Hay un material de matemáticas en casi todas las casas, cuesta cero euros de
preparación y es mejor que casi todo lo que se vende: un puñado de monedas.
Tiene algo que ninguna ficha consigue — el resultado importa de verdad. Si el
cambio está mal, se nota, y a un niño de siete años eso le interesa mucho más
que una hoja bien hecha.
Lo que enseñan las monedas y no enseña casi nada más
Que las cosas valen distinto de lo que ocupan. Una moneda de
dos euros y una de cinco céntimos son casi del mismo tamaño. Es la primera vez
que un niño maneja un valor que no se puede ver ni contar: hay que saberlo.
El sistema decimal, tocándolo. Diez monedas de diez céntimos
son un euro. Cien céntimos son un euro. Es el valor posicional en la mano, y
para muchos niños es donde por fin se entiende — lo que se cuenta en Decenas y unidades.
Que hay muchas maneras de hacer la misma cantidad. Cincuenta
céntimos son una moneda, o dos de veinte y una de diez, o cinco de diez.
Descomponer un número deja de ser un ejercicio y pasa a ser algo que se hace con
las manos.
Comparar de verdad. ¿Llega para esto? Es una comparación con
consecuencias, y es la misma operación que entrena Mayor, menor o igual sin monedas.
Qué toca a cada edad
Cuatro y cinco años. Reconocer las monedas y separarlas por
tipo. Nada de valores todavía: clasificar por tamaño y color ya es bastante, y
es un ejercicio de clasificación de los buenos.
Cinco y seis. Que una moneda vale más que otra aunque sea
más pequeña. Comprar cosas de uno o dos euros con monedas de un euro.
Seis y siete. Juntar monedas para llegar a un precio. Aquí
aparecen los céntimos y conviene ir despacio: primero solo euros enteros.
Siete y ocho. Calcular el cambio. Es el salto grande y tiene
su propio método, que va abajo.
Ocho y nueve. Presupuestos: qué se puede comprar con lo que
hay, y ahorrar para algo que cuesta más de lo que se tiene.
El cambio no se calcula restando
Esta es la parte que más se enseña mal y la que tiene una solución
elegante.
Para saber cuánto devuelven de diez euros al pagar algo de siete con
cuarenta, el método escolar es restar: 10 − 7,40. Con llevadas y con coma, es un
lío.
El método de la tienda de toda la vida va al revés: se cuenta hacia arriba
desde el precio. «Siete cuarenta… y sesenta, ocho. Y dos, diez.» Sesenta
céntimos más dos euros: dos euros con sesenta.
Es más rápido, se hace de cabeza y no necesita ninguna llevada. Y de paso
enseña algo que la resta esconde: que restar es medir la distancia entre dos
números, no quitar.
La paga, que es un ejercicio disfrazado
Merece la pena por lo que enseña, no por lo que cuesta.
Una cantidad pequeña y regular —semanal funciona mejor que mensual a estas
edades, porque un mes es demasiado largo— convierte tres cosas abstractas en
concretas: ahorrar, elegir entre dos cosas y perder una oportunidad por haberse
gastado el dinero antes.
Lo que más rinde es que las decisiones sean suyas de verdad, incluidas las
malas. Un niño que se gasta la paga en una tontería y luego no llega a lo que
quería ha aprendido más en esa semana que en diez conversaciones.
Y conviene un bote transparente y no una hucha cerrada: ver crecer el montón
es lo que hace que ahorrar tenga sentido a los siete años.
Los céntimos, que llegan tarde
Conviene retrasarlos más de lo que parece, y por un motivo concreto: los
céntimos son decimales, y los decimales son de tercero o cuarto.
Un niño de siete años puede manejar «tres euros y cincuenta céntimos» como si
fueran dos cantidades separadas, y eso funciona perfectamente. Lo que no puede
todavía es entender que 3,50 es un número.
Así que: primero euros enteros durante bastante tiempo. Después, céntimos
sueltos —«esto cuesta ochenta céntimos»—. Y solo al final los dos juntos con la
coma en medio.
El precio por unidad, que aparece en el súper
A partir de los ocho años hay un ejercicio buenísimo y gratis: comparar dos
paquetes del mismo producto.
Seis yogures por dos euros o cuatro por uno cincuenta. ¿Cuál sale mejor? Es
una división disfrazada de decisión real, y además enseña algo que después vale
para toda la vida.
No hace falta hacerlo con calculadora ni buscar el precio exacto: basta con
razonarlo. «Si cuatro cuestan uno cincuenta, ocho costarían tres, y seis cuestan
dos… entonces el de seis sale mejor.»
Errores que aparecen y qué significan
Prefiere tres monedas de diez céntimos a una de dos euros.
Normal hasta los seis: cuenta cantidad de monedas, no valor. Se corrige
comprando cosas, no explicando.
Suma céntimos con euros. «Dos euros y treinta céntimos son
treinta y dos.» Falta la idea de que son dos unidades distintas — el mismo lío
que decenas y unidades, un piso más arriba.
Sabe el precio y no sabe si le llega. Es comparación, no
cálculo, y se trabaja con la pregunta directa: «¿tienes bastante?».
Jugar a la tienda, que sigue siendo lo mejor
Montar una tienda en el salón con cosas de casa y precios escritos en
papelitos es, con diferencia, el mejor ejercicio de dinero que existe a estas
edades. Y no hace falta comprar nada.
Lo importante es repartir los dos papeles y cambiarlos. De cliente se
practica juntar monedas y comprobar si llega; de tendero se practica calcular el
cambio, que es bastante más difícil y por eso conviene que le toque también.
Los precios se escriben con número y con símbolo —«3 €»— porque leer el
precio es parte del ejercicio. Y conviene que los haya de una y de dos cifras
para que haya que comparar.
Un detalle que lo mejora mucho: dar poco dinero. Con veinte euros de juguete
todo se puede comprar y no hay nada que decidir; con cinco, hay que elegir, y ahí
empieza lo interesante.
Cómo practicarlo jugando
La tienda es el más directo: juntar monedas
para pagar un precio, que es lo primero que hay que saber hacer.
Mayor, menor o igual entrena la
comparación sin monedas, y Sumar jugando
automatiza el cálculo, que es lo que permite hacer las cuentas en la caja sin
papel.
Cinco minutos. Y monedas de verdad encima de la mesa, que valen más que las
tres cosas juntas — sobre eso hay más en Enseñar el dinero con euros.
Qué imprimir
Problemas de dinero
tiene una hoja de euros enteros y otra de céntimos, separadas a propósito por lo
que se explica arriba. Comprar, pagar, calcular el cambio y ahorrar.
Para lo de debajo, Sumas hasta
100 y Restas hasta 100,
que es el cálculo que hace falta para manejar precios.
Y Problemas con tabla de
datos, donde la primera hoja es directamente una lista de precios: hay que
ir a buscar el dato antes de operar, como en una tienda.
Lo esencial
Las monedas enseñan lo que ninguna ficha consigue: que el valor no se ve, que
la misma cantidad se hace de muchas maneras, y el sistema decimal tocándolo. El
cambio no se calcula restando sino contando hacia arriba desde el precio, que es
más rápido y enseña que restar es medir una distancia. Los céntimos conviene
retrasarlos, porque son decimales y eso llega mucho después. Y la paga, pequeña
y semanal, enseña a elegir y a perder oportunidades — sobre todo si las
decisiones malas también son suyas.