«Las cuatro y media» y «las 4:30» son la misma hora dicha de dos maneras, y
muchos niños de ocho años manejan una de las dos y se atascan con la otra.
No es raro: en casa todos los relojes son digitales y en el colegio se
enseña el de agujas. Son dos sistemas que casi no se cruzan, y enlazarlos es
un trabajo pequeño que nadie hace. La lectura del reloj de agujas la trabaja
¿Qué hora es?; el enlace hay que
practicarlo aparte.
Dos idiomas para lo mismo
Conviene presentarlo así, como una traducción, porque quita el aire de
regla arbitraria. Las cuatro y cuarto son las 4:15. Las cinco menos veinte son
las 4:40.
La segunda es la que rompe la simetría: en el lenguaje hablado se dice «las
cinco menos», mirando hacia delante, y en el digital se dice «las cuatro y
cuarenta», mirando hacia atrás. Es la misma hora contada desde dos
sitios.
Explicar ese salto explícitamente ahorra bastante confusión. Sin él, un
niño puede pensar que las cinco menos veinte son las 5:40.
El sesenta que descoloca
Todo lo que sabe de números va de diez en diez, y de repente aparece un
sistema que va de sesenta en sesenta. Después del 4:59 viene el 5:00, no el
4:60.
Es la primera vez que se encuentra con una base distinta de diez y
conviene decirlo con naturalidad: la hora se cuenta así porque se decidió hace
muchísimo tiempo, y sesenta es un número que se parte bien —en mitades,
tercios, cuartos y quintos— que es justo lo que hace falta para repartir el
tiempo.
Con eso, «un cuarto de hora son quince minutos» deja de ser un dato suelto
y pasa a tener una razón.
Media hora son treinta minutos y un cuarto de hora son quince. Esas dos
equivalencias son la puerta de entrada al enlace y hay que tenerlas
automáticas.
Se entienden mejor con la esfera delante: media vuelta de la aguja grande y
un cuarto de vuelta. Ahí la fracción se ve dibujada, que es una ventaja que el
digital no tiene.
Y son fracciones de verdad, aunque no se llamen así: la esfera del reloj es
probablemente el primer sitio donde un niño ve un cuarto y una mitad de una
cosa entera.
Contar de cinco en cinco
Es el requisito escondido de todo el sistema. Entre número y número hay
cinco minutos, así que la traducción de la esfera al digital pasa por contar
de cinco en cinco.
Si al leer «la aguja en el 8» no dice cuarenta, el problema no es el reloj:
es que la serie de cinco en cinco no está automatizada. Y eso se arregla en
otro sitio, no insistiendo con relojes.
Cuando sí está, la lectura se vuelve inmediata y el niño empieza a hacerla
sin contar.
Los cuartos y los veintes
«Y cuarto», «y media», «menos cuarto» son las tres formas del habla. Y
además existe «y veinte», «y diez», «menos diez», que son las que aparecen en
la conversación real.
Conviene practicarlas todas, porque un niño que solo maneja los cuartos se
queda sin herramientas la mitad de las veces. Y son las mismas: contar de
cinco en cinco desde el 12, hacia delante o hacia atrás.
Las de «menos» siguen siendo las difíciles, porque van hacia atrás. Un
truco: contar cuánto falta para la hora siguiente en la esfera.
El problema de practicar esto es el de siempre: hacen falta muchas
repeticiones y una lista de veinte horas para traducir es insoportable.
Un bingo donde se cantan las horas en voz alta y hay que encontrarlas
escritas en el cartón resuelve eso. Se pasa de lo que se oye —«las cuatro y
media»— a lo que está escrito —4:30—, que es exactamente la traducción que se
quiere entrenar.
Y como hay que estar atento a todas las horas que se cantan, no solo a las
propias, cada jugador traduce muchas más de las que le tocan.
Cantar con el reloj en la mano
La vuelta de tuerca cuando el bingo normal salga fácil: en vez de decir la
hora, enseñarla en un reloj de agujas de cartón.
Entonces la cadena es más larga: mirar la esfera, leerla, traducirla al
digital y buscarla en el cartón. Es bastante más difícil y es la habilidad
completa.
Se puede hacer con el mismo material, solo cambiando cómo canta quien
canta.
Las horas de verdad
La práctica que más rinde no está en ninguna hoja: preguntar la hora
durante el día, y pedirla de la manera contraria a como está el reloj.
Si el reloj del microondas dice 6:45, preguntar cómo se dice hablando. Si
el de la pared marca las siete menos cuarto, preguntar cómo se escribiría en
el móvil.
Tres veces al día durante dos semanas y el enlace está hecho. Y tiene la
ventaja de que la respuesta importa: de ella depende cuándo se cena o cuándo
empieza la película.
Cuánto falta para
El paso siguiente, y el que de verdad se usa: calcular tiempos. Son las
cinco y veinte y hay que salir a las seis menos cuarto, ¿cuánto queda?
Eso ya es restar en base sesenta y es más difícil de lo que parece. La
esfera ayuda mucho: se cuentan las marcas de una posición a otra en vez de
restar números.
Cuánto tiempo ha pasado
trabaja exactamente eso, y conviene llegar con la lectura de las dos formas
resuelta.
Las veinticuatro horas
Un detalle que confunde y que aparece en los horarios: las 17:00 son las
cinco de la tarde. El reloj de agujas solo tiene doce números, así que el día
da dos vueltas.
La regla es sencilla —a partir del 13 se restan doce— y se entiende bien a
los nueve años. Los horarios de tren y de cine son el sitio natural para
practicarla.
Y trae de vuelta la idea de que el tiempo gira, que es lo que enseña la
esfera y no enseña el digital.
Cuánto por sesión
Una partida de bingo, o seis relojes en papel. Es un tema que se practica
mejor a ratos cortos y muchas veces, como casi todo lo que es traducción
automática.
Y conviene alternar direcciones: unas veces de la esfera al digital y otras
al revés. Hacer solo una deja la mitad del enlace sin hacer.
Dibujar antes de leer
Hay un orden que conviene respetar y que a veces se invierte: primero leer
el reloj, después dibujarlo, y solo entonces traducir entre sistemas.
Dibujar las agujas es más difícil que leerlas —es producir en vez de
reconocer— y está contado en el artículo
sobre dibujar las agujas. Un niño que todavía no sabe colocar la aguja
pequeña a las tres y media tampoco va a traducir con soltura.
Cuando las dos cosas están, la traducción entre el habla y el digital es
casi automática y se instala en un par de semanas.
Cómo practicarlo jugando
¿Qué hora es? lee el reloj de agujas con
la voz diciendo la hora en el lenguaje hablado, que es justo el puente entre
los dos sistemas.
Cuánto tiempo ha pasado
calcula duraciones, y Qué va antes ordena
sucesos en el tiempo, que es la idea de fondo.
Qué imprimir
El Bingo de las horas trae
cartones con las horas escritas y las fichas para quien canta, para tres
jugadores.
Para dibujar y leer relojes, Del reloj de agujas al
digital. Y para empezar, Las horas en punto y
media.
Lo esencial
- En casa se usa el digital y en clase el de agujas. Enlazarlos es un
trabajo pequeño que casi nadie hace.
- «Las cinco menos veinte» mira hacia delante y «las 4:40» hacia atrás.
Explicar ese salto ahorra mucha confusión.
- Sesenta se parte en mitades, tercios, cuartos y quintos, y por eso el
tiempo se cuenta así. Con eso, «un cuarto de hora son quince» tiene
razón.
- Sin contar de cinco en cinco no hay traducción posible. Si falla ahí, el
problema no es el reloj.
- Preguntar la hora tres veces al día pidiéndola de la manera contraria a
como está el reloj: dos semanas y el enlace está hecho.