Un niño que lee bien la hora puede quedarse bloqueado si le pides que
dibuje las agujas para las cuatro y media. No es una contradicción: son dos
tareas distintas y la segunda cuesta bastante más.
Leer es reconocer una imagen y ponerle nombre. Dibujar es producirla desde
cero, y para eso hay que saber dónde va cada aguja y por qué. La lectura la
trabaja ¿Qué hora es?; la producción
necesita papel.
Reconocer y producir
Es una distinción que aparece en todo el aprendizaje y que conviene tener
presente. Reconocer una palabra escrita es más fácil que escribirla.
Reconocer una nota musical es más fácil que tocarla. Y leer un reloj es más
fácil que dibujarlo.
Por eso un niño puede parecer que domina algo cuando solo lo reconoce, y
por eso conviene pedir la versión difícil de vez en cuando: es la que dice si
está entendido.
No significa que reconocer no valga. Significa que es el primer escalón, y
que hay un segundo.
La aguja pequeña casi nunca apunta a un número
Aquí está el error que aparece en el noventa por ciento de las hojas: a
las tres y media, dibujar la aguja pequeña justo en el 3.
La aguja de las horas se mueve continuamente. A las tres y media está a
mitad de camino entre el 3 y el 4, y si estuviera en el 3 clavada serían las
tres en punto.
Es un detalle que casi nadie explica y que cambia la comprensión del
reloj entero, porque lleva a la idea de que las dos agujas se mueven a la
vez, una despacio y otra deprisa. Conviene señalarlo la primera vez que
aparezca y no darlo por sabido.
Las dos velocidades
Un reloj de agujas es un mecanismo con dos velocidades, y esa es la idea de
fondo: mientras la aguja grande da una vuelta entera, la pequeña avanza de un
número al siguiente.
Se puede comprobar con un reloj de verdad, moviendo la aguja grande con el
dedo y viendo que la pequeña se va. Ese medio minuto explica más que
cualquier hoja.
Y explica por qué el reloj de agujas enseña algo que el digital no enseña:
que el tiempo gira, que se repite, y que faltan doce números para volver al
mismo sitio.
Los minutos y la tabla del cinco
El otro apoyo que hace falta es contar de cinco en cinco. Entre número y
número hay cinco minutos, así que quien cuenta de cinco en cinco lee y dibuja
los minutos sin más.
Es una de las pocas veces en que una habilidad de cálculo tiene una
aplicación tan visible, y conviene decirlo en voz alta: «esto que sabes sirve
para el reloj». Está contado también en el
artículo sobre contar a saltos.
Si al dibujar las siete y veinte no sabe dónde va la aguja grande, el
problema casi nunca es el reloj: es que no cuenta de cinco en cinco con
soltura. Ahí es donde hay que volver.
Decir la hora de las dos maneras
Antes de dibujar, que la diga en voz alta con las dos formas: «las cuatro
y cuarto» y «las cuatro quince». Enlazar el lenguaje del reloj de agujas con
el del digital es la mitad del trabajo a esta edad.
Muchos niños manejan una de las dos y se pierden con la otra. Y como en
casa se usa el digital y en el colegio se enseña el de agujas, la desconexión
es bastante común.
Decirlo de las dos maneras cada vez, sin explicar nada más, resuelve el
problema en un par de semanas.
El orden que funciona: primero en punto, después y media, después y
cuarto, y por último menos cuarto.
«Menos cuarto» es la más difícil de todas y merece atención aparte,
porque es la única que se cuenta hacia atrás: las cinco menos cuarto es
antes de las cinco, no después. Muchos niños de siete años dibujan la aguja
pequeña en el 5 y la grande en el 9, y ahí faltan las dos cosas.
Con el reloj de verdad delante se entiende enseguida: se mueve la aguja
hasta las cinco y se retrocede un cuarto de vuelta.
Los minutos sueltos
Cuando las medias y los cuartos salgan, llegan los minutos que no caen en
número redondo: las dos y veinte, las seis y cuarenta.
Ahí ya hace falta contar de cinco en cinco desde el 12, y aparece un
segundo detalle: la aguja pequeña está proporcionalmente avanzada. A las seis
y cuarenta está a dos tercios del camino entre el 6 y el 7.
No hace falta ser preciso. Basta con que quede claro que se ha movido, y
que la dirección sea la correcta.
Un reloj de cartón
El material más útil para todo esto es casero: un círculo de cartulina con
los doce números y dos agujas sujetas con un encuadernador.
Sirve para dibujar sin dibujar: se colocan las agujas, se comprueba, se
mueven. Y sirve para la pregunta inversa —«ponlo a las siete menos cuarto»—
sin gastar una hoja.
Hacerlo juntos es además un buen ejercicio en sí mismo: repartir doce
números por un círculo a distancias iguales no es trivial y da pie a hablar
de cuartos y de mitades.
Cuánto por sesión
Seis relojes por hoja es lo razonable, y no más de una hoja al día. Es un
ejercicio que cansa la mano y la cabeza a la vez, y a partir del octavo
reloj se dibuja sin pensar.
Conviene alternar: una hoja de dibujar y la siguiente de leer. Las dos
direcciones se sostienen mutuamente, y hacer solo una de ellas deja el
aprendizaje cojo.
Y merece la pena aprovechar los relojes de verdad que hay por casa: el del
horno, el del microondas, el de la pared del salón. Preguntar la hora tres
veces al día en un reloj distinto da más práctica que cualquier hoja, y tiene
la ventaja de que la respuesta importa de verdad porque de ella depende
cuándo se cena.
Cómo practicarlo jugando
¿Qué hora es? trabaja la lectura del
reloj de agujas con la voz diciendo la hora, y la aguja pequeña se mueve sola
cuando lo hace la grande, como en un reloj de verdad.
Cuánto tiempo ha pasado
añade la comparación entre dos horas, que es el paso siguiente. Y Medimos trabaja la idea de medir en general, que
es de lo que va un reloj.
Qué imprimir
Del reloj de
agujas al digital tiene dos hojas para dibujar las agujas y dos para leer
la hora, mezclando en punto, medias, cuartos y minutos sueltos.
Antes conviene Aprender
las horas, que empieza por las horas en punto, y Los minutos para la parte de
contar de cinco en cinco.
Lo esencial
- Leer la hora es reconocer; dibujarla es producir. La segunda cuesta más y
es la que dice si está entendido.
- La aguja pequeña casi nunca apunta a un número exacto: a las tres y media
está entre el 3 y el 4.
- Un reloj es un mecanismo de dos velocidades, y eso se ve moviendo la
aguja grande con el dedo.
- Sin contar de cinco en cinco no se pueden colocar los minutos. Si falla
ahí, el problema no es el reloj.
- Decir la hora de las dos maneras —«y cuarto» y «quince»— enlaza el reloj
de agujas con el digital en dos semanas.