Preguntarle a un niño de cinco años cuál es su mano derecha y esperar que lo sepa es como preguntarle qué día de la semana es: puede acertar y no significa que lo tenga. La derecha y la izquierda tardan, y tardan más de lo que casi todos los adultos recuerdan.
Lo que hace falta primero es una referencia fija en el propio cuerpo. Después ya se puede trasladar al papel y a las cuadrículas, que es donde lo pide Dictado en cuadrícula.
La referencia que funciona
Para casi todos los niños, la derecha es «la mano con la que dibujo». Es una definición imperfecta, no vale para los zurdos y funciona mejor que cualquier otra cosa.
Con un zurdo se dice al revés y sin ceremonia: la izquierda es la mano con la que dibuja. Lo que importa no es la regla sino tener una y que sea suya.
Y conviene que sea física: una pulsera, un lazo, una pegatina en el dorso de la mano durante unos días. Poder mirarse la mano y comprobarlo es lo que da seguridad.
Las manos encima del papel
La hoja con las dos manos dibujadas se usa poniendo las propias encima. Ese gesto —comparar la mano con el dibujo— es lo que enseña, no el dibujo en sí.
Colorear cada una de un color deja la referencia por escrito: la derecha naranja, la izquierda azul. Y funciona colgarla en la pared, porque se ve cien veces.
El detalle que hace posible el ejercicio es el pulgar: si los cinco dedos miran hacia arriba, la mano derecha y la izquierda dibujadas son idénticas y no hay manera de distinguirlas.
La de enfrente es la contraria
Aquí está la parte que de verdad cuesta. Cuando alguien está enfrente, su derecha queda a nuestra izquierda, y eso desmonta la referencia recién aprendida.
No conviene meterlo pronto. Primero la propia mano, durante meses, y sólo cuando eso está firme se puede jugar a levantar la mano que levanta el de enfrente.
Y cuando llega, se enseña girando: ponerse los dos mirando al mismo lado y comprobar que coinciden, y después girar uno y ver cómo se cambian. Es una demostración de diez segundos.
En la hoja, la del que mira
En cualquier ficha, la derecha es la del que mira el papel, no la del dibujo. Aunque el dibujo sea un osito con cara.
Eso hay que decirlo, porque a los seis años ya hay niños que se plantean lo contrario, y tienen razón en plantearlo. La convención es una convención y merece explicarse.
Con niños que dudan, funciona apoyar la mano en el borde de la hoja: la mano derecha en el borde derecho. La referencia física resuelve el titubeo.
Dónde hace falta de verdad
En el dictado en cuadrícula, donde una instrucción mal entendida arruina el dibujo entero. En la escritura, que va de izquierda a derecha. Y en la lectura, por lo mismo.
También en la vida: la derecha de la acera, el carril, «gira a la derecha». Y en el deporte, donde media clase de educación física son instrucciones de lado.
No hace falta que sea rápido a los cinco años. Hace falta que sea seguro a los siete, y para eso lo que sirve es usarlo, no explicarlo más veces.
Usarlo todos los días
La manera más barata es cambiar cómo se dan las instrucciones en casa: «el vaso de la derecha», «ponte el zapato izquierdo primero», «la puerta de la izquierda».
Cuesta lo mismo que decir «ese» y enseña todos los días. Al cabo de un mes, la palabra está usada cien veces en situaciones distintas.
Y los zapatos son el mejor material que existe: hay uno para cada pie y se nota enseguida cuando están cambiados. Ponérselos bien es una comprobación diaria.
Cuando se confunde mucho
Confundirlas a los cinco y seis años es completamente normal y no significa nada. Muchos adultos siguen dudando medio segundo y resolviéndolo con un truco propio.
Lo que no ayuda es corregir cada vez con impaciencia. Lo que sí, es dar la referencia otra vez —«mira la mano con la que dibujas»— y seguir.
Y si a los ocho años sigue costando mucho en tareas de papel, conviene mirar si el problema es de lado o de otra cosa: copiar, orientarse en la hoja, seguir instrucciones de dos pasos.
Los juegos que lo trabajan
Las canciones con movimientos —levanta la mano derecha, toca el pie izquierdo— son el mejor material y no cuestan nada. La música obliga a decidir rápido y sin pensar demasiado.
El «Simón dice» con lados incluidos hace lo mismo con más risa. Y el juego de espejo, donde uno imita al otro, mete de golpe la parte difícil.
En el coche funciona señalar por dónde vamos a girar antes de girar, y comprobar. Media docena de curvas y el concepto queda usado de verdad.
De las manos a la hoja
Cuando la propia mano está segura, se pasa al papel: rodear lo que está a la derecha de un dibujo, dibujar en la mitad izquierda, empezar por la izquierda del renglón.
Y de ahí a la cuadrícula, donde las instrucciones combinan los dos ejes: dos casillas a la derecha, tres hacia arriba. Es el paso siguiente y da para años.
El dictado en cuadrícula es la prueba definitiva: si el dibujo sale, las cuatro direcciones están; si sale torcido en un punto concreto, ahí falla una.
Lo que no hay que hacer
No hay que exigirlo rápido. Un niño al que se le pregunta con prisa acierta al azar y no aprende nada.
No hay que introducir la derecha del otro antes de que la propia esté. Es la causa número uno de que se líen los dos conceptos a la vez.
Y no hay que quitar la ayuda demasiado pronto. La pulsera, la pegatina o el gesto de mirarse la mano se caen solos cuando dejan de hacer falta.
A qué edad
A los cuatro años, la propia mano con una marca y usarla en el día a día. Sin exigir.
A los cinco y seis, la hoja de las manos, las órdenes de un lado y los juegos con movimiento. Es la edad de esta ficha.
De siete en adelante, la derecha del otro, la cuadrícula con dos ejes y las instrucciones de dos direcciones seguidas. Y para entonces, ya no hace falta pensar.
Antes y después de esto
El vocabulario del propio cuerpo está en conocer el propio cuerpo, y la prueba de las cuatro direcciones, en el dictado en cuadrícula.
Arriba, abajo y en medio está en arriba, abajo y en medio. Y el plano de tres por tres, en el primer plano de su vida.
Cómo practicarlo jugando
Dictado en cuadrícula pone a prueba las cuatro direcciones a la vez.
Busca la casilla trabaja la posición en una rejilla, y Simetría, el reflejo, que es donde la derecha se convierte en izquierda.
Y para el escalón de antes, cuando la izquierda y la derecha todavía se dicen señalando, está Izquierda y derecha: la voz pide poner la pelota debajo de la mesa o el gato a la derecha de la silla, y el juguete se arrastra con el dedo hasta su sitio.
Qué imprimir
La derecha y la izquierda trae la hoja de las manos para colorear y una escena para decir qué hay a cada lado.
Dictado en cuadrícula fácil es la práctica de las direcciones, y Buscar por coordenadas, el paso siguiente.
Lo esencial
- Hace falta una referencia fija en el propio cuerpo, y con los zurdos se dice al revés.
- El pulgar hacia el lado es lo que permite distinguir las dos manos dibujadas.
- La derecha del que está enfrente llega mucho después: primero la propia, durante meses.
- En una hoja, la derecha es la del que mira, y conviene decirlo.
- Confundirlas a los cinco y seis años es normal; lo que enseña es usarlas a diario.