el orden de los pasos.

Qué imprimir

Acertijos de números trae doce acertijos con la respuesta impresa debajo.

Con más lógica y menos cuenta, Acertijos de lógica. Y con rejilla, Tablas lógicas de cinco.

Lo esencial

  • Los números son fáciles a propósito: si sale una cuenta difícil, está mal planteado.
  • Dibújalo antes de contestar: cuatro de los doce se caen solos con un dibujo.
  • Seis tramos de valla son siete postes; tres cortes dan cuatro trozos.
  • Suponer y ajustar resuelve el de las gallinas sin ninguna ecuación.
  • Cuando falla, se relee el enunciado: casi siempre se supuso algo que no ponía.

Para practicarlo jugando

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